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miércoles, 26 de junio de 2013

Manuel Gómez-Moreno González (1836-1918)

"Mis Amigos" (1858)

Esta ciudad sigue estando en deuda con sus más ilustres hijos, con los que destacaron en el amor, difusión y actividad en pos de Granada. Y nadie en su sano juicio cuestionaría que la familia Gómez Moreno, desde los más tímidos inicios del siglo XIX a nuestros días, lleva doscientos años perpetuando algo que parece patrimonio de todos pero uso de pocos: un amor deliberado al arte y a lo granadino. Hoy se cumplen 177 años del nacimiento de Manuel Gómez-Moreno González, historiador, arqueólogo, coleccionista, ensayista y por encima de todo, pintor. Y puede que dueño de una pintura y unas cualidades estéticas muy por encima de lo que la ciudad le ha reconocido y quizás el mundo del arte le ha valorado. Es justo, en un aniversario como el suyo, que saquemos pecho henchidos de orgullo por nuestro paisano y traigamos a la memoria el indeleble, imborrable e impagable legado, pictórico, literario, investigador y familiar, que don Manuel nos dejó y que esta Granada nuestra ha sabido apreciar con una timidez parca y pobre.

Inmaculada (1857)

Manuel nació en 1836. Hijo de tipógrafo, la cultura corría por sus venas. O por la mitad de ellas, pues la otra parte estaba llena de pintura, de arte, de dibujo y de color. Se forma en Granada pero evoluciona en la Real Academia, bajo las enseñanzas de Federico de Madrazo, Carlos Luís de Ribera o Antonio María Esquivel, de suerte que se hará un artista de correctísimo dibujo, variada temática a la que no falta la pintura de historia, el costumbrismo y el paisaje (que es lo mismo que decir que todos los géneros de todo el siglo XIX español) y en donde él pone el triunfo que lo distancia de los demás: el manejo de la luminosidad de sus obras.

"En la terraza" (1872))

La definición de don Manuel es la de un artista total. Se rodea y traba amistad con lo mejor de lo que fue capaz el siglo en nuestra España. Basta recordar que fue tal la amistad con el escultor Ricardo Bellver (1845-1924) que el hijo de éste es cuidado por la mujer de Manuel Gómez-Moreno (Dolores Martínez Almirón, con la que tuvo 8 hijos) que entonces se afanaba en criar al primero de los suyos, el también ilustre y extraordinario erudito granadino don Manuel Gómez-Moreno Martínez (1870-1970).

"Adela la costurera" (1873)

Como artista, Manuel Gómez-Moreno González (1836-1918) cultivó todos los géneros y pasó por todos los modismos pictóricos que pudieran haberse dado cita en el siglo que le tocó en ciernes. Sus inicios responden a cuadros de pequeño formato de género, retratos románticos y asuntos cotidianos. Evolucionará al tema histórico, el paisaje (con asuntos granadinos y una evidente fijación por su Granada natal) y por supuesto la pintura religiosa, dejando buena parte en Granada y otra en los Jesuitas de Madrid, desde cuya Casa Madre recibe notorios encargos, todos de gran formato. El historiador Valeriano Bozal dijo de él que pintaba con maestría técnica, correcto dibujo. El prestigioso Camón Aznar valoró su naturalidad y gracia y su bisnieta Maria Elena Gómez-Moreno sus grandes cualidades como retratista y su capacidad compositiva para abordar temas del costumbrismo, sin retórica, sin caer en lo pintoresco sino en lo cuidado. Pero todos, destacan por encima del resto su capacidad para iluminar las obras con un manejo de la luminosidad de su paleta que desborda.

"Autorretrato" (1874)

Don Manuel ha sido el más importante artista granadino (no sólo pintor) de todo el siglo XIX. Discípulos suyos fueron Mariano Bertuchi (1884-1955), José Ruíz de Almodóvar (1867-1942) o Isidoro Marín Garés (1863-1926) entre otros. Pero su labor más fecunda y provechosa la realizó desde el campo del a erudición, donde dejó un legado que con suma dificultad podremos pagarle. Es el padre del Museo de Bellas Artes de Granada que gracias a su empeño salió del Convento de Santa Cruz la Real. Fue igualmente el fundador del Museo Arqueológico Provincial.

"Visita inoportuna" (1875)

Restaurador, copista, litógrafo y morigerado en sus costumbres. Escueto en el comer, pasaba entre archivos y bibliotecas el mayor tiempo posible. Gracias a sus fecundas investigaciones alcanza plazas académicas. Estudia en la Escuela de Bellas Artes de Granada, logra pensionado en la Real Academia de San Fernando de Madrid, en la Superior de Pintura y beca para estudiar en Roma. a su regreso ejerce en su conquistada plaza de profesor de dibujo en el Colegio de San Bartolomé y Santiago.

"Vuelta de un algarada árabe" (1875)

Entró en 1866 en la Comisión de Monumentos y publica datos hasta entonces desconocidos y que resultarán capitales para la historia del arte, como la partida de bautismo de Pedro de Mena, las viviendas-talleres de Alonso Cano o los proyectos urbanísticos granadinos. Colabora en la redacción de los procesos de embovedado del Darro y descubre los mejores hallazgos del arte musulmán en la mítica Medina Elvira, encargándose él mismo de restaurar piezas incontestables como el Plato del Caballo, el Jarrón de las Liebres, el Plato del Halconero o las lámparas emirales.

