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viernes, 7 de junio de 2013

Las huellas del cine

Las mujeres Talmadge pasaban hambre. Así de rotundo. Madre y tres hijas abandonadas por un padre alcohólico en el Estados Unidos de 1899 y para colmo el día de Navidad. Todo esto sucede en la capital del Estado de Nueva Jersey, vecino de Nueva York en una época en la que “la capital del Mundo” no era aún esa ciudad próspera que hoy todos tenemos en nuestra mente y Jersey City un villorrio en donde salir adelante no era fácil. Pero el tesón de Peg (la madre) hace el resto. A principios del siglo XX Estados Unidos vive la fiebre de los vodeviles y proliferan espectáculos en los que los trucos de magia, piezas musicales, espacios para la comicidad, las pantomimas y acrobacias y el sacrificio de unos pocos con verdaderas dotes artísticas, arrasa en el país. Así que mamá Talmadge espolea a Natalie, Norma y Constance y las enrola en uno de esos espectáculos. La belleza de las niñas Talmadge y las condiciones para el canto y el baile descubren un mundo nuevo a las tres hermanas y hará de dos de ellas, estrellas de la gran pantalla.

Hollywood en 1910

El cine tiene pocos años. Desde aquella mítica fecha (el día de los Inocentes de 1895) en la que los Lumière lo presentan en sociedad, han transcurrido menos de 15 años. Pero en Estados Unidos Thomas Alva Edison, empeñado en venderse como el inventor, desata un furor sin precedentes. Están naciendo las primeras compañías y los actores de teatro se convencen de las posibilidades, especialmente económicas, del séptimo arte. Así es como en 1909 empieza a hacer cortos Norman Talmadge, que con los años se convertirá en una de las grandes actrices del cine mudo. Con menos fama pero mejores resultados, su hermana Constance trabajará para la Vitagraph. En 1915 hacen largometrajes y acompañan a Griffith, padre del cine, comparten planos con Dorothy Gish y compiten con Mary Pickford, aunque ésta jamás sería desbancada.

El Teatro Chino del Hollywood Boulevard

Las hermanas Talmadge forman parte de la historia del cine. En 1930 harán sus últimas películas pero si por algo nos suena una y otra vez el apellido es gracias a Norma (1896-1957) y a un fortuito accidente que la inmortaliza y la convierte en nombre fundamental de la industria. Todo ocurre en el verano de 1927, en una famosa arteria de Hollywood. En el Boulevard de la meca del cine cuatro reconocidos actores habían levantado un teatro. Encargaron el proyecto al arquitecto Raymond Kennedy que proyectó un edificio que reproducía una pagoda china. Su imponente aspecto le terminó dando el nombre: “El Teatro Chino”. La película del prestigioso Cecil B. DeMille "Rey de Reyes" inaugura el Teatro un 18 de mayo de 1927. En su interior se ha celebrado en tres ocasiones la Ceremonia de entrega de los Óscar, es colindante al Teatro Kodak donde actualmente se lleva a cabo la gala y sigue exhibiendo y estrenando películas de prestigio.

Algunas de las huellas, señales y marcas

Pero si por algo se ha hecho famoso es porque en el exterior del edificio, se han ido dejando las huellas de pies y manos de los más importantes actores y actrices del cine, desde Clark Gable, Rita Hayworth o Marilyn Monroe a nuestros días. La calle Hollywood Boulevard es un lugar de peregrinación para los cinéfilos, que buscan las más de 200 huellas impresas sobre el cemento alrededor del Teatro Chino. Se fotografían estas “reliquias” algunas tan curiosas como las Harold Lloyd, que no dejó rastro de sus pies o manos, sino de sus gafas. Groucho Marx prefirió dejar la señal de su puro, John Wayne su puño y Al Jolson, las rodillas; Sonja Henie, las cuchillas de sus patines; y las narices de Jimmy Durante y Bob Hope. Las estrellas del western William S. Hart y Roy los actores de la saga “Harry Potter”, las de las varitas que usan en las películas basadas en las 7 novelas de  Joanne Rowling.


Jeniffer Aniston dejando su huella en el cemento fresco de Hollywood Boulevard

Pero, ¿cómo surgió la idea de que las celebridades dejaran su señal, su huella, en el cemento de la acera del Teatro Chino? Pues como la mayoría de los grandes descubrimientos de la Humanidad. Como Newton cuando le cayó la manzana o como Arquímedes mientras se bañaba en una tina. Ocurrió en el verano de 1927 cuando paseaba por Hollywood Boulevard Norma Talmadge. La actriz, ya consagrada sobremanera, se dirigía al Teatro Chino para el estreno de una película cuando tropezó fortuitamente, apoyando de manera refleja las manos en el acerado, con el fin de minimizar los daños de la caída. El cemento de la acera estaba aún fresco y se quedó en él las huellas de sus manos; rápidamente, uno de los cuatro dueños, el también actor Sid Grauman, tuvo la idea de perpetuar esas huellas e impedir que los operarios alisaran de nuevo el suelo, de suerte que causó sensación. Y poco a poco, se fue llenando de las marcas de las estrellas del cine convirtiendo así el lugar, en un sitio de culto. 

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