Visitas

viernes, 24 de mayo de 2013

El coño de la Bernarda


Las tentaciones de San Antonio. Salvador Dalí, 1946

Cuando uno oye esta expresión sabe que el interlocutor se refiere a algo que no es normal, alguna situación desordenada o simplemente, una referencia a algún barullo. Un equipo de fútbol cuya defensa está desorientada y lenta, ese día “parece el coño de la Bernarda”. Y en un día de rebajas, el local comercial se llena de empujones, prisas y desórdenes tales como para que “sea el coño de la Bernarda”. Pues el origen histórico es harto complicado y anoten en su mente un nombre, Manuel Talens, al que volveremos pronto.

El aquelarre. Francisco de Goya, 1798

Bernarda es un personaje de ficción pero con tintes idénticos y espacios parecidos en los lugares que se disputan ser “cuna” de tan singular mujer. La historia de Bernarda es la de una morisca que vive a finales del siglo XVI en una pequeña población de montaña que en su día fue inmensamente poblada por el pueblo musulmán. En el enclave de Sierra Madrona en la provincia de Ciudad Real, tenemos una de las ciudades natales. Otro es la Sierra Sur en la provincia de Sevilla y al fin, la Alpujarra granadina. Es fundamental el papel que juega la figura de San Isidro, el santo del campo y patrón de la agricultura.

Pero la historia novelada la conocemos gracias al ingenio y la creatividad de un escritor granadino nacido en 1948: Manuel Talens. Médico, novelista, traductor y articulista, en 1992 tiene la idea de homenajear a una abuela suya oriunda de la Alpujarra y decide crear una biografía falsa que a su vez sea homenaje a todos los pueblos castizos y particulares de la compleja geografía alpujarreña. Bajo el título de “La parábola de Carmen la reina”, el autor cada vez tenía más y más datos históricos que avalaran el perfil humano de la comarca y acabó creando una nueva versión blasfema de la Biblia. "Todos los personajes tienen resonancias bíblicas y su estructura se ajusta a la que presenta el Antiguo Testamento, pero mi versión es la de un mesías anarquista que quiere cambiar el mundo, en este caso una mujer que acaba crucificada. Es una obra llena de irreverencias".

Moriscos de Granada, Joris Hoefnagel, 1570

La historia transcurre en un pueblo ficticio: Artefa. Por supuesto, arranca con la Rebelión musulmana de 1568, justo donde aprovecha para insertar la historia de “El coño de la Bernarda”, pero se detiene en contarnos la vida de sus gentes durante la invasión napoleónica o la I República, aprovechando para novelar el origen de expresiones como la que nos ocupa o el de “la flauta de Bartolo”. Y precisamente la vida de los artefeños, que ni existen ni son otra cosa que producto de la capacidad literaria de este granadino, ha sido tomada como cierta y pululan por internet cada vez más entradas y artículos que creen a pies juntillas que Bernarda fue una santera, una curandera de la Granada de 1578 que veía visiones celestiales, interpretaba sueños y atraía la suerte a los labradores de su pueblo.

Pero lo cierto es que el origen de la expresión es imposible de precisar, aunque sí que podemos asegurar que la frase se popularizó a raíz del 8 de septiembre de 1925. Ese día, 13.000 soldados españoles realizaban una gesta militar sin precedentes, desembarcando en la Playa de Alhucemas, en Marruecos, al mando del General Sanjurjo y en el que tomó parte el entonces Coronel Francisco Franco. El Desembarco de Alhucemas fue imitado por el General Eisenhower, que lo reprodujo 19 años después para llevar a cabo el Desembarco de Normandía, el Día D a la Hora H, y que supuso el desenlace definitivo de la II Guerra Mundial.

