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sábado, 8 de junio de 2013

Origen del traje de marinero de las Primeras Comuniones


Primer disfraz... Más que de marinero, va de chófer en una película de Woody Allen, 
o de portero de un Club madrileño de los 50.

“¡No temas Pedro; desde ahora serás pescador de hombres!” (Lucas 5, 8-10) Y he aquí el por qué. Cristo escoge a pescadores principalmente para que fuesen sus Discípulos. Con un barca, desde el siglo III, se viene representando a la Iglesia. Y los seguidores de la palabra de Jesús vamos a bordo de la nave que gobierna en su nombre el Papa y por ende somos pescadores también junto a él. Pues de ahí viene la explicación de que a los niños se les vista de marineros el día de su primera comunión, en señal de que acaban de entrar plenamente en el seno de la Iglesia pues forma parte de esos tres sacramentos de iniciación cristiana y faculta al niño a tomar el Cuerpo de Cristo hasta el fin de sus días, alimento espiritual del católico.

Ole los cojones. Catequesis no sé si hizo, pero no me perdería yo el reportaje completo.

Pescadores, sí. ¿Y entonces por qué disfrazáis a vuestros hijos de Almirante Churruca, de Álvaro de Bazán, de Blas de Lezo, de Gravina y Alcalá Galiano? Hemos dicho que son parte de la tripulación de la Iglesia, no los responsables del barco. Hemos dicho que están llamados a pescar hombres, no a dar órdenes. Hemos dicho que Cristo escogió entre los humildes a sus Discípulos, no a Plinio el Viejo ni a Marco Agripa, almirantes de la Armada Romana. Pero la vanidad española no conoce límites. Y el origen de la vestimenta de marinero del niño dispuesto a recibir por vez primera el Cuerpo de Cristo, basado en el Evangelio y en la palabra de Jesús, termina convertido en el fasto más extraordinario.


Modalidad clásica y Marines Americanos. 


A Dios gracias a mí no me disfrazaron de Almirante Cervera. Porque las cosas que ve uno, tienen guasa. 

El detalle del salvavidas, está claro, es una alegoría cristiana 
que los padres conocen a la perfección  (ja,ja,ja)

Charreteras, sardinetas, hombreras, botonaduras, uniformes de Infantería de Marina, de gran gala de la Armada Española, soldaditos rasos de una fragata de guerra. ¡Preciosos todos! Pero en cuanto salen por la puerta, les cuesta decir el Padre Nuestro. Y los padres, mejor ni hablar. 

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