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miércoles, 22 de mayo de 2013

Richard Wagner


Fue una de las figuras más importantes de la historia de la música, dominó el llamado romanticismo musical, el siglo XIX y sus óperas, inmortales, cosechan fama mundial, destacando entre ellas "El holandés errante" (1843), "Tannhauser"  (1847) o "El anillo del nibelungo", un increíble drama musical de cuatro óperas que tardó en componer 26 años. Pero si como compositor, director de orquesta y teórico musical pocos epítetos pueden agrandar más si cabe su genio, de lo que no cabe duda es que fue un completo malnacido. Vio la luz tal día como hoy en la judería de la animada población alemana de Leipzig y quedó huérfano de padre a sus seis meses. Su madre busco cariño y calor en los brazos de judío y aquí empieza la más vergonzante historia de uno de los más talentosos artistas de la Historia y a su vez una de las personas más deplorables.

Leipzig debería ser ciudad de peregrinación de la cultura hebraica. En pocos espacios geográficos se ha perseguido con tanta saña al semita como en esta localidad del sureste alemán, en donde se produjo un pogromo en la temprana fecha de 1348, se prohibió la entrada de judíos, en 1800 consiguieron de nuevo asentarse en Leipzig y en el siglo XX, la influencia de éstos en la vida cultural y empresarial de la ciudad era incontestable. En 1933, año de la subida al poder del nazismo, había 15.000 judíos. En 1945, quedaban 24. Pero la población, haciendo justicia, tiene un pasado cultural admirable. Aquí murió en 1750 Bach, en 1847 Mendelssohn y al cabo, Nietzsche. Su universidad goza de gran prestigio, los conservatorios superiores nutren a las muchas salas de conciertos y a la gran Ópera y su urbanismo respira el clasicismo arquitectónico de Centroeuropa. Pero eso no quita que hace hoy justo 200 años, naciera el genial Wagner, persona inconveniente.

El joven Richard se decantó pronto por ideas revolucionarias que lo condujeron a admirar el anarquismo de Bakunin con el que tomó parte en el alzamiento revolucionario de Sajonia, en mayo de 1849, peleando desde barricadas y trincheras. Pasó por el socialismo y sus últimos años fue de un cristianismo completo y ético. Pero cada vez abundan más voces que señalan a Wagner como inspirador y partícipe del nacionalsocialismo alemán y de4 todos es sabido que Hitler se sintió especialmente atraído por su música.

Así llegamos al año 1850. Bajo un seudónimo, escribe “El judaísmo en la música”, panfleto con el que ataca a sus coetáneos judíos caso de Felix Mendelssohn e introduce el tema de la judaización del arte moderno, es decir, acusa a los judíos de ser un elemento dañino y extraño en la cultura alemana. En uno de los párrafos, hace una velada amenaza al pueblo hebreo: “existe un solo medio de conjurar la maldición que pesa sobre ustedes: la redención de Ahasvero: el Exterminio”.

Las tesis de Richard Wagner se basaban en que “el judío era incapaz de expresarse artísticamente, ni por su apariencia exterior, modo de hablar o forma de cantar”. Se atrevió a hacer de su pensamiento, el pensamiento del pueblo alemán, generalizando al punto de afirmar que “los alemanes nos sentimos repelidos por la apariencia y comportamiento de los judíos y siempre nos sentiremos repelidos instintivamente por cualquier contacto real con ellos”. Desde la perspectiva musical, para Wagner, el judío no tenía la herencia del espíritu alemán, por lo que su música siempre sería superficial y artificial, compuesta con el único objetivo de conseguir popularidad, dinero y no una obra de arte.

Representación de la Ópera "El anillo del nibelungo"

Un ensayo de 1865 que tituló ¿Qué es alemán?, fue algo más allá: “el alemán genuino se encuentra representado por una raza de hombres totalmente ajenos a él”. Algunos biógrafos ven ejemplos y patrones antisemitas en sus óperas, como los personajes de Mime en “El anillo del nibelungo”, Sixtus en “Los maestros cantores de Núremberg” y Klingsor en “Parsifal”.

La foto de la familia Wagner: Richard, su mujer Cosima y su hijo Sigfrido.

El matrimonio Wagner tuvo que declinar levemente ante el director de orquesta judío Hermann Levi, que además tomó parte de los primeros éxitos del compositor, ya que dirigió él mismo la orquesta en el estreno de muchos de sus éxito iniciales. En aquellos años, veía la luz la ópera Parsifal y la esposa de Richard, Cosima Wagner, no entendió que Levi le produjera escaso deleite la composición, pero en una carta dejó bien claro por qué no había encantado al judío la obra de su marido: “su condición de judío, lo hace incapaz de entender el contenido de Parsifal, una alegoría del sufrimiento de Cristo”. Luego, el matrimonio intentó hacer lo posible porque el médico se convirtiera al cristianismo aunque Levi se mantuvo fiel a sus raíces judías.

Felix Mendelssohn

Pero si a alguien odió furibundamente fue al gran Félix Mendelsshon (1809-1847) que fue un intelectual absoluto, un prodigio musical, amigo personal e íntimo de Goethe y el que consiguió sacar del ostracismo y olvido a Bach, sin cuya contribución el compositor barroco quizás no sería hoy lo que es. Pues bien, su origen judío, que nunca disimuló, llevó a Wagner a sentir por él absoluto odio, diciendo: “cada vez que toco una partitura de Mendelsshon, me pongo guantes, no puedo remediarlo, me da asco dirigir música de un judío”.

Jacques Offenbach

Pero al gran autor, al maestro de la ópera, al músico romántico por excelencia, al innovador, a Richard Wagner además, hay que tratamiento de inhumana. Acababan de informarle que un incendio había causado la muerte de cientos de personas cuando estaban escuchando una representación de “Cuentos de Hoffmann”, obra del compositor Jacques Offenbach, y Wagner apuntilló: les estuvo bien empleado por escuchar operetas de ese judío.

Su arte es una cosa. La persona otra. Evidentemente, artista y ciudadano no tienen nada que ver. Atacó a Mendelssohn, Meyerbeer, Schumann y aunque a los asesinos no les hace falta mucha incitación, lo cierto es que sin necesidad de probarlo, su antisemitismo fue compartido por Hitler y los cabecillas nazis, que además demostraron abiertamente su amor y predilección por la música de Wagner. El resto, no hace falta descifrarlo. Así que tal día como hoy se cumplen 200 años del nacimiento de un genio... 

Y DE UN HIJO DE PUTA

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