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lunes, 8 de julio de 2013

La venganza del arte

"Judith y la sirvienta". Artemisia Gentileschi, 1613.

Antes de entrar en la licenciatura de Historia del Arte, siempre me había preguntado por qué los grandes nombres del arte eran todos masculinos, si acaso no era mejor acabar antes diciendo que desconocía una sola mujer que hubiera firmado las obras capitales del arte, alguna de esas piezas por la que una casa de subastas sale en los informativos, los principales Museos del Mundo se relamen y los amantes del turismo cultural nos recorremos medio continente, o entero. Pero para mi sorpresa, la paciencia y los años de carrera me dejaron un nombre con menos repercusión del que tuvo y tiene obligatoriamente que reconocérsele y que sin duda supone una verdadera creadora, una genio sin igual por sus méritos artísticos a los que hay que sumar su azarosa vida, que perfectamente pudo haber guionizado un venezolano de telenovelas. Ella es Artemisia Gentileschi (1593-1654).

"El nacimiento de San Juan Bautista". Artemisia Gentileschi,  h 1614

La famosa saga de pintores y maestros romanos, los Carraci, la envidiaron. Poseía un dibujo sorprendente. Limpio, correcto y efectivo. Hace piezas que han sido confundidas con los trabajos de Caravaggio y sus cuadros, todos, tienen una fuerza dramática, esconden algo detrás, como si el asunto que quiere representar fuera menos importante que algún suceso que le había ocurrido a alguno de esos personajes. Lo que en verdad sucedía es que Artemisia era la pintora de calle y la mujer atormentada de puertas para adentro. Porque en 1612 ocurrirá algo que marca su vida. Ya nada es igual a raíz de lo sucedido en la propia casa de su padre.

"María Magdalena". Artemisia Gentileschi, 1615

Artemisia era mujer, eso lo dejaba bien claro su físico, su talle, sus ropas, sus ademanes y la manera en la que pintaba. La Academia de Roma era un invento de Agustín, Aníbal y Francisco Carraci que pretendían crear la primera “universidad” artística capaz de sacar alumnos con las herramientas y el aprendizaje suficiente como para que desde entonces, el arte fuera considerado mucho más que una labor mecánica, pasando a tener la categoría y consideración social de ciencia. Pero a Artemisia, no le dejaron formar parte de aquel proyecto soberbio que fue la cátedra de los artistas aludiendo una excusa que hoy repugna a cualquiera: era mujer.

"Competición de cucaña en el Capitolio". Agustín Tassi, 1630.

Su padre, un pintor discreto que le enseñó lo rudimentario y básico decidió que la joven tenía sobradas cualidades como para dedicarse a la pintura y ya que él ni podía no estaba capacitado para continuar su formación, le puso un preceptor, un pintor especializado en el paisaje que fue el maestro de Claudio Lorena y que respondía al nombre de Agustín Tassi (1566-1644). Era 27 años mayor que la joven Artemisia que aquel 1612, tenía unos tiernos 19 años frente a los 46 de su maestro Agustín.

Palacio Pallavicini.

Las clases sucedían en la casa familiar. Desconocemos si había hermanos, madre u otro familiar aunque todo parece indicar que Artemisia tenía tan sólo a su padre, su padre, Horacio, a ella y se tenían el uno al otro. En esos días Horacio Gentileschi había recibido el encargo de terminar la decoración de los techos del Palacio Palavicini de Roma, la espectacular casa de la familia Borguese en el Quirinal, un Museo que retiraba pronto al padre rumbo a su trabajo, justo cuando Agustín Tassi llegaba para darle clases de pintura a la jovencita. Una, bella, el otro, irrespetuoso y algo enfermo; estaba cantado lo que tenía que suceder: Artemisia erra violada por su maestro, que se retiraba sin explicaciones para vergüenza del padre, dolor y llanto de ella y escándalo de los vecinos. El padre de Artemisia buscaba una reparación que encontró pronto. El infame maestro se ofrecía a casarse con la jovencita y arreglar el problema, manifestando su pesar por haber cometido lo que él decía, era un desliz que estaba dispuesto a solventar. Allí todo el Mundo creyó que el pervertido y delincuente maestro tenía amor (porque deseos sexuales estaba claro que también) de veras y se iba a casar con la mocita. Un matrimonio de artistas... Hasta Artemisia, imaginamos que todavía doliéndose y humillada, pareció entender que ésta era la mejor solución.

"Betsabé en el baño". Artemisia Gentileschi.

