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jueves, 11 de julio de 2013

La Biblia en verso

Retrato de Carulla por el granadino Gabriel Morcillo (1907)

José María Carulla nació en el pueblo barcelonés de Igualada en 1839 pero pasó la mayor parte de su vida en Granada. Se había licenciado en Teología y se ganaba la vida como abogado, profesión que ejercía colegiado en Granada desde 1870. Pero su verdadera pasión era la poesía. Eso sí, hay quiénes nacen dotados por la naturaleza y quiénes simplemente, se empeñan en hacer cosas que se les escapa de las manos; y el insigne Carulla era de todo menos poeta y desde luego, lo que no sabía era escoger los temas. Debía ser 1870 y a Roma, llegan oídos de un proyecto fabuloso y sorprendente que está haciendo un español. Pretende, nada menos que escribir la Biblia pero en verso. A nadie se le escapa que si hay un escrito largo, complicado, farragoso y que requiere de mucha atención, conocimientos de historia y algo de geografía, es la Biblia. Porque está claro que la fe, se presupone...

Allí que se empecinó Carulla en ir juntando versos que fueran, poco a poco, “transcribiendo a la poesía” los libros del Antiguo Testamento, los Evangelios, los hechos de los Apóstoles, la historia del pueblo judío y el libro sagrado de los cristianos en rimas españolas. Cogió la Biblia por el inicio y leyó las primeras palabras, correspondientes al Génesis:

Al principio creó Dios los cielos y la tierra. La Tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la haz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas. Dijo Dios: Haya luz...

Bien, pues ahí que empezó nuestro vecino a escribir, poniendo en las cuartillas esto mismo, pero en la estrofa que sigue:

"Cuando nada existía
el cielo Dios crió como la tierra
que hallaba vacía,
de todo cuanto encierra,
en oscuridad hórrida, que aterra.
Sobre las aguas iba
del Señor el espíritu eminente,
así diciendo arriba: / 'Luz haya'; de repente
hecha la luz quedando sorprendente".

¡Casi nada! Y lo peor es que todavía le quedaban 1642 páginas más (la Biblia Colunga de mi casa, por ejemplo). La tarea iba a ser difícil, el trabajo muchísimo, la cabeza estallaría en rimas y el resultado, se intuía. Cuando habían pasado unos siete años, se decidió a que el mismísimo Papa (entonces Pío IX), conociera su obra. Y se presentó en Roma con 25 kilos de papel, llevado en una carretilla, que consiguió el propósito: una audiencia con el Papa que no salía de su asombro, mientras los cardenales que lo escoltaban en el solio pontificio, le pellizcaban para que en efecto se diera cuenta que no estaba soñando.

José María Carulla le pidió a Pío IX que sufragara la publicación de su obra. El Papa, diplomática y educadamente lo despidió sin soltar una lira, pero distinguiéndolo con la Cruz del Mérito. ¡Para qué cometió tal fallo el bueno de SU Santidad! Aquello a Carulla le valió por todos los millones de pesetas del Banco de España y siguió escribiendo, verso a verso, igual de pesado, igual de cansino, hasta que se juntó con 73 tomos de Biblia.

En 1919 tenía 80 años y el Señor se cansó de inspirarlo (la mayor parte lo pillaba dormido) y decidió que era hora de que descansara. Moría nuestro poeta sagrado habiendo terminado 4 de los 62 libros de la Biblia, que en su testamento, dejaba a la Abadía del Sacromonte, donde todavía hoy se conservan. Aquel proyecto quijotesco, disparatado, sin atractivo ninguno y que no entusiasmó ni al mismo Papa, fue durante años, objeto de la burla de los periódicos, de risas por parte de los poetas y del cachondeo de la gente.

Y fue en Granada. No tenemos la gracia y el desparpajo de los andaluces pero nuestro humor negro, que hemos bautizado como malafollá, hizo el resto. Fue en Granada donde nació la expresión que explica aquello que es pesado, demasiado extenso, que dura más de la cuenta o simplemente, es inaguantable.


Sí, sí, en Granada. Por eso, cuando algo alguien cansa, se dice que es la Biblia en verso. 

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