Visitas

lunes, 15 de julio de 2013

Pregón a la Virgen de las Nieves, Patrona de Dílar


Partía don Martín de Mérida
con paso firme a Granada
y en ciernes Martín de Soto
abriendo la expuesta marcha
desde los altos de Válor
hacia la Sierra Nevada.

Parecía agosto propicio
propiciando unas jornadas
que se antojaban tranquilas
hacia el trono de la Alhambra
y quiso el Beneficiado
cura de aquella Alpujarra
convencerse del estío
para el viaje y la marcha.


El año es mil setecientos
diecisiete, fecha exacta.
El lugar las altas cumbres
y el escenario, embarga.

Una traílla de mulas
un sacerdote y dos cántaras
las alforjas de un criado
y la fe por esperanza
y un camino complicado
por delante. ¡Ahí es nada!

Los dos Martín van y vienen
en las acémilas pardas
contando el tiempo que llevan
y los días que les faltan
para distinguir las piedras
de la ciudad de Granada
saliendo de los peligros
y las ciertas amenazas
a pesar de ser agosto
que tiene la alta montaña.

Los ariscos animales
soplan de miedo, se paran,
se cuidan de pasos falsos
en zonas intransitadas
mientras la nieve salpica
con su manto la algarada
de las cumbres más solemnes
que continúan nevadas.

Asusta el desfiladero
que es en Válor balconada,
y en la Fuente del Espino
el monte es una navaja
que se hunde en el granito
de las piedras milenarias.
El buen cura y su criado
hacen noche. Se preparan
campo abierto ante la luna.

Un vendaval atenaza
los sorprende, los asusta,
los coge desprevenidos
y con copos los apuntan
y nuestros hombres ya creen
que Veleta será tumba.

Martín de Mérida cae
en oraciones nevadas.
Su criado lo flanquea
y musita mil plegarias.
La nieve arrecia y el frío
congela sayos y capas.
La muerte ronda en espasmos.

¡Pero surge la esperanza!
y nuestros hombres invocan
a la que nunca nos falla
y diciendo avemarías
la fe calienta sus almas
mientras cesa el temporal
y se va haciendo la calma.

Alguien en la Carihuela
brilla entre celeste y plata.

Una mujer del Collado
del Veleta los aguarda.

Es María, ¡ya no hay duda!
la que en la nieve reinara,
la que amainó el temporal,
María quién los salvara
y sacerdote y criado
piedra a piedra, le levantan
aquella primera ermita
y primera de sus casas.

Fue María hace tres siglos
la que con Cristo en volandas
porque nunca nadie ha visto
que de nadie se olvidara
fue quién detuvo las nieves
y gobernó las nevadas
y coronó con su gloria
a los picos de Granada
como cada día hace
en su feudo y en su casa.


Que nadie jamás ha dicho
que Nieves le abandonara
ni Dílar puede decir
que su consuelo le falta,
ni le falta su amorío,
ni le sobra ni le basta
su candor y su hermosura
su gloria, su porte y su gracia
ni Dílar ya desde entonces
ni le falta ni le falla
que es tanto el amor filial
que el pueblo manifestara
de María al dilareño
que desde entonces la llama
Excelsa Madre, Patrona
valedora y gobernanta
y Reina de devociones
milagrera y abogada
y la Reina de las Nieves
y de Dïlar Soberana.




Roma y el Monte Esquilino
París ofrece y conviene
Sevilla, Madrid, Granada...
pero ninguna te tiene.

Y aunque en la corte renueven
los tapices gibelinos
y la Puerta de Alcalá
con su porte nos conmueve

y aunque Barcelona llene
de modernismos sus calles,
alguna ciudad no tiene
lo que tú en tus Altares.

Tiembla el museo vienés
y en desazón se descubre
y palidece y se aburre
el tardogótico inglés.

Gimotea la imponente
molicie del Escorial
porque sabe sin igual
tanta gracia recurrente.

Y los umbríos neveros
ven en agosto fundir
su manto sin porvenir
sin poder quedar enteros

que Tú si sigues igual
tan humana y celestial
como te nombra tu pueblo.

Ni el pincel de Alonso Cano
ni el cincel del escultor
imitan todo el fulgor
de tu venero mariano.

el Arte, historia y tesoro
que va engrandeciendo a Dílar

por Nieves yo ya lo nombro.

No hay comentarios: