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domingo, 19 de mayo de 2013

Rocroi


"Rocroi, el último tercio"
Augusto Ferrer-Dalmau Nieto, 2011.

Eran las 3 de la mañana. La caballería francesa pasó por encima de la formación imperial, compuesta por tercios galones, italianos y españoles. Los únicos que conservaron su posición y no huyeron, fueron los Tercios Viejos, los del maestre de campo Fernando de Quesada y Hurtado de Mendoza, el Conde de Garcíez y los del maestre de Campo Bernardino de Ayala, el Conde de Villalba. Los de siempre. Cuando después de seis horas, Francia asesta la primera derrota que en 150 años había tenido el Ejército Español, aquello que supuso el principio del fin de la Gloria Invicta Española, el mariscal de campo francés Grassion, le preguntó por cuántos soldados había movilizado las tropas hispanas, Francisco Fernández de la Cueva, el último capitán vivo que quedó al frente de nuestros tercios, éste le responde: ¡CONTAD LOS MUERTOS!

Detalle de "Rocroi, el último tercio"
Augusto Ferrer-Dalmau Nieto, 2011.

Casi 4.000 españoles no volvieron a ver su patria, hechos prisioneros. Ese día, lo perdimos todo... Menos el honor. En aquella carnicería donde los nuestros caían con cada envite de la artillería francesa, nadie se movió. Un emisario de Luís II de Borbón-Condé les propuso a los soldados españoles una rendición con honores. Podrían salir del campo de batalla de manera ordenada sin represalia alguna. Conservarían además sus banderas y pendones. Pero a aquellos hombres de hace 370 años, acostumbrados a vivir a miles de kilómetros de casa dejándose la sangre por su Católico Rey y la gloria de España, no les enseñaron algunas palabras. Una de ella, rendición.

Detalle de "Rocroi, el último tercio"
Augusto Ferrer-Dalmau Nieto, 2011.


Hace hoy 370 años los nuestros empezaron a ver cómo la primera potencia del Mundo declinaba. España le dejaba paso a Francia, aunque todavía nos quedara mecha suficiente como para zurrarle la badana al inglés, al francés y al más pintado. Un 19 de mayo de 1643, entre las actuales Francia y Bélgica, por la región de la Champaña, en medio de una selva negra, cerca de lo que también hoy es Luxemburgo, en Las Ardenas, vamos, se podía perfectamente haber escuchado la descripción de un general alemán en la II Guerra Mundial: “Si en el frente os encontráis a un soldado mal afeitado, sucio, con las botas rotas y el uniforme desabrochado, cuadraos ante él, es un héroe, es un español”.


Y luego, la vigorosa pluma del maestro Reverte y la película que intenta recrear su genialísima saga del Capitán Alatriste ha hecho el resto, cuando esa rendición prometida por el ejército francés es contestada por un capitán maltrecho y herido, que a duras penas se puede sostener en pie pero que se aferra a las últimas fuerzas que le quedan para dejarse la vida por sus creencias, por sus ideales y su credo. Y mientras se empeña en que sus moribundos compañeros no se desplomen delante de la “embajada” francesa, para no darle el gusto al enemigo de ver lo que queda de la GLORIA DE LOS TERCIOS ESPAÑOLES, contesta con la cortesía que puede quedar: “le agradecemos sus palabras... pero esto es un Tercio Español. ¡Y sí, hasta ahí habíamos llegado!


Hoy es una fecha para recordar... Cuatro siglos nos separan de una hazaña de la que salimos derrotados pero con algo bien claro: Iberia siempre ha parido leones, aunque en estos tiempos anden viejos y flacos. Al menos, como en el largometraje de Díaz Yanes, nos queda seguir rememorando que fuimos el pueblo más importante y victorioso durante dos centurias. Así que aprendí que el futuro puede ser inspirado por el pasado y me digo: ¡CUENTA LO QUE FUIMOS!

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