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sábado, 29 de junio de 2013

Maldita fama

Estamos en el año 1913; el invento de los Lumière y las revoluciones de Edison han dado muy buenos resultados. Los actores cómicos que trabajan en ese monstruo del entretenimiento que es el vodevil se sienten tentados por las nuevas perspectivas y el furor de masas que supone y representa eso nuevo que llaman cine tientan a la mayoría de “famosetes” que en efecto, hacen gracia. Y en ese 1913 en el que estamos, hace una prueba y rueda su primer corto, Roscoe Conkling Arbuckle, el “gordo Arbuckle”, o fatty en su inglés natal.

Tenía gracia. O ingenio, que es casi tan importante. Formó parte de ese ejército estadounidense que les robó a tiros la tierra a los mejicanos y tuvo oportunidad de contemplar un ataque de Pancho Villa. En El Paso, en Texas, paramilitares a las órdenes de Pancho Villa se toparon con Arbuckle y su familia, de comida campestre a la orilla del río y tras cruzar varias palabras, decidieron resolver el conflicto lanzándose comida. En estas, “fatty” derribó de su caballo a un soldadito mejicano, de los de bigote imponente, con un tartazo que impactó en la cara del azteca.

¡Acababa de nacer el argumento que utilizaría el cine cómico más veces! Y aunque muchos se empeñen en atribuirles a otros la paternidad, fue invento de este gordito de los inicios del cine que lo popularizó y con el que consiguió fama, dinero y prestigio.

Ofrecía un cine curioso: “Fatty and Mabel” fue su saga por excelencia. Mabel, claro, era Mabel Normad, la guapísima esposa de su jefe, padre de la comedia, descubridor de Chaplin y de Bing Crosby entre otros... Mark Sennet. Ojo, no sé si cuando se enteren de los “gustos” del Gordo Arbuckle si pensarán lo mismo que yo: que no se me hubiera ocurrido dejar que mi mujer rodara ni un anuncio a su lado.

Para eso faltaba tiempo; en 1916 ni Chaplin le hacía sombra. Gobernaba en aquella incipiente industria del cine estadounidense, era el mejor pagado, dejaba a todos estupefactos por su agilidad, teniendo en cuenta su gordura, a la que sobreponía con un gran dominio de su físico. Rodaba películas rápidas,  dinámicas, llenas de escenas de persecuciones, de gags, pastelazos en la cara y clichés que lo inmortalizaron. Fue el descubridor de Buster Keaton, que lo superó en todo y demostró un grado de amistad sorprendente y tenía todo lo que se podía pedir. Pero se cruzó en su vida una mala compañera: la bebida.   

Nos vamos ahora a 1921. Aburckle cobraba un millón de dólares al año (no intenten ni hacer cálculos, porque difícilmente hay un actor que hoy día cobre, en el equivalente de 2013, tanto), quería un descanso y se marcha hasta San Francisco con unos amigos, dispuesto a correrse una juerga de las que hacen historia. A la habitación del hotel suben varias mujeres, una de ellas, la aspirante a actriz de 26 años, Virginia Rappe. Al amanecer, Arbuckle avisa al médico del hotel que la chica se ha puesto mala y el galeno asegura que lo que está es borracha. Tres días más tarde, Virginia, muere de peritonitis a causa de la perforación de su vejiga y las dos chicas que acompañaban a Virginia en la fiesta de Arbuckle, no pueden callar más: el actor violó y forzó de manera durísima a la joven Virginia, sirviéndose de una botella de whisky.

Hubo juicio, o tratándose de alguien tan famoso, más bien un acontecimiento nacional que ocupaba las portadas de los periódicos, mientras los ciudadanos leían en los tabloides sensacionalistas los juicios paralelos más escalofriantes. El “Escándalo Arbuckle” duró hasta el 12 de abril de 1922, cuando el jurado lo considera inocente de los cargos.

Pero su carrera estaba arruinada; el sensacionalismo periodístico lo había destruido, asociaciones puritanas pedían que fuera condenado a la pena de muerte y los estudios prohibieron a los amigos de Arbuckle que hicieran siquiera una muestra de apoyo público. Charles Chaplin estaba en Inglaterra pero Buster Keaton, fue valiente y salió en su defensa. El Gobierno retiró y prohibió todas las películas de Arbuckle, pero en Europa, si un tribunal consideraba que era inocente, lo era... así que se podían ver sus comedias.


Muchas de sus películas fueron destruidas y el caso se reabrió. Los forenses dictaminaron que los daños en la vejiga de Virginia eran consecuencia de un aborto y entonces se conoció que la “cándida joven” no lo era tanto: había solicitado y se le habían practicado cinco abortos fruto del ejercicio de la  prostitución y estaba enferma de sífilis. Dio igual, al gordo Arbuckle ya nadie lo iba a creer y su reputación había sido destrozada. Su mujer se divorció de él, no encontraba trabajo y gracias a la impagable ayuda de Buster Keaton, se ganaría el sueldo como guionista del amigo y actor, pero obligado a aperecer en los créditos con el pseudónimo de Will B. Good. O lo que es lo mismo, en español: "seré bueno".


Ya estaba bien; cualquiera de sus intentos por volver a reaparecer en la pantalla era impedida. Nadie respondía a sus llamadas, eran un apestado, todos menos su fiel Buster le dieron la espalda... El 29 de junio de 1933, hace justo hoy 80 años, rodaba su última escena en esta vida puerca que lo condenó sin demostrar si era o no culpable, mejor dicho, dejando claro que era inocente. Buster Keaton dijo que le habían roto el corazón; Mabel Normand, que encontró refugio en el culo de una botella; el cine lo olvidó, algunos se apropiaron de sus innovaciones, otros repitieron sus trucos y el tiempo pasó. A Fatty Arbuckle le destrozaron la vida porque era rico y famoso.



Y en este Mundo, puedes ser un asesino como el comunismo internacional, como Che Guevara, como Santiago Carrillo... que llevarán tu cara estampada en una camiseta. Pero nunca perdonarán que seas mejor que el resto. Y te destrozarán. 

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