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sábado, 18 de mayo de 2013

Las poetisas de Granada


Año 1090; el pueblo africano de los almorávides entra en la Península y se hace con el control y dominio de todo al-Andalus. Es un pueblo estricto e inflexible que sólo piensa en sus intolerables principios religiosos que no dudan en imponer. Los andalusíes, musulmanes como ellos, reniegan de los almorávides y se sienten atemorizados por su estricta forma de pensar. Desde un principio, el Imperio Almorávide tendrá dos capitales para poder controlar tanta extensión de terreno que abarca desde Nigeria al centro de la península, Toledo. La primera, en el Norte de África. La segunda, verdadera capital de al-Andalus, Granada. Y algo debía tener esta tierra porque la intolerancia almorávide se convertirá en relajada y plácida en la capital del Darro, protagonizando los primeros actos de igualdad entre hombre y mujer de la historia del Islam.

El arte que apoyan y que protegen los almorávides será la poesía, convirtiendo a la Granada de los siglos XI y XII en la ciudad literaria por excelencia del mundo musulmán y en una de las más refinadas de la Europa de su época, pero con la curiosidad de que entre los creadores literarios alcanzarán fama y protección real nada menos que una corte de mujeres poetisas que gozarán de un prestigio y una consideración social que no era propia ni de cristianos ni de musulmanes. Hace 900 años, Granada comenzó a labrar la leyenda de sus mujeres más capaces y cultas.

Es el caso de Nazhum, hija de un juez granadino y amiga de poetas que fue descrita con una belleza arrolladora y que solía realizar versos espontáneamente, por lo que visitó con frecuencia la casa real granadina, entonces las Torres Bermejas, en las que dejaba enmudecidos al resto de poetas que entretenían al mandatario almorávide. Destacó con una poesía libertina, casi sexual, que en vez de ser reprimida se recitaba en las calles y mercados de la ciudad.

Todavía más famosa fue Hafsa, que nació en 1135 y fue protagonista del más sonoro de los romances de la Granada del siglo XII, cuando mantuvo relaciones apasionadas con el también poeta Abú Chafar. Cuando los almohades conquistaron al-Andalus, el hijo del nuevo emperador fue mandado como gobernador de Granada y se le informó que en la ciudad, la corte solía contar con un grupo poético. No quiso ser menos que sus antecesores y mantuvo las reuniones literarias a las que acudían Hafsa y Abú. Pero el gobernador se enamoró de Hafsa que no dudó en tener durante un tiempo un triángulo amoroso entre el mandatario, su esposo y ella misma. Pero al poeta engañado no le iba a faltar tiempo para sostener una conspiración política en contra de los almohades, que sin tuvo como detonante la relación de su esposa con el gobernador. Su castigo fue la crucifixión en los muros de la Alcazaba albaicinera.

Pero Hafsa fue mucho más que una amante real. Su poesía era ingeniosa y se le encargó educar a los hijos del califa mediante versos. Estamos ante la primera mujer de la historia que se encargaba la educación de los posiblemente próximos gobernantes de al-Andalus, algo que no sucederá en Europa hasta el siglo XX, tras más de 800 años. Solía escribir su poesía en la orilla derecha del Genil, en unas huertas llamadas la “Alameda de Muammal”.

Las otras dos excepcionales poetisas nacieron a mediados del siglo XII en Guadix. Eran Hamda y Zaynab, que le compusieron versos a su ciudad natal, al río Genil y al amor de Irak, que es como en el mundo musulmán se define el amor platónico. Las cuatro fueron pioneras, adelantadas a su mundo, a su época y a su cultura. Las cuatro son ejemplo de una Granada que fue durante siglos, la más tolerante del Islam y de cualquier otra cultura y otra fe del Mundo.  

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