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jueves, 27 de junio de 2013

Polacos

De tópicos y empleos de términos despectivos sabemos por el sur de España bastante. La fama de una holgazanería que no se corresponde con la realidad y a la de una gracia espontánea y natural que dista mucho de ser el día a día con el que nos desayunamos la inmensa mayoría de esta franja española por debajo de Sierra Morena, persigue a cualquiera que haya visto la luz de sus días en el espacio geográfico donde tuvo lugar la primera de las culturas de todo el Continente. Sí, sí, la que se cita hasta en la Biblia, parió emperadores y crió a más Premios Nobel que ninguna otra región de España. Pero hete aquí que los tópicos están para cumplir la mentira de la que nacieron y calificar, casi siempre despectivamente, a todo un pueblo. Como cuando uno espeta no sin maledicencia a un catalán, que es un polaco.

Siempre me ha llamado mucho la atención el término... “¡Polaco!”. Y me pregunté de dónde provenía ese intento despectivo e insultante de calificar al catalán. He encontrado un prominente número de explicaciones de las que ninguna me satisface al completo pero que entre todas, sin duda, terminaron dando origen al “insulto”, por lo que os detallo las conclusiones:

Crítica pintura decimonónica sobre la nobleza polaca de Gdansk



  1. 1.   Polaco: porque la lengua catalana no era entendida por el resto de españoles que visitaba el viejo Condado. Y empezaron algunos a decir, de manera jocosa, que “hablaban polaco”, entendiendo que tan rara les sonaba que a fuerza debía proceder de algún país remoto...

Bien, vayan descartando la hipótesis: en primer lugar, español y catalán sin hijas del latín, fundamentalmente parecidas y léxicamente similares. Los parónimos entre ambas evidentes. Para colmo, ¿por qué polaco y no alemán, o ruso, o...? Definitivamente, esta tesis se cae.


  1. 2.    Sin mucha consistencia histórica, se viene a recordar que en el siglo XVII hubo cierto comercio maderero entre Polonia y España, entrando la mercancía a través del puerto de Barcelona. Eran los navegantes de Cataluña los que transportaban la madera y a los polacos por el territorio español, hasta que desde Sevilla, salían con destino al Nuevo Mundo. Todo esto ha dado lugar a una especulación muy enrevesada: los marineros catalanes escuchaban de sus colegas polacos la palabra “czarny” (que vendría a pronunciarse algo así como charne) y que era empleada por los caucásicos polacos para referirse a los españoles como morenos de piel; puede que de ahí provenga el actual apelativo que los catalanes dan a los inmigrantes españoles (“charnegos”) y que el resto de españoles, a imitación de los sevillanos que serían los primeros en usar dicho término, llamasen a los catalanes polacos.  

La Constitución del 3 de mayo de 1791, por Jan Matejko

Habría que refutar varias cosas: la primera es que desde 1569 a 1795 no existió Polonia, sino la Mancomunidad de los dos reinos, es decir, la unión territorial de polacos, lituanos y desde el siglo XVII, con gran importancia Ucrania. Fueron invadidos por rusos, suecos y los principados germanos. Realmente, la corona polaco-lituana era subsidiaria de los Habsburgo, que mantenían en cualidad de amigos a los polacos, desde el instante en que los llamaron “Antemurale Christianitatis”, es decir, custodia de la cristiandad, por los numerosos ataques e invasiones de los otomanos. Dicho de otra forma: “Polonia, como tal, con la identidad nacional que entendemos, no existía en tiempos de aquel comercio maderero que además, según Cristina González Caizán, profesora de Historia en la Universidad de Varsovia, esta hipótesis es improbable porque “aunque podría haber existido, no creo que este comercio fuera tan importante como para marcar una impronta tan profunda”.

Y una segunda cuestión... ¿De Polonia y los bosques centroeuropeos se iba a llevar el Imperio español la madera nada menos que a la fértil América? No me hagan reír...


La Reina María Cristina jura la Constitución (Francisco Jover y Joaquín Sorolla, 1890-97)
  1. 3.    Las teorías empiezan a encajar: En 1834 nace el sistema bicameral español, las cámaras alta y baja, la política. A la Carrera de San Jerónimo de Madrid llegan los procuradores y próceres de todos los rincones del Reino (así se llamaban a los actuales diputados y senadores) y en las disputas, empiezan a acuñarse términos despectivos que “sus señorías” se lanzan unos a otros. Los que más arraigaron fueron los de turronero y polaco. El primero era el que iba a las Cortes a llenarse los bolsillos, o sea, a por el turrón. En cambio, el polaco era el que pedía para su causa particular, en especial, la de su región. No cabe duda que los políticos más insistentes, desde hace 180 años, fueron los catalanes, es decir, los polacos.

Caricatura que alegoriza sobre la Independencia de Cuba

¿Y por qué polacos y no ingleses o de cualquier otra nacionalidad de la recién independizada América? Tiramos de nuevo de historia y nos marchamos al peor periodo por su inestabilidad política que recuerde nuestro país, esto es, el Sexenio Democrático (1868-1874), con la expulsión de los Borbones, la entronización de un rey italiano, la llegada de la I República, las revoluciones cantonales y la amenaza constante de que se España se iba a romper. En 1872 Francia había perdido Alsacia-Lorena. Cuba amenazaba con independizarse y los cantones habían aguijoneado el sentimiento regionalista de vascos y catalanes, los primeros, amparados en el carlismo cuyo problema aún no había concluido. Alguien dijo que todo esto se parecía a la Polonia de finales del siglo XVIII, cuando los Brandenburgo pasaron de ser duques a independientes y el regente moscovita atacó y diezmo su territorio. Se hablaba de la “Finis Hispaniae” y se ponía como ejemplo a Cataluña como la originaria de la “polonización” de España.

4.   
  1. El catalanismo, a fines del siglo XIX, miraría a Polonia con admiración. Todo comienza a raíz del periodista Enrique Prat de la Riba, quizás el primero en atreverse a publicar escritos a favor de la identidad e independencia catalana. En 1894 sacaba a la luz un libro donde exponía su doctrina política: “La Nacionalidad Catalana”. Uno de los párrafos lo deja bien claro: << ¿Qué ejemplo de la historia contemporánea hace palpables estas diferencias? El de Polonia. El Estado polaco murió cuando los ejércitos de Austria, Rusia y Prusia la descuartizaron; pero Polonia continuó y continua siendo la única patria de los polacos >> Desde entonces, y especialmente durante la posguerra española, el catalanista solía poner como ejemplos la Cataluña sometida a Franco con la Polonia sometida a Hitler.

"Salón de conferencias del Senado" de Asterio Marañós

En conclusión: tras las diferentes hipótesis, está claro que “polaco” fue un término parido en Madrid como consecuencia de lo que le podía suceder a España viendo los ejemplos que ocurrían en la Europa del momento y que ha vuelto a pasar desde hace unos años. Lo mismo que en 1870 se hablaba de “polonización”, hoy día se habla de “balcanización”, en referencia a la Guerra de los Balcanes y la desmembración de Yugoslavia. Y además, la hipótesis se redondea: son los propios catalanes los que se sintieron muy a gusto con el término, que quizás hace un siglo no era despectivo, pero con el que entendieron su actividad de “resistencia” a la ocupación española.

P.D. Dos programas de la televisión autonómica catalana dejan bien claro que el término polaco, puede que no sea ofensivo ni se diga con efectos despreciativos e insultantes. El programa “Polonia”, la sátira política que se emite desde 2006 (supera los 200 programas emitidos) y presenta Toni Soler, o “Cracovia”, programa de ironía deportiva, demuestran que el catalanismo, aprueba el concepto castizo de “polonización” y no desde luego como un insulto, sino como un deseo anhelado de independencia. Desde luego, valga como ejemplo, a mí no se me ocurriría hacer un programa que se llamara “hijo puta”, que sí es un insulto.

P.D. 2 Es evidente... Polaco, puede ofender dependiendo cómo se diga pero es símbolo léxico de una resistencia pacífica del catalanismo que aguarda su hora. Así que algún día hablaremos del Condado Catalán, la apropiación mediante inverosímiles leyendas “vellosas” de la bandera de Aragón y similares argucias falsas de la historia.

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