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sábado, 6 de julio de 2013

El Terremoto de Atarfe


En 1482, toda vez que la Reina Isabel había pacificado el revuelto y convulso reino que hereda de su hermanastro, sumido en una crisis social sin precedentes, se lanza al más utópico y anhelado de los proyectos que los cristianos de la Península habían venido soñando en los últimos siglos: la reconquista de todo el territorio ibérico, la victoria sobre el Islam y la unificación bajo una misma corona, de los pueblos y reinos de la vieja Hispania. Esa utopía terminó convirtiéndose en realidad, naciendo desde la fecha de su consecución el Primer Estado Moderno del Mundo: España. Pero lo que fue una realidad para la corona que ostentaron los Reyes Católicos, fue sólo un deseo de los reyes aragoneses, leoneses, navarros y castellanos. Lo cierto es que no faltaron intentos (con o sin buen fin) a lo largo de la Edad Media, y el penúltimo y que quizás estuvo más cerca de conseguirlo, sucedería en 1431.

"Fresco de la batalla de la Higueruela". Sala de batallas del Monasterio del Escorial.
Frabizio Castello, 1587

En los actuales términos municipales de Atarfe, Peligros, Albolote y Pinos Puente, tenía lugar una de las batallas más históricas y trascendentales, la de la Higueruela, porque sólo una higuera quedó en pie tras la campaña bélica que enfrentó a cristianos y musulmanes, con una aplastante victoria de los primeros que con 80.000 hombres, dieron muerte a 12.000 soldados musulmanes y dejaron a tiro de piedra la posibilidad de reconquistar el Reino de Granada. 

Normalmente hemos venido a creer que las disputas entre los nobles castellanos y la crisis que con el Reinado de Juan II asoló Castilla, estuvo detrás del recelo de los cristianos a continuar hacia una capital que debía estar anímica y potencialmente destrozada. Pero lo cierto es que un fenómeno natural sin parangón tuvo mucho que ver en la retirada de las tropas castellanas y a su vez, en el asolamiento del territorio granadino. Tal día como hoy, de hace 582 años, tenía lugar un terremoto que cambió la historia y retrasó la caída del último reducto musulmán en Europa nada menos que por espacio de 60 años: El terremoto de Atarfe.

Las tropas de Juan II se encontraban a las puertas de la ciudad, después de haber vencido a los musulmanes en la batalla de Higueruela y estar estos a punto de la rendición, cuando un movimiento de tierras azotó el territorio, y las tropas cristianas huyeron de la ciudad. Antes de iniciar la marcha y de conseguir la victoria a las faldas de Sierra Elvira aquel 1 de julio de 1431, el ejército castellano partía de la actual Castilla-La Mancha dejando atrás un movimiento sísmico que fue interpretado como que Dios no bendecía la campaña, pero las tropas continuaron su camino y días después, aquella aplastante victoria basada en la eficacia de la caballería castellana y en la táctica desplegada por el lugarteniente real Álvaro de Luna, disipó cualquier temor de la soldadesca e infundió ánimos renovados. Días después, los castellanos oteaban las imponentes defensas de la ciudad de Granada acariciando sobradamente la victoria. ¡La toma de la prodigiosa capital del reino de los nazaríes se aventuraba hecha! Fue en este día que se produjera uno de los terremotos más fuertes que las crónicas históricas (y hoy día los institutos sismológicos) puedan recordar, provocando una estampida entre el ejército castellano y el terror y la destrucción en la población musulmana de Granada. Desde siempre, se había supuesto que la retirada cristiana de las mismas puertas defendidas de la ciudad de la Alhambra se había debido al imponente pago económico que el sultán Yusuf IV satisfizo, comprando la voluntad de Juan II, padre de Isabel la Católica. Pero tanto la historia como los estudios científicos nos revelan algo mucho más terrible y más creíble: un terremoto asolador ahuyentó cualquier agresión bélica de los castellanos. 

Restos del lugar donde estuvo el Palacio de los Alixares, en las zonas del actual Cementerio

El movimiento sísmico provocó la destrucción de gran parte de la ciudad, derrumbando construcciones como el Palacio de los Alijares (que se ubicaba en el lugar en el que se encuentra actualmente el cementerio de Granada) y las murallas de la ciudad, a la vez que afectaba también a los Palacios de La Alhambra. La ciudad de Vera, en Almería, entonces bajo el dominio musulmán, cambió de ubicación toda vez que el terremoto la asoló por completo, corriendo Baza (Granada) suertes parecidas. Sigue sorprendiendo que un terremoto tan fuerte afectara relativamente poco a la Alhambra; su explicación reside en la fortaleza estructural de la colina donde se alzan los palacios reales, tanto que el Instituto Geográfico Nacional, ha valorado el seísmo en una intensidad de VIII-IX, incluso X. Si nos remontamos a fechas más recientes, el terremoto de Arenas del Rey (1884) que tanto se recuerda y que causó estragos por toda la provincia, los límites de ésta y que asoló pueblos enteros y supuso una conmoción en la España de su época, fue de una intensidad IV-V.

Los Reyes Católicos fueron testigos de los desperfectos que este terremoto causó en la Alhambra. El sultanato granadino no pudo repararlos para cuando 61 años después, perdieron el trono. Se sabe que los monarcas ordenaron reparaciones que justifican el tan manido discurso de la “cristianización de la Alhambra”. Esto, desbarata los tópicos y mentiras sobre la falta de respeto que los cristianos tuvieron para con la residencia real nazarí, sin duda un capricho arquitectónico que subyugó a los Reyes Católicos y andando el tiempo, a su nieto el Emperador Carlos.

EL Palacio de los Infantes a finales del siglo XIX

Pero el terremoto tuvo más consecuencias: afectó al Palacio de los Infantes, hasta el punto que sus columnas y zócalos de azulejería fueron saqueados al hallarse en mal estado cuando no derruidos. Otra obra que sufrió el temblor fue el acueducto que llevaba el agua del río Aguas Blancas a la parte alta de la medina alhambreña; como consecuencia, sucumbieron los jardines del entorno.

Como conclusión, el terremoto del que hoy se cumplen 582 años dejó al descubierto la debilidad del ejército musulmán, la dificultad de defensa de un reino ya asfixiado por los cristianos, retrasó la reconquista en 61 años, dejó demostrada la fortaleza de la Alhambra, que aunque pudiera parecer que su fragilidad, cargada de yesos y azulejos es enorme, también arroja el dato de su estudiada estructura y fortaleza y demostró que en esta tierra, los terremotos son un peligro escondido capaz de modificar hasta la misma historia. Porque no nos cuesta mucho pensar lo distinta que sería hoy Granada de haber caído en 1431 y no en 1492... Para empezar, ¿hubiera gozado de los privilegios que le concedieron los Reyes Católicos? No, no corramos tanto: ¿la unificación cristiana de la Península no hubiera enaltecido a Juan II y tal vez borrado la figura de su hija Isabel y con ello el matrimonio con Fernando de Aragón? ¿Sería Granada hoy una ciudad sin tanto esplendor pero con más arte gótico en sus calles? ¿Y qué hubiera supuesto para España? 


Alegoría de España de Mariano Salvador de Maella (1799)

Las hipótesis son ya fruto de la imaginación novelesca. La realidad es que nada hubiera sido igual, si no dice de temblar con tanta furia, un día como hoy, hace 581 años. 

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