"La lectura de la carta" (1876)

La más importante de las labores se centró en la preservación de los edificios históricos y el patrimonio monumental. Se opuso sin fortuna a los derribos y planes de ensanche, a fin de lograr la salvación de piezas granadinas de las que hoy sabemos por él, caso de la Puerta de Bib-Rambla (arco de las Orejas). No tuvo suerte en su campaña de preservación de la del Mauror y reconstruyño fidedignamente la Iglesia de San Gil, de las que al menos salvó las portadas. Nada se pudo hacer pese a sus informes con el Carmen Calzado (actual Ayuntamiento) pero al menos, gracias a sus dibujos y planos, se recuperó tras el incendio la Alcaicería, el Puente de las Chirimías y su mayor esfuerzo fue dirigido a la Casa-Taller del insigne e inigualable Diego de Siloe, a donde organizaba visitas y reproducía en sus dibujos, que a la larga, se sumaron a la carpeta de dibujos de edificios singulares de la Medina, todos ellos destruidos por la Gran Vía pero indemnes en la memoria gracias a su trabajo. Y no olvidemos que sus dibujos, particiones y esquematizaciones consiguieron que se pudiera volver a montar el Palacio de los Córdova ya en 1963.

"San Juan de Dios salvando a los enfermos del incendio del Hospital Real" (1880)

Uno de sus triunfos fue la declaración de la Alhambra como Monumento Nacional en 1870, logrando así que España entera pusiera de nuevo sus ojos en el imponente conjunto nazarí y que se recuperara la idea de restauración de los olvidados y descuidados palacios. Descubrió restos arqueológicos visigodos y pudo recomponer la historia de la ciudad y del Reino de Granada gracias a sus excavaciones arqueológicas y su sagacidad para casar los restos de Sierra Elvira o el Albaicín. Es el padre de la división urbana del Albaicín desmontó las falsas teorías del Siglo de Oro sobre Granada y halló la piedra de Cipriano (del año 1002) y otras afines.

"Salida de la familia de Boabdil de la Alhambra" (1880)

Tan preocupado estaba por la cultura y obsesionado por la enseñanza que funda la Sociedad Fomento de las Artes en cuyo seno da clases nocturnas gratuitas a quienes no pueden acceder fácilmente a la cultura. Fue además el co-fundador y primer vicepresidente del Centro Artístico, creador y articulista (e ilustrador) de su Boletín de divulgación histórica y científica y como culmen de toda su labor, fundador de los estudios de arqueología que promueve y presenta ante la Universidad granadina, que los acepta e incluye en su programa académico, por lo que además de todo lo dicho, es el padre de la arqueología granadina.

"La Piedad" (1881)

Su trayectoria académica se refleja en estas fechas: desde 1867 fue profesor de dibujo en el Real Colegio de San Bartolomé y Santiago, desde 1883 profesor de la Escuela de Artes y Oficios del Asilo de San José, desde 1888, Catedrático de Composición Decorativa de la Escuela de Bellas Artes, desde 1896, fundador de la Universidad del Sacromonte en 1896 y desde 1899, creador de los Premios de Arte, que dota con su propio dinero a veces, para estimular la colección de modelos de yeso, el dibujo lineal aplicado a la artesanía y el acceso de las clases trabajadoras a la industria artística. Todo este despliegue pedagógico le valdrá el interés de Miguel de Unamuno que visita Granada para conocerlo y desde entonces admirarlo.

"La alcazaba y Torres Bermejas" (1885)

Tras el incendio de la Alhambra de 1890, en donde resultaron muy afectadas la Torre de Comares, la Sala de la Barca y la galería de levante del Patio de los Leones, moviliza a media España. Logra la visita y la promesa de restauración del Ministro de Justicia en 1896 y es el cicerone y artífice de la visita y donación del Rey Alfonso XIII en 1904. Fue nombrado presidente de la Comisón Especial de la Alhambra, retiró las restauraciones controvertidas y agresivas de Contreras y consiguió, con Leopoldo Torres Balbás, devolver los Palacios nazaríes a su estado original. Sin don Manuel Gómez-Moreno González, probablemente la Alhambra malviviría y quién sabe si en un estado de permanente falsedad y horripilante aspecto.

"La Alhambra de madrugada" (1886)

Miembro del Liceo, Presidente del Patronato de la Capilla Real, Presidente del Patronato de la Alhambra, biógrafo, ensayista, descubridor de la Granada romana y además de todo lo dicho, dejó su mejor obra, su más sentida, leída, buscada y pretendida herencia para Granada en 1892, cuando publica su “Guía de Granada”, una obra que a pesar de sus más de 120 años y múltiples reediciones, ni ha envejecido, ni queda desfasada. Sigue siendo imposible de conseguir y cada vez que vuelve a ver la luz, se agota.

"Vista de Torres Bermejas" (1886)

A tan insigne prohombre le hereda su hijo Manuel el carácter, sagacidad y genio investigador. Sólo Antonio Gallego Burín le pudo retar el puesto de “primer granadino de la cultura”. Como ven, su faceta de pintor casi que queda absorbida por su genio intelectual y sus numerosas, prolíficas y sensacionales contribuciones en pos de la historia, el arte y en general, la cultura, de la sociedad granadina de su época. Alguien merecedor de mucho más de lo que la olvidadiza patria suya le ha dado.

"Retrato de José Gómez-Moreno Martínez, su hijo Pepe" (1893)

Don Manuel murió un 20 de diciembre de 1918, a los 82 años, dejando 8 hijos, un legado inigualable y una colección de pintura enorme. La fundación que lleva su nombre continua además haciendo la infatigable labor que en vida él mismo protagonizó, la de becar, espolear y ayudar a los artistas en su formación y carrera.


Lo que aún no nos queda claro, a casi un siglo de su fallecimiento y hoy, cumpliéndose 177 de su nacimiento, es cómo pagar tanto a uno de los más grandes granadinos que ha habido y habrá y a quién el Mundo entero le debe, entre otras, por qué no decirlo, LA SALVACIÓN DE LA ALHAMBRA. 

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