Pues bien, los españoles llevaban barruntando una operación militar que les devolviera el prestigio en el norte de África. En 1921, los milicianos rifeños habían aplastado al ejército español en el conocido como Desastre de Annual, perdiéndose la casi totalidad de las posesiones españolas en la actual Marruecos y a punto de perder Melilla; así las cosas, y con el objeto de recuperar el territorio perdido y restablecer el Protectorado Español, Legión y Regulares consiguieron vencer la resistencia africana y desembarcar en la Playa del Morro de la ciudad de Alhucemas.

El caso es que el contingente militar tardaría meses y meses en irse de allí. Todavía quedaba muy cerca y caliente en la memoria la derrota de Annual y los españoles no estaban dispuestos a que los rebeldes al mando de Abd-el-Krim se atrevieran a reconquistar las plazas; de todos es sabido que la tropa, necesita de vez en cuando olvidar el “furor” bélico y entregarse al “furor uterino” y a nadie escandaliza que desde Grecia y Roma, un contingente de prostitutas seguían a los soldados a lo largo de sus campañas. Pues al parecer, una de ellas decidió abandonar la Península y cruzar el Estrecho para satisfacer las necesidades de Legionarios y Regulares, al tiempo que llenaría sus bolsillos. De nombre Bernarda, el tiempo que la abundante tropa de élite española estuvo por Alhucemas, pocos fueron los que no visitaron la alcoba de Bernarda y más concretamente, SU COÑO. El resto no hace falta que lo explique.

San Isidro y el milagro del Pozo. Alonso Cano, 1651

Renovada la historia y fortalecida la expresión, venían tiempos poco propicios como para reconocer que el soldado español, como todo hijo de vecino, tenía sus necesidades. El franquismo basaría su gloria en el honor caballeresco del soldado y enaltecería al “caballero legionario”. Así que de nuevo se tendió a fantasear con moriscas, recién convertidas y beatas santurronas que tuvieron “encuentros” con San Isidro Labrador. Por supuesto, en Sevilla, Ciudad Real o Granada, eran todas Bernarda y sus genitales estaban presentes.

"Aquellos polvos". Serie de Grabados de Los Caprichos. 
Francisco de Goya, 1799. 

Luego, ¿qué se pretendía con este mito, con este relato ficticio? Primero, se coloca la figura de una mujer relacionada con la santería, la prostitución y la fe. La idea es disfrazar con bastante éxito una crítica a la santería, ridiculizar las viejas costumbres de muchos pueblos que creen a pies juntillas en poderes sobrenaturales, predicciones y supercherías y al final, dejar claro que el sexo es capaz de realizar milagros. Pero lo mejor, sin duda, es que les deje la historia que en su día introdujo en su novela La Parábola de Carmen la Reina el granadino Manuel Talens y disfruten de su agilidad narrativa... y ocurrencia: 

Una mujer, de nombre BERNARDA, de la que se decía que era hija natural del rey musulmán ABEN HUMEYA, y nacida en torno a mediados del S. XVI, en ARTEFA, pequeño pueblo de LAS ALPUJARRAS granadinas, era una reconocida santera; a caballo entre ambas religiones, en unos tiempos difíciles, recorría las calles de ARTEFA armada con sus tablillas de oraciones, mezcla de versículos coránicos y cristianos (quizás la única depositaria de los famosos LIBROS PLÚMBEOS del SACROMONTE), y era la sacristana de la pequeña ermita en la que los artefaños guardaban y veneraban la imagen reverendísima del SEÑOR DEL ZAPATO. Aunque la fama, como hemos dicho, le venía de santera, que lo mismo enderezaba la pata torcida de un cordero, como remediaba las más diversas dolencias, como dirigía los rezos en ausencia del cura… por lo que era, ciertamente, mujer conocida y querida entre sus vecinos.

