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martes, 28 de mayo de 2013

Cuando la Alhambra se tragó un trozo de Nueva York


¿Quién no conoce el edificio Chrysler? Fue durante once meses el edificio más alto del Mundo y gracias a su antena logró sobrepasar la altura de la Torre Eiffel por lo que se le consideró la construcción más alta del Mundo. Durante 40 años ostentó la nada despreciable posición del segundo edificio más alto del Planeta y tal día como hoy se inauguraba públicamente, por lo que estamos celebrando su 83 cumpleaños. Es un icono de la arquitectura contemporánea, un referente paisajístico en el cielo neoyorkino y un escenario al aire libre para la buena cantidad de películas que han reparado en su cuidada y originalísima estética y lo han inmortalizado para la historia. Pero, ¿se creen que el Edificio Chrysler puede tener algo de granadino?

Portada del Nº 4 de El Europeo. En el artículo "La Giralda de Nueva York" se cuenta la curiosa anécdota.

La anécdota es tan creíble como imposible