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martes, 30 de julio de 2013

El peor cine de la historia

Ed Wood rodando "The love feast" (1969)

Dicen que todos los artistas, los que se escriben con mayúscula, es decir, los auténticamente demoledores y dotados de una capacidad creativa fuera de lo normal, demuestran extrañezas y rarezas dignas de llevar a la historia. Luego, están aquellos que nunca hicieron nada importante y cuya huella estética o creativa jamás merecería un solo comentario en los libros del arte (el primero, el tercero o el séptimo) pero que para ser fieles al tópico de las peculiaridades de los auténticos artistas, conservan intactas las patologías más divertidas o especiales. Al fin, hay un tercer grupo: los que son raros y sus obras, más aún. A este poco honroso club, perteneció Ed Wood, director, productor, guionista, editor y actor de cine, que a su muerte, la crítica, la prensa y la Academia del Cine lo consideró EL PEOR DIRECTOR DE TODOS LOS TIEMPOS.

Debajo de su uniforme, llevaba lencería femenina, muy apropiada para matar nazis.

Ed Wood era un apasionado del cine, con una afición insana que le hacía devorar películas de dos géneros en especial: las de terror y las del Oeste. Poco le importaban las tragicomedias de Charles Chaplin, los balbuceos del cine negro con Orson Welles a la cabeza, las irrepetibles actuaciones de Humphrey Bogart, las hilarantes acciones de los hermanos Marx o las estrellas incombustibles tipo Garbo, Hepburn, o la gran Rita Hayworth. ¡No! A él le interesaba el ambiente del cine expresionista y la dureza, la ruda actitud de los vaqueros legendarios. ¡Sospechoso!

Ed Wood dirigiendo una de sus películas con un jersey de angora teñido en rosa

Fue llamado a filas y combatió en la Segunda Guerra Mundial. Pero lo hizo de una manera muy particular, que ya reflejaba algo de su caótico universo, que ya dejaba patente filias y fobias de difícil catalogación. Entró en servicio con su uniforme del ejército de los Estados Unidos, claro. ¡PERO DEBAJO DE ÉL LLEVABA ROPA INTERIOR FEMENINA! Y el resto de su vida, fue un enamorado de las prendas de mujer, aunque gustara de ellas y mantuviera relaciones heterosexuales. Prefirió por encima de cualquier otra, la angora, la lana turca tan brillante y suave. De hecho, a su novia, solía hurtarle una pequeña rebeca que usó incluso para dirigir y con la que se sentía cómodo y seguro. Lo que no queda claro es si se trataba de un fetiche o simplemente, una extravagancia, porque nadie entendería jamás a Clint Eastwood rodando con braguitas de mujer. Ed Wood sí lo hizo.


Al final de sus días, Bela Lugosi estaba tan trastronado que pidió enterrarse como su personaje DRÁCULA

Dicen que los amigos de cada se escogen por parecidos, porque lo que se comparte une y define. Pues el círculo “artístico” de Ed Wood fue precisamente muy parecido a él, un conjunto de particulares actores, productores y responsables artísticos que provocaban más risa que arte. Desde 1948 llevaba años intentando que alguien financiara sus proyectos cinematográficos hasta que consiguió uno de sus sueños adolescentes: conocer a Bela Lugosi, el que había sido uno de los más grandes iconos del cine de terror y que llevaba años olvidado por la industria, avejentado, arruinado y enganchado a la heroína. Pero para Ed Wood, el más grande de cuántos actores había encarnado a Drácula, seguía siendo un ídolo con nombre y apellidos. Desde ese día, no hizo otra cosa más que escribir un papel para el regreso a la pantalla de Bela Lugosi estando él mismo tras la cámara. 

Su ópera prima fue “Glen o Glenda”, un largometraje con bastante de autorretrato y cutre como pocos. Aún muchos se fascinan que en 1953 se atreviera a abordar el tema del travestismo pero quizás, lo valiente no fue el argumento, sino confiar en un equipo técnico novel e inexperto que estaba conformado por un productor y a veces actor, al que le daban accesos nerviosos. Terminó operándose para ser mujer. Rodaba en la calle sin el permiso pertinente y Wood y su equipo fueron detenidos por la policía, sin contar con que en otras dos ocasiones tuvieron que huir de la policía como vulgares delincuentes.