Una buena noche la mujer fue sorprendida por unos toques en la puerta de la pequeña ermita, en la que de común solía habitar, en una pequeña dependencia aneja. Asustada abrió la puerta y vio que, embozado en su capa, no sabiendo muy bien si por el frío, o por salvaguradar su intimidad, se encontraba D. AURELIO DEL ALTO OTERO, a la sazón segundo Conde de ARTEFA, que venía, pese a lo alto de la madrugada, a solicitar su consejo, ya que, según él, había tenido un sueño que le tenía profundamente alterado:

Tuvo una visión en la que vide los graneros de ARTEFA todos vacíos, y secos, con homnes e mulleres famélicos, que ploraban lagrimas a sus puertas y nadie podía façer nada… de repente, en medio de todos eles, aparecíase el Conde mesmo, lamentándose por la suerte de las gentes de su pueblo, y sin poder façer nada, alzaba los ollos al cielo esperando una respuesta, aparecióse entonces la figura, que él creyera de SAN ISIDRO LABRADOR, y una voz en el cielo que decía desta manera: San ISIDRO labrador, quita lo seco y devuélvele la verdor…

Sorprendióse la buena mujer con el relato del Conde y contóle que ella había tenido otro sueño parecido, una noche en el que se acostó apesadumbrada por haber dedicado su vida a los demás, no haberse casado y no haber tenido hijos, pues, según ella: “No es buena la mujer de cuyo higo non salen fillos”, pero que en ese momento, apareciósele, de semejante manera, en su habitación, la figura de San ISIDRO labrador que metiéndole la mano en la raja, de donde gustóse tanto la santa mujer que creyera entender por fin el significado de la expresión “tener mano de santo” y al punto casi de morir, por el arrobamiento experimentado, creyó ella oír, por boca del santo labriego, la misma expresión: San ISIDRO, labrador, quita lo seco y le devuelve el verdor… Tras compartir su sueño con el Conde dijóle que “las cosas del Senyor no son para los ignorantes entendellas, por eso fuera la divina misericordia las que las desentrañase, si plúgole a Dios esa gracia”.

El Conde se fue, casi con la misma duda que traia, pero lo cierto es que, desde su entrevista con BERNARDA, las cosechas de ARTEFA se sucedieron sin parar y no hubo la hambruna temida por el Conde a raíz de su sueño. Por eso, el Conde, hombre religioso y devoto donde los hubiera, compartió el secreto de su visita a donde la BERNARDA, con el cura del lugar D. HIGINIO TORREGROSA, quien, en la homilía del día siguiente, se dedicó a cantar, desde el púlpito, las alabanzas de Dios que tantos “bienes e menesteres plugóle mandar sobre esta sancta terra nuestra de ARTEFA, por mediación de la muy noble, e sancta muller de BERNARDA, o más bien, por medio del figo della, o sea, del coño suyo benedito” Con todo, había un artefaño, conocido como MANOLICO, EL TONTICO, que se pasó todo el día, en la plaza del pueblo, gritando a voz pelada “que non se creyera lo de la sancta BERNARDA, que ninguna muller es sancta por donde mea, así en el infierno arda”. Indignada BERNARDA con estas palabras mandólo traer a su presencia y allí, en la intimidad de la ermita díjole: “Mete tu mano en el coño bendito, a ver si miento, en lo que siento, y sea tu escarmiento” Hízolo así el pobretico MANOLICO, EL TONTICO, que desde entonces, pues nadie vio el milagro escondido, se hizo el más célebre predicador del figo benedito de su paisana artefaña por toda la ALPUJARRA granadina.

