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sábado, 13 de julio de 2013

Cerrado a cal y canto

Está claro que el origen de todos los modismos, expresiones, giros y proverbios propios de nuestro rico español, no pueden tener detrás una historia suculenta con reyes, ministros, romanos o palacios. Algunas de estas frases hechas que se remontan a la noche de los tiempos nacieron de la lógica, de lo cotidiano, del día a día. Algunas de estas expresiones no dejan de tener cientos de años detrás, cuando todavía el de Nebrija no había construido y formulado la gramática del español y nuestra lengua, para suerte de los hijos de la E.S.O, no tenía reglas. Pero conviene saber también el por qué de las frases con menos enjundia y menos prosapia, como la que nos corresponde hoy, que no por ello, está carente de siglos de uso y de conservación en nuestro día a día.

Algunos creerán que el drama de la vivienda y la cantidad de éstas vacías, mientras muchos, muchos no tienen donde cobijarse, viene de ahora. La historia de la Humanidad repite sus vicios, da igual que bajo el nombre de capitalismo, socialismo o, si nos vamos a mi querida historia, feudalismo, absolutismo o caciquismo. En todos los tiempos, épocas y edades por las que el hombre ha pasado, los ricos son ricos y los pobres, ¡pobres! Y mientras unos han tenido varias viviendas (no digo que no hayan sido ganadas justa y esforzadamente) otros, ninguna, por lo que muchas veces la necesidad empuja a violar las leyes y las casas, aprovechando la ausencia de sus moradores, eran ocupadas ilegalmente.

Para evitar esto, el propietario que se iba a ausentar de la vivienda por una temporada, o el que tenía una segunda sin uso (o tercera, o...), decidía clausurarla, siendo lo más efectivo, seguro y firme, tapiar sus entradas usando materiales baratos, fáciles de adquirir pero a la vez consistentes y ahuyentadores. O sea, con cantos rodados. Como desde la época romana se hacían calzadas, acueductos o puentes. Con sólidos pedruscos tallados naturalmente por el curso de los ríos, sin necesidad de cemento, a falta de ladrillos (había que hacerlos, cocerlos, colocarlos... mucho más caro y lento) y otros materiales más modernos. Luego, se encalaba para “enlucir” el resultado, procurando quizás, algo de camuflaje. ¡Tampoco se trataba de demostrar abiertamente que la casa estaba vacía y tal vez sus dueños, iban a tardar en ocuparla.


Y así sigue hoy día. La práctica, la desigualdad y la expresión. Hoy no se tapia con cantos, sino con ladrillos y otros materiales baratos y rápidos. El concepto es el mismo, la intención también. La penuria de muchos, ahí sigue y la usurería, pues también. Pero cuando algo está muy cerrado, prieto o imposible de abrir o vencer, seguimos, como hace siglos, diciendo lo mismo que nuestros antepasados, que está cerrado a cal y canto. 

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