Tor Johnson demostrando "sus cualidades" interpretativas

Tras esta “presentación” al mundo del séptimo arte, consiguió su acariciado sueño de hacer regresar a Bela Lugosi a la gran pantalla. “La novia del monstruo” satisfacía los deseos de Ed Wood de rendir homenaje al género del cine que más le apasionaba y a su personaje fetiche. La novia, sería su propia pareja, a la que deja en la estacada a última hora para incluir en el reparto como protagonista a una joven que probaba suerte en Los Ángeles y a la que creía con suficiente dinero para costear el rodaje. ¡No fue así! Además, uno de los que se convertirá en su personaje estrella, será el secundario Tor Johnson, un sueco imponente, una mole calva y antiestética que se dedicaba a la lucha libre con el componente teatral que llegó a España en la década de los 90 del pasado siglo: Pressing Catch. Al pobre de Tor Johnson, que siguió siendo un secundario de serie b, le llovieron todo tipo de críticas. El New York Times lo ridiculizó y la única notoriedad importante de su vida, fue haberse convertido en la máscara más vendida de la Fiesta de Halloween de 1968. Eso sí, sus 136 kilos lo convertían en una persona bonachona, amable y cariñosa, que fuera de la cámara le hizo recibir el mote del “gran pan de azúcar”.


Poco después le llegaba su gran éxito. O eso creía él. “Plan 9 del espacio exterior” también iba a llevar a Bela Lugosi como protagonista, pero murió. Así que un quiropráctico que conocieron en bar de Los Ángeles y con el que guardaba un remoto, lejano y arrebolado parecido, hizo de Lugosi. Para colmo, la financiación partió de una Iglesia Batista a la que pudo engañar Ed Wood. Los pastores protestantes querían rodar la vida de los doce apóstoles sin escatimar en el coste, aún a sabiendas que realizar 12 películas, una por discípulo, no sería barato. Ed Wood les propuso que financiaran una maravilla, una genialidad, una creación fuera de serie que sería su película y que con los importantes beneficios que obtendrían, costearían sin problema alguno las doce películas religiosas. Los batistas, confiados y educados, financiaron el largometraje que fue, como era de esperar, un horror. 

Una de las exigencias de los batistas es que el héroe de la película fuera el director del coro de la Iglesia. Bajo estas premisas, el resto estaba claro cómo saldría. Tenía numerosos errores de continuidad, los peores efectos especiales jamás vistos, la iluminación era totalmente artificial, se notaban los hilos que sujetan los platillos voladores y los mandos de los aviones eran de cartón. En diversas tomas, los personajes entraban en escena de día y al plano siguiente ya era de noche, sin conservar el orden narrativo.  Como Lugosi estaba muerto, Ed Wood aprovecha los tres minutos de grabaciones inéditas de Bela y las incluye en la película. El resto de su aparición lo hará mediante ese doble que era quiropráctico; pero para que nadie notara que en realidad no era Bela, lo obligó a taparse con una capa durante toda la película.

En la obra además, aparecía la famosa Maila Nurmi, una exuberante finlandesa que trabajaba para la principal televisión de California presentando “El Show de Vampira”. Era un programa  de películas de terror y ambientes misteriosos que durante dos años fue uno de los más vistos de la televisión. Ella era una vampira tetona y sensual que cautivó a Ed Wood. Pero la actriz se negó en rotundo a participar del cine de Wood por más propuestas que este le hiciera. Hasta que tras la cancelación del programa y la dificultad para abrirse hueco en la pantalla, aceptó formar parte del estrambótico rodaje de Plan 9 del espacio exterior pero sin diálogo. Y así, Vampira, en la que se han basado dibujos, películas, muñecos y tantos otros productos de márquetin, tomó parte de este rodaje cochambroso propio del demente de su director. ¡Los batistas perdieron toda la inversión!

No se desanimó nuestro hombre y un par de años después, hacía el remake de La novia del monstruo. El gran fichaje para el reparto fue un vidente de tres al cuarto que aseguraba que en 1990 Marte sería habitado. Sus predicciones eran variopintas y numerosas, entre las que estaba el asesinato de numerosos personajes públicos, entre ellos el de John Fritzgerald Kennedy. Cuando asesinaron al Presidente, nadie tomó en serio el vaticinio, que formaba parte de otros tantos. Criswell se sumó al rodaje, una película memorable con cadáveres que son esqueletos de plástico, la aparición de un demonio que era un hombre negro con un casco del Ejército Británico y otros disparates del estilo. 

Tim Burton, Johny Deep y Sarah Jessica Parker durante el rodaje de Ed Wood (1994)

Ed Wood se dedicó tras esto al cine porno. Su gran éxito fue "Muerte de un travesti". La obsesión no cejaba. Alcoholizado, desahuciado  llegó a vender su máquina de escribir para conseguir alcohol. Murió a los 53 años, el que fue considerado el peor cineasta de la Historia, el peor director del Mundo. En 1994, Tim Burton llevó su vida al cine, encarnando a Ed Wood Johny Deep y haciendo de su novia Sarah Jessica Parker de Sexo en Nueva York. 

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