Pasaron unos días, unas semanas. Ni Agustín Tassi daba señales de vida ni había forma de encontrarlo. Y el buen padre perdió la paciencia, lo denunció nada menos que ante el tribunal papal y la guardia suiza dio con él, conduciéndole hasta el juicio que sería el mazazo de la pintora, de la familia y de la dignidad: Agustín renegaba de su promesa, ya estaba casado y además lo que verdaderamente quería era asesinar a su esposa. Para colmo, al abogado de la defensa se le complicaba el asunto. A la denuncia de los Gentileschi se les unía otras: a hermana de su mujer también fue forzada y violada, el delito de incesto con su cuñada planeaba casi al tiempo que la confesión que él mismo había hecho: había aceptado en trabajo de profesor porque pretendía robar ciertas pinturas de Horacio Gentileschi y luego se quedó tras haber visto a Artemisia.

Tortura a una mujer durante un juicio

Del proceso que siguió se conserva documentación exhaustiva, que impresiona por la crudeza del relato de Artemisia y por los métodos inquisitoriales del tribunal. Artemisia fue sometida a un humillante examen ginecológico y torturada usando un instrumento que apretaba progresivamente cuerdas en torno a los dedos — una tortura particularmente cruel para un pintor. De esta manera se pretendía verificar la veracidad de sus acusaciones, pues se creía que si una persona dice lo mismo bajo tortura que sin ella, la historia debe ser cierta. Tassi fue condenado a un año de prisión y al exilio de los Estados Pontificios.


Escena de violación: 
"El rapto de la negra". Cristian van Couwenbergh, 1632. 

Artemisia fue sometida a un vergonzoso examen ginecológico, torturada y humillada. Un extracto de su declaración nos contaba lo que pasó aquel día, crudo, doloroso y vergonzoso: “Cerró la habitación con llave y una vez cerrada me lanzó sobre un lado de la cama dándome con una mano en el pecho, me metió una rodilla entre los muslos para que no pudiera cerrarlos, y alzándome las ropas, que le costó mucho hacerlo, me metió una mano con un pañuelo en la garganta y boca para que no pudiera gritar y habiendo hecho esto metió las dos rodillas entre mis piernas y apuntando con su miembro a mi naturaleza comenzó a empujar y lo metió dentro. Y le arañé la cara y le tiré de los pelos y antes de que pusiera dentro de mí el miembro, se lo agarré y le arranqué un trozo de carne”.

"Autorretrato como una mártir". Artemisia Gentileschi, 1615.

Todo había acabado; Artemisia, ya era oficialmente una mujer vejada sin una justicia capaz más que de condenar al agresor a que se fuera de Roma un año y dejando destrozada la vida de una artista tan prometedora y tan capaz, de por vida. La venganza a veces puede ser intelectual, quizás las mejores. Es cierto que durante el resto de su vida, Agustín Tassi no recibió el castigo merecido, pero la historia lo ha puesto en su sitio, condenándolo al punto de depreciar su obra mientras que la de Artemisia gana enteros. Hoy, hace 420 años que nació nuestra protagonista y este texto, esta entrada, no es más que un homenaje y una manera de hacer justicia. Como ella misma hizo.

"Judith y Holofernes". Artemisia Gentileschi, 1615.

Fue en 1614. Había terminado el proceso, la condena tan leve, la humillación permanente... Y Artemisa se recluyó en la casa paterna para pintar un cuadro que mostrara sus verdaderos sentimientos, el de la foto de arriba. A priori, el tema de “Judith y Holofernes” no era nuevo, un tema bíblico en donde la mujer seduce al hombre y lo asesina. Lo curioso es que ella es Judith asesinado a un Holofernes que se trata de Agustín Tassi. Pero lo que en aquel momento no fue descubierto es por qué la figura femenina sonríe de puro placer. ¡Ustedes sí lo entienden! Además, se gira mucho, alejándose sospechosamente del cuero que está asesinando. Y es que Artemisia tenía amistad con Galileo Galilei y conocía los estudios que había publicado sobre balística y trayectorias. Y de ese manual, consiguió reproducir la trayectoria de la sangre que brotaba del cuello del asesinado. Y ella, lo que hacía realmente, era apartarse de ese chorro potente, posiblemente emanado de la carótida, con el simple fin de no mancharse el vestido con la repugnante sangre de alguien como Tassi.

"Alegoría de la pintura". Autorretrato de Artemisia Gentileschi, 1638

La obra recibió el aplauso de todo el que la vio, superó al cuadro del mismo tema nada menos que de Caravaggio y sirvió para relanzarla. Estuvo pintando al servicio de Felipe IV y el Museo del Prado conserva obras suyas. Se casó, fue cinco veces madre, fue una de los primeros pintores barrocos, de los más completos de su generación, imponiéndose por su arte en una época en la que las mujeres pintoras no eran aceptadas fácilmente y murió a los 61 años. Un genio que demuestra que la sociedad había dado de lado a la mujer; de no haber sido esa la mentalidad hasta hoy, el arte hubiera ganado enteros. Pero por desgracia, eso ya no lo sabremos nunca. 

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