Las bendiciones se sucedían sobre el pueblo de ARTEFA, diciendo las crónicas que: “todos los homnes, e mulleres, de los derredores, allegábanse a casa la BERNARDA, a tocar su coño benedito, y por doquiera la abundançia manaba: las mulleres daban fillos sietemesinos fuertes como cabritillos, y las guarras parían cochinillos a porrillo, las cosechas se multiplicaban y hasta las gallinas empollaban ovos de sete yemas…”

Más BERNARDA murió, como corresponde a todo ser mortal, y la enterraron entre gran llanto y duelo de sus gentes, que a partir de ese momento, como maldecidos por la ausencia de la buena mujer, sufrieron en sus carnes todo lo que aquella, quizás en vida evitara: Terremotos, abortos en el ganado y las mujeres, cosechas baldías, todo parecía perderse y la vida se malograba en ARTEFA… Sin embargo cuenta la lyenda que un buen día que: “Una muller del pueblo, ploraba lagrimas de seus ollos al sepolcro della, vióse sorprendida por unas luminarias que ascendían del sepolcro, asustada e enloquecida corrió a presencia del señor cura párroco, que ordenó desenterraran el corpo morto de la BERNARDA, hallando, todos los presentes, con el Notario de ARTEFA al frente, que la BERNARDA polvo era, como es la suerte de nuestros padres, salvo su figo incorrupto, rojo y húmedo qual breva” El párroco, D. HIGINIO TORREGROSA ordenó el traslado del despojo santo a la parroquia, donde enseguida lo colocaron en un relicario, llamado desde entonces el COÑO DE LA BERNARDA, por la urna de oro y la forma de lo que dentro conservara… y que no hubo nadie que al contacto del relicario no recuperara la abundancia en cualquier empresa que emprendiera.

Tanta fe le tenían en ARTEFA al coño de la BERNARDA que el propio párroco, y siempre según las crónicas: “Decidió, junto con el Ajuntamiento de la ciudad, elevar el asunto a la disquisiçión de los notables de la Sancta Madre Ecclesia Metropolitana de GRANADA, solicitando si pluga a ella, la sancta e pronta canonizaçión de la santa BERNARDA de ARTEFA”. Al parecer, el por aquel entonces Arzobispo de GRANADA, D. PEDRO CASTRO VACA Y QUIÑONES, más preocupado en vigilar de cerca de los moriscos falsamente convertidos a la “fe verdadera y noble de nostro Senyor IesuChristo”, y alentando a la Inquisición, no estaba mucho por la labor de apoyar una petición de canonizar a una santera nada más conocida en su pueblo, amén de que, como expresivamente decía la misiva, remitida al Ayuntamiento de ARTEFA: “Dicen los senyores teologos e dominicos desta Ecclesia de GRANADA que nunca oyóse en toda la christiandad, que el Senyor Papa gobierna, y Christo benedice, que nada bueno saliera del coño de una muller, a no ser el Senyor mesmo IesuChristo, de su Sancta Madre, con todo Virgen, e que por eso la devoçión popular del coño de la BERNARDA era cosa perniçiosa que devía ser desterrada, so pena de mandar la inquisición a façer las pesquisas oportunas”.

Con tal respuesta, D. HIGINIO TORREGROSA, según siempre las crónicas: “Una noche del 9 de Abril, del año de Nuestro Senyor IesuChristo de 1.609, alumbrado solo por dos candelas, y con el Notario por unico testigo dello, colocó el sancto reliquario del coño de la BERNARDA, tras un emparedado debaixo de la ventana de la Sacrestía, donde permaneciera hasta que la Ecclesia mudara su razonamiento sobre este singular suceso, y asi la buena BERNARDA trajera de nuevo la benediçión sobre el pueblo della”.

Y no sé si verdad o mentira, esto es lo que se cuenta del célebre coño de la BERNARDA, con todo, si queréis saber algo más de la historia, podeís leer la crónica, que en su día redactara D. HIGINIO TORREGROSA titulada: “Relación de las cosas verdaderas que acotescieron en Las Alpuxarras en lo que se refiere á una piadosa muller llamada la Bernarda, y al coño della, que fizo grandes milagros para la gloria eterna de Dios nuestro Senyor y de la Sancta Madre Ecclesia, escrita por el Licenciado Higinio Torregrosa, Cura Propio de la Ecclesia del Sancto Christo del Zapato desta ciudád de Artefa”

No hay comentarios: