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miércoles, 31 de julio de 2013

Accidente de tren de Santiago

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Eran las once de la noche de hace una semana. Todavía, se hablaba de una  cifra de fallecidos que a pesar de que espantaba, firmaríamos todos a día de hoy: 24. El Canal 24 horas de TVE tenía en directo al presidente de la autonomía gallega y la pregunta de la periodista que conducía el espacio no era otra que “¿ha podido hablar con los familiares de las víctimas?”. Al corresponsal que se hallaba a poca distancia del siniestro conmovedor se le apremiaba para que contase qué le habían dicho los vecinos. Las televisiones emitían imágenes de ciudadanos de a pie ayudando y dejando claro que ante una desgracia, lo primero, es lo primero. Pero los objetivos buscaban, como el olfato de un perro policía, sábanas blancas, viajeros cubiertos de sangre con el móvil en las manos y desastre.

A los pocos días comenzaba el show. Parece que atar los contratos publicitarios importa más que servir y hacer algo de provecho. Los ciudadanos seguíamos conmocionados y algunos supimos de conocidos y amigos que a última hora no tomaron ese tren. A la memoria resucitaba un 11 de marzo de 2004, que para la mayoría de españoles, es un vaivén de imágenes de muerte y sangre. Cuando hacemos ese mismo esfuerzo para un 11 de septiembre de 2000, nuestra memoria no recuerda cadáveres ni llantos.

Pasan los días y todas las televisiones generalistas, las de mayor cuota de pantalla, ingresos, cortes publicitarios y en definitiva, todo aquello que mueve al Mundo (el dinero) seguían arrancando sus informativos de la misma manera: una dotación técnica de unidades móviles en la puerta de los hospitales viendo entrar y salir a personas normales y corrientes desolados y arrasados en lágrimas. Se emitieron incluso funerales gaditanos, hermanas y esposas a punto del desmayo y pena, porque la pena vende.

Un buen conocido trabaja en un medio de comunicación nacional y fuerte. De esos cuyo nombre marea con sólo oírlo. Me asegura que un compañero, en la redacción, apostaba porque el número de fallecidos subiera. Era un deseo, no un vaticinio. Y lo hizo el pasado viernes, con la esperanza de “joder” más al Gobierno. Sí, es el momento que pueden dejar de leer y vomitar. De todas maneras, no me sorprende. En la redacción de un medio de comunicación, hace años, ví y oí a uno de sus pesos pesados desear la muerte de muchos soldados españoles en Irak. Lo malo es que lo que se desea suele volverse en contra del ruin.

Imagen de "laviñetasatirica.com"

En ABC se le pone rostro a todos los fallecidos. En El País, el titular dice “Explicar, no ocultar”.  En Libertad Digital se deja constancia que esta línea la puso en marcha el PSOE, en (no sé cómo calificarlo, si Diario o...)  Alerta Digital, se habla de Sabotaje. En periódicos independentistas, se hace risa con el suceso explicando que la marca España sólo trae muerte. En el blog de los ex trabajadores del Diario Público, nos cuentan que la alta velocidad española no es segura y por tanto, se está intentando cerrar los acuerdos con Brasil antes de que se sepa la verdad. Por su parte, La Gaceta recuerda la demagogia de los líderes de IU y cómo no han sabido estar a la altura de “próceres de la patria” ante el tremendo accidente.

En las redes sociales, todos somos periodistas, todos somos informadores, todos tenemos nuestra propia columna de opinión gratuita y respaldada con la que dejar bien claro lo mucho que sabemos. Y a simple vista se adivina hasta la ideología política del informador amateur: el que exculpa al maquinista y se apiada del pobre hombre, a sabiendas que será el chivo expiatorio y el que carga contra los sistemas de prevención y de repente, poco más o menos que nos informa que su tatarabuelo fue carbonero en la línea Barcelona-Mataró que inauguró la Reina Isabel II. Eso sí, ha sido más indignante el error del comunicado de Rajoy que la desgracia de decenas y decenas de familias españolas.

El Mundo entrevista a un catedrático de física cuyos comentarios son desmontados uno a uno por ingenieros industriales a pie de noticia. Siguen los titulares: “El porqué del accidente”. En 20 minutos, el titular es “Otro sistema de frenado hubiera evitado el accidente”. Por otro lado, descubrimos que España es el país europeo que tiene más kilómetros instalados del sistema de seguridad ferroviaria más eficaz y a lo que todos nos ha quedado claro es que si un tren circula a 200 kilómetros por hora cuando ha de hacerlo a 80, la catástrofe se ha de contemplar.

A las 15 horas del accidente, en los móviles de la mayoría de los españoles ya ha llegado vía mensaje, vía whatssap, las imágenes del descarrilamiento. Y a mí me sigue pareciendo inaudito que nadie tenga imágenes de heridos, de sangre, de muerte y de caos tras los atentados de Boston, que nadie vea cadáveres tumbados en el suelo y cubiertos por una sábana cada vez que un loco dispara y asesina a decenas de personas en Estados Unidos, que nadie pueda ofrecer una imagen dantesca de ninguna tragedia americana, donde el pueblo se olvida del color de la piel, de la condición republicana o demócrata y se esfuerza en hacer lo único que hay que hacer en estas ocasiones: ayudar, si se puede, o apoyar simplemente. Sin demagogias, usos ideológicos, partidistas, ataques voluntarios, tú más, este es el culpable, por qué no comparece nadie o cosas por el estilo tan cainitas y tan españolas.

He empezado con don Antonio Machado. ¡Se equivocaba! A mí me hiela el corazón las dos Españas, las dos. Me hiela y me repugna. Desde sus medios de comunicación, buitres expectantes en el circo de la vida y de la muerte, a los ciudadanos de a pie, jueces implacables de todo y de todos que bajo el frescor del aparato de aire acondicionado, juzgan a maquinistas, Gobiernos anteriores o presentes y hasta se frotan las manos con la cantidad de muertos y heridos. Y maquillan la iniquidad humana con una frase cortita, escueta y sentida dando condolencias en su cuenta de Twitter.


Yo ya no sé qué pensar...

1 comentario:

José M. Rodríguez Viedma dijo...

Querido David... hasta pensar, ¡duele!