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jueves, 6 de junio de 2013

El desembarco de Normandía

A sus 53 años, Dwight David "Ike" Eisenhower era el comandante supremo de las fuerzas aliadas en el frente occidental europeo. Uno de los pocos generales de cinco estrellas con todo el peso y la responsabilidad de acabar definitivamente con el correoso y coriáceo ejército alemán, que ni se le podía dar por derrotado ni se imaginaba cómo acabar con él. La humanidad no conocía aún los execrables crímenes del nazismo en los distintos campos de exterminio, especialmente polacos y a punto de cumplir 30 años de servicio militar tras su formación en la Academia de West Point, después de haber participado en la captura de Pancho Villa y servir en primera línea de batalla durante la I Guerra Mundial, a Eisenhower ese día la obligación le oprimía el pecho. ¡Tres millones y medio de soldados dispuestos a obedecer las órdenes que él diera para fulminar definitivamente el nazismo y con ello, acabar con una Guerra que duraba ya 5 años!

Dos años antes el General Eisenhower había dirigido con éxito una campaña militar que sería muy relevante para la derrota del Ejército del Eje en África: “La Operación Torch”, un desembarco de tropas aliadas que desde Gibraltar, tomaron las costas de Argelia y reforzaron a los soldados del General británico Bernard Montgomery. Aquello debía servirle de experiencia. Aquella operación llevada a cabo en la mañana del 8 de noviembre de 1942, seguía siendo el mejor modelo a seguir para que más de tres millones de soldados aliados pudieran desperdigarse por el Continente Europeo y dar fin al mayor desastre jamás pensando por el hombre. Desde el Reino Unido, 20 millones de toneladas de suministro esperaban tocar la plataforma continental.

Juan Puyol

Eisenhower sabía que el terreno quedaba expedito y franco de una u otra manera. Comprendía a la perfección que gracias a un español, el espía doble al servicio de los aliados pero que se había ganado la confianza nazi, podía llevar a cabo el desembarco de la maquinaria de guerra y las tropas. Juan Puyol llevaba meses advirtiendo a los generales alemanes de que el proyecto de la operación estaba meditado para Calais. Y para que la mentira no fuese desenmascarada, al General George Patton se le encargó el mando de un ejército fantasma se ubicó en varios puntos estratégicos del mapa para dispersar a las fuerzas alemanas a lo largo de toda la costa francesa y, así, debilitar las defensas nazis de Normandía, donde se llevaría a cabo el verdadero asalto.

Parte del decorado de la OPERACIÓN FANTASMA.

No iba a ser fácil hacerse con el control de las playas francesas. Estaban defendidas por más de un millón de soldados apoyados por el poderosísimo contingente de blindados y la eficaz artillería de la Wehrmacht. Los temibles Panzer prestaban el mejor sostén para que los aliados sufrieran de lo lindo en su intento por desembarcar en el Continente. Y así fue como en una maniobra disuasoria, con una táctica de engaño sin precedentes, Patton comandó una  unidad de actores, especialistas de cine y guionistas entre los que se coló un par de unidades militares para darle credibilidad al ataque, todo ello apoyado con tanques de cartón y caucho que convivieron en campamentos militares falsos. En el interior de las tiendas de campaña no encontrarían ni un solo soldado, las cajas de madera, vacías, no guardaban balas y en los bidones no había una sola gota de gasolina. El atrezo reproducía fielmente los tanques Sherman del ejército americano y desde Inglaterra, camiones Dodge y piezas de artillería, llegaban guardadas en una maleta. Un compresor de aire las hinchaba y se terminaban colocándoles hasta falsos remaches que desde el aire, consiguieron desconcertar a Hitler y engañar a Alemania. En Paso de Calais se estaba tramando algo, pero lo cierto es que el lugar de Francia en el que se realizaría el desembarco, no era ese.

El 5 de junio de 1944 iba a ser el día. Esperaban pacientes y devorados por el miedo, 4.000 barcos y 11.000 aviones a lanzarse sobre 5 playas normandas con nombres en clave, de las que fueron cruciales “Omaha” y “Utah”. El mal tiempo y especialmente el de la mar aplazaron la operación. Todo, se transmitía en clave pero un profesor de física estuvo a punto de desbaratar mediante crucigramas que publicaba en el Daily Telegraph la operación, llegando a descubrir el nombre secreto de las playas o el apodo que recibió la orden de desembarco: Neptuno. Todo quedó en un susto.

Al fin, la madrugada y mañana del 6 de junio de 1944, Eisenhower daba la orden mediante una palabra en clave. Cientos de miles de soldados estadounidenses, ingleses y canadienses, se lanzaban sobre las playas normandas con 20.000 minas frente a ellos y las baterías nazis masacrándolos. Y a Ike, a Eisenhower, si algo le sirvió fue lo ocurrido el casi 20 años antes en el norte de África, en Marruecos. Fue un 8 de septiembre de 1925 protagonizado por los Generales Sanjurjo y Soriano junto al Almirante Guerra. E imitando aquella acción anfibia de depurada táctica, Eisenhower planificó el desembarco tal y como hizo el Ejército Español en Alhucemas.


La jornada de aquel 6 de junio de 1944 está escrita en la Historia como el principio del fin del III Reich y la liberación de Europa. Aquella experiencia de un día como hoy de hace 69 años aceleró el final de la peor guerra habida en este Planeta, pues sólo 10 meses después claudicaba la cúpula nazi en el búnker berlinés. Aquella mítica operación que se saldó con 218.000 muertos y casi 300.000 heridos o desaparecidos pudo llevarse a cabo por muchos factores, pero no hay que olvidar tres cuestiones que hoy sacarían una sonrisa a más de uno y que se me antoja fundamental contarlo y difundirlo: no hubiera sido posible si la intervención del espía español Juan Puyol. No hubiera sido posible sin la experiencia tomada del Ejército Español en el Desembarco de Alhucemas de 1925 y un dibujo animado se convirtió durante unos segundos, en el mejor grito de guerra y en la arenga más importante en pos de la libertad: todo comenzó cuando desde las emisoras americanas, un general dijo: Mickey Mouse. 

Aquello fue el Día D... A la hora H.

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