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viernes, 28 de junio de 2013

El Chiringuito


En las islas de Cuba y Puerto Rico, una palabra de origen antillano servía como definición de algo escaso, corto, pequeño... Con el vocablo “chiringo” se determinaba la “longitud o cantidad” de algo, al punto que a finales del siglo XIX, se popularizó pedir en aquella Cuba que todavía era española, un café corto, o un chorro pequeño de ron, mediante el término chiringo. Ayudados por un trozo de caña y una media, se servía un café corto que ya en España se conocía como el “café de calcetín”, ya que el tejido de la prenda sería el filtro (tiempos aquellos nada fáciles y que complicaban la adquisición de los ahora extendidos filtros) usado para colar y dejar sin posos el líquido. 

La palabra cogió fuerza entre los bares y tabernas de aquella Cuba decimonónica y pronto, la acepción cobró un nuevo sentido cuando aún fuese más pequeña la cantidad servida, de forma que no tardaría en aparecer el término “chiringuito”, que más que como metonimia, acabó empleándose como sinécdoque (recuerden de sus pretéritas lecciones de Lengua, que nos referimos a que el todo es usado para la parte) y a los establecimientos que se especializaron en servir chiringos y chiringuitos de café o de ron, se les llamó por tanto, CHIRINGUITOS. 

Pero hasta que el término tomara fuerza en España, hemos de hablar de su introductor, el periodista, poeta y ensayista español César González Ruano (1903-1965) que fue distinguido con el Premio Nacional de Periodismo y al que la historia le debe un importante homenaje, ya que entre otras, fue apresado en 1940 por la GESTAPO, cuando se encontraba en Francia como corresponsal, nada menos que por falsificar pasaportes para salvarle la vida a cuantos judíos eran perseguidos por los nazis. Tras sufrir el espantoso encarcelamiento en la prisión de Cherche-Midi, pudo regresar a España, decidiendo entonces que la costa catalana sería un lugar paradisíaco donde olvidar la tragedia de la II Guerra Mundial. Sitges (Barcelona), fue el lugar escogido. Cautivado por su encanto, residió allí durante cuatro años, en los que escribía para el Diario La Vanguardia, colaboraba con Radio España (hoy Radio Nacional) y en donde nacieron doce títulos de su obra narrativa. Estableció como un improvisado cuartel general de escritura, un merendero a pie de playa que había fundado en 1913 el Capitán Calafell y que no era más que un kiosco de madera pintado con listas azules y blancas donde César González Ruano convocó a las musas en infinidad de ocasiones. 

El mar es caprichoso, bien lo saben los que con él conviven. En una de estas oleadas del Mediterráneo, el “Kiosket”, que era el nombre original que recibía desde 1913 este merendero a pie de playa, fue derruido y arruinado, lanzándose a la aventura sus dueños de recomponerlo para el verano de 1949, antes de que empezara la “temporada de baños” y llegaran a la localidad costera barcelonesa los primeros visitantes. Así fue como el periodista César González Ruano le sugirió a los dueños que usaran la palabra que en uno de sus viajes a Cuba había escuchado, cuando los locales pedían a los camareros que les sirvieran “un chiringuito”. El término gustó y aquel junio de 1949 el viejo Kiosket de principios de siglo, lució por vez primera en España la palabra asociada al verano y a la playa. 

Pero no será hasta 1983 cuando el Diccionario de nuestra Lengua recoja el término, que describe en su primera acepción como Quiosco o puesto de bebidas al aire libre y en su segunda, afirmando que procede de Canarias, “chorrito menudo”. Desde luego las Islas Afortunadas saben y mucho de trasiego cultural con América, de forma que a Canarias se le atribuye lo que nos llegó desde Cuba. Aunque no podríamos dejar de recordar los términos exactos que el español ha usado para los establecimientos dedicados a servir bebidas y comidas. En 1739 la Real Academia recogía la palabra taberna, ampliando los sinónimos con la de tasca en 1914 y aumentando en 1947 los términos con una palabra de origen asturiano, “chigre”, además de recomendarnos que no empleásemos la acepción bar, por ser un anglicismo. Al fin, en 1983, entró en nuestro diccionario el sustantivo “chiringuito”.  Así las cosas, se cumplen 100 años del primer chiringuito español, que se bautizó con este nombre hace 64 años y que es oficialmente una palabra de nuestra lengua, desde hace 30 años, y que hoy, en Sitges, sigue funcionando regentado por Juan Rubio, el nieto de su fundador.

Así que disfruten de los chiringuitos de nuestras costas.

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