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miércoles, 19 de junio de 2013

Parecidos razonables

León, 19 de junio del año 960. El miniaturista Florencio y el calígrafo Sancho terminan en el Monasterio de Valeránica una Biblia escrita en letra minúscula visigótico-mozárabe decorada con escenas bíblicas. Recoge todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, posee comentarios y anotaciones en sus márgenes hechas en latín y árabe, pero es el arte decorativo que le otorgó el maestro Florencio lo que la eleva a una pieza de extraordinaria ejecución extraordinaria frecuentemente reclamada para exhibiciones internacionales.

En el año 1937 pisa París y se expone con motivo de la Exposición Universal que acoge la capital francesa. A principios de enero de 1937, en su domicilio parisino, Picasso recibe la visita de una delegación española formada por el director general de Bellas Artes y otros hombres de artes. El propósito de esta particular delegación era clara: pedir la colaboración para el pabellón español del ya afamado pintor de Málaga. Lo que aún no estaba claro es en qué consistiría esa participación de Picasso, que desde luego estaría vinculada a la decoración del edificio español pero con una premisa: que la obra pudiera ser reaprovechada, por lo que debería obviarse el fresco o cualquier otro aporte pictórico que complicase la “extracción” del mismo tras la clausura de la Exposición Internacional de París.

El malagueño accede a realizar una obra de gran formato que decore el pabellón diseñado por José Luís Sert, pero los bocetos que se conservan, del 18 y 19 de abril, revelan que Picasso no había encontrado todavía la inspiración para su obra. El 26 de abril la aviación alemana descarga su potencial bélico contra la ciudad vasca de Guernica. Picasso conoce el alcance del bombardeo el 28 de abril y poco después, visita la exposición en la que se muestra el Codex Biblicus Legionensis, la Biblia de León hecha en el siglo X. A partir de esta fecha, tiene idea, tiene lenguaje artístico y sabe a la perfección qué va a realizar para que millones de personas contemplen su obra.

Los primeros bocetos son del 1 de mayo de 1937. El 8 de mayo, la figura de la madre y el hijo ya están concebidos. El 11 de mayo comienza a trabajar directamente sobre el lienzo, que era tan grande que a duras penas cabía en el taller, con unas dimensiones de 3,5 x 7,8 metros. La obra se termina oficialmente el 4 de junio de 1937, pero la instalación definitiva y por tanto, la inauguración oficial del Pabellón no se puede llevar a cabo hasta el 12 de julio, aunque la Exposición Internacional tuvo su pistoletazo de salida casi dos meses antes, el 24 de mayo de ese año.

Al fin, había nacido Guernica. Pero no será hasta años después cuando se descubra el impresionante parecido entre algunas de esas imágenes del lienzo, obras entre la figuración y el esbozo, que el 19 de junio del año 960 ya existían (es decir, casi 1.000 años antes) en una Biblia leonesa que pudo tener la culpa o mejor dicho, servir de inspiración a Picasso. Todo concuerda y todo casa a la perfección.


¿Casualidad? Desde luego, el toro y el caballo, salen de la decoración realizada en miniatura por el maestro Florencio. Son idénticos. Y está claro que el pintor románico no pudo copiarse de Picasso, pero el malagueño, sí lo pudo hacer del maestro miniaturista. Tal vez, la obra más codiciada del arte contemporáneo, es la más clásica de las revisiones de una pieza religiosa, clásica y sin tanta fama como el lienzo de grandes dimensiones que hoy conserva el Museo Reina Sofía de Madrid. Y desde luego, nos hace plantearnos muchas cosas: la primera de ellas, la originalidad tan presumida y tan traída del pintor del cubismo (y del surrealismo, y del...) y la segunda, los mitos que se han generado desde el final de la Guerra Civil española sobre “Guernica”. 

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