Visitas

viernes, 14 de junio de 2013

Lionel Messi

Llevo unos días acordándome inevitablemente de Dolores Vázquez Mosquera, quizás el más flagrante suceso que revela la ineptitud de nuestra sociedad y pone de manifiesto la identidad y la idiosincrasia del españolito medio. Parece mentira que una de las ciudadanías más católicas del Mundo y de la Historia olvide con tanta frecuencia una de las enseñanzas de Jesús y sea capaz de ver tantas y tantas veces simples briznas de paja en los ojos de los demás y no detecte la viga y la traviesa que se le aloja en el ojo. Y es que el caso de la desdichada y también recordada Rocío Wanninkhof debería ser objeto de estudio inmediato y contundente entre los profesionales de la jurisprudencia y la criminología y habría de servir a medios de comunicación y ciudadanos como el pusilánime ejemplo de qué no volver a hacer nunca más.

A Rocío la lloramos y a Rocío la recordamos. Pero los que conservamos intacta nuestra fe sólo podemos encomendarnos a ella y pensar que descansa en Dios. Lo que nos indigna es la manera de juzgar bajo un rosario de pruebas y errores judiciales y policiales que desembocaron en otro salterio de juicios populares sin medida a Dolores Vázquez, la que se señaló como su asesina sin que la presunción se tuviera en cuenta y más si cabe, dejando que la opinión pública emitiera su veredicto aun no solicitado, para culpabilizar, condenar y destrozar la vida a una española más a la que no se le resarcirá de ninguna de las maneras posibles, después de que despidiéramos el siglo XX y bendijéramos el XXI pidiendo a gritos todo lo peor para ella.

Aquello me impactó. Desde entonces pensé que la mejor enseñanza del mundo anglosajón era su estricto y siempre atento sentido jurídico de la presunción de inocencia. Estuve convencido que los españoles supimos entender nuestro error y pondríamos de ahora en adelante todos nuestros sentidos avezados y a avizor para nunca más, jamás de los jamases, volver a cometer una tropelía de éstas sojuzgando y arruinando la vida de nadie. Y sin embargo, por millones de motivos (tantos como jueces y fiscales aficionados hay), llevamos un par de días señalando a Lionel Messi como el principal causante de la crisis económica de este país que han arruinado a partes iguales los políticos y los ciudadanos. ¡Todos contribuimos a echar abajo “los muros de la Patria”!

Van a tener razón aquellos personajes públicos de primer nivel que nos recuerdan las malas praxis de nuestra prensa. Desde actores oscarizados a mi no muy bien recordado Mourinho. Van a tener razón aquellos que han preferido irse a países donde el famoso lo es pero teniendo derecho a su intimidad. Quién sabe si no hay que concederle ciertos visos al viejo chiste que cuenta cómo Dios estaba creando la ciudad de [ponga aquí el nombre de la suya, porque las versiones son variadas, pero dejen que yo lo haga con Granada] y unos ángeles le vinieron a preguntar extrañados por qué estaba haciendo una tierra tan perfecta que se destacaba sobre las demás. Y fue entonces cuando Dios espetó a su cohorte celestial que lo arreglaría, lo equilibraría haciendo a los [y ahora ponga el gentilicio, a sus convecinos, luego en este caso, granadinos] y así compensaría. Pues tal vez la espontaneidad, sencillez y amabilidad del español es producto de ese espíritu suyo de cotilla, de portera de corrala que se mete de vez en cuando a juez del Supremo y magistrado del Consejo General.

He de especificar a quién interese que mi madridismo está fuera de toda duda. Pero mi estupidez intento mantenerla a raya no sé si con toda suerte de éxitos o no. Al menos lo intento. Y hago bien contando y pregonando mi madridismo para que nadie crea que la defensa que estoy perpetrando ahora a favor del astro argentino pueda confundirse con intereses velados que sobreentiendo y comprendo, pueda tener cualquier barcelonista; pero a cambio considero que hasta tanto los órganos competentes no se pronuncien, el superlativo jugador del Barcelona es inocente y de no serlo, eso no cambia más que el por otro lado muy española costumbre de escamotearle a la Hacienda pública y me basta para ello citar de nuevo al monstruo de las letra don Francisco de Quevedo, que hace cuatro siglos ya nos lo recordaba:

"En Navarra y Aragón no hay quien tribute un real,
Cataluña y Portugal son de la misma opinión.
Sólo Castilla y León y el noble pueblo andaluz,
llevan a cuestas la cruz".

Además esto me sirve para una reflexión que no tiene nada de popular y sí mucho de lógica. En los tiempos que corren y en una España acostumbrada a mamar de la teta pública y a tratar al Estado como el padre que ha de satisfacer todos y cada uno de los deseos de sus díscolos hijos, lo que a continuación voy a exponer tiene poco de popular. Pero es que a mí los discursos a la galería me dan pavor, recordando que esos mismos fueron los que llevaron a Hitler al poder y siguen provocando, desde despachos del Pentágono y mezquitas integristas, la iniquidad del Mundo.

El mundo Occidental ha terminado por confeccionar un modelo de sostenimiento económico basado en que el que más cobra, más paga. La perogrullada destroza literalmente cualquier pretendido democrático y ejemplifico antes que la progresía que a estas alturas todavía ingrese en esta Alacena, me despedace... Pongamos por ejemplo que el ciudadano ha de pagar el 10 % de sus ingresos en impuestos. Luego, el que cobre 1.000 euros y el que tenga por emolumentos 1.000.000, seguirá aportando menos al Estado, en tanto el segundo habrá de llenar las arcas públicas mil veces más que el primero. Los impuestos de todos contribuyen a esto que el modelo “políticamente correcto” ha venido a llamar “el estado del bienestar”. Colegios y hospitales, carreteras y generosas contribuciones a Asociaciones públicas de dudosa utilidad pública, valga la redundancia. Todo sale del bolsillo de todos y no termino de entender la equidad de ello. ¿Acaso el que tiene la suerte de cobrar una burrada, caso de Messi, usa más una carretera o enferma más veces que el que no tiene esos sueldos astronómicos? ¿Acaso alguien le regala lo que ha ganado gracias a su talento natural y su esfuerzo diario?

En el mundo real, Robin Hood fue llevado a la literatura prosaica y al cine como el “desfacedor” de injusticias, pero lo cierto es que los investigadores nos recuerdan que lo que le robaba a los ricos no iba a parar a los pobres. Pero en este país, el deporte por excelencia no es el fútbol sino la práctica de la envidia. Y yo siempre he considerado que el ciudadano capaz de estudiar una carrera difícil para la que ha tenido que prepararse desde el jardín de infancia y tras cumplimentar académicamente la misma, desarrolla de manera impecable, merece ganar lo que gana. ¡Aunque yo no! Mi hermano Carlos Medina ha acuñado un pensamiento muy bueno: el verdadero comunismo no debe procurar que todos seamos pobres, sino que todos seamos ricos. Pero para ganar lo que gana Messi, además, se ha de ser el mejor en lo suyo, y él lo es nada menos que por encima de 7.000 millones de ciudadanos del Planeta y está por ver si no lo es y será, sobre los que le precedieron y sucederán. Luego si consigue ingresar decenas de millones de euros, por mucho que el discurso correcto que esgrimen algunos demagogos sea que “millones de personas de este país están en paro” y él “presuntamente” está cometiendo un delito, que pague.

Pues claro, nadie ha puesto en duda que desde Iñaki Urdangarín al concejal cejijunto y caradura del pueblo más pequeño de este puñetero país ha de correr con las responsabilidades que le correspondan, aunque siga pensando que se nos llena la boca de conceptos y términos democráticos para lo que nos interesa, pero no para aplicarlos con rigor. Y ya puestos en esta cartera de ideas entra la demanda de “un ciudadano, un voto”. Yo me apunto a eso, pero también al reparto equitativo de responsabilidades; o dicho de otra manera: el que más gana no tiene más derechos que el que gana menos, luego, ¿es justo que tenga más responsabilidades, por ejemplo, con el fisco? El debate es largo, intenso y desde luego, desagradable para el jeta, el políticamente correcto y el progre. Pero volviendo a las citas bíblicas, “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

No. No formo parte del prestigioso escaño social que ha de pagar mucho porque gana mucho. Pero considero que el mejor modo de distribuir la riqueza y la pobreza, es haciéndolo de manera que nadie exprima a nadie. Y se me viene a la cabeza la figura de Fernando Alonso, que debería tener un monumento en la plaza de los pueblos subvencionados que viven del resto de los que se parten la espalda a diario, como la controvertida población e Marinaleda. Alonso, que cobra un pastizal porque hace lo que prácticamente nadie de este Mundo sería capaz, paga una verdadera burrada de impuestos sin necesidad, ya que no reside los 183 días obligatorios que marca la ley para tributar en este país. Pero seguro que, harto de lo que algunos vocingleros le espetaron por redes sociales en su día, hizo de tripas corazón, aceptó la penitencia y se empadronó en su España que le cuesta millones de euros anuales. Sin embargo, Alonso no gasta más asfalto de las carreteras que el resto de ciudadanos, no se pone más veces malo que los demás y por ello utiliza más veces la sanidad pública ni tiene 14 hijos más que la media y tira de la educación gratuita. Pero sin tener más derechos que nadie, sí tiene más obligaciones. Así que sería de justicia que la Iglesia lo incluyera en la lista de “Siervos de Dios”, porque a fin de cuentas, hace más por la ciudadanía que millones de españoles juntos. ¡Comedores sociales y economatos asistenciales incluidos!

Me preocupa poco que Lionel Messi haya cometido una infracción. Primero porque no caeré en la vileza de algunos madridistas de aprovechar la oportunidad para fusilarlo, sólo porque nos da rabia (y en muchas ocasiones pavor) que coja el balón y nos destroce. Tampoco ahorraré insultos a los barcelonistas que como un gato panza arriba, se entretienen en pedir que se investigue a Cristiano Ronaldo por si él tampoco es la Madre Superiora de las Carmelitas Descalzas. Lo que sí tengo claro es que en España nos encanta hablar sin saber, que somos capaces de arruinarle la vida al prójimo como hicimos con Dolores Vázquez, que no aprendemos de los errores del pasado y que estamos convencidos que el que más gana, tiene que ser Atlas, sosteniendo el peso de un sistema podrido e ineficaz como el nuestro, para que muchos chupen de la teta pública a costa del gravamen de alguien que es excelente, único y que aunque pueda parecer inmoral lo que cobra, desde luego lo hace habida cuenta que nadie puede imitarlo.


Ahora lo bonito sería decir que sea la fiscalía la que determine si ha cometido delito y de ser así, cuánto ha de pagar. Pero yo lo que os pido (a los coherentes que me leáis, por supuesto), es que pensemos si con actitudes como las de los últimos días, donde la prensa deportiva deja de lado el regate y el gol por términos de macroeconomía (dedicarle horas a esto en un programa deportivo de una cadena nacional debería ser también sancionado), España será algún día no un país rico, olvidado de la crisis y la penuria, sino simplemente una sociedad justa y equitativa. Porque tal y como lo veo yo, nuestro problema no es la deuda, la prima de riesgo, la estafa de las preferentes, la torpeza política, la avaricia banquera o el paro... El mal de España se llama ciudadano español

No hay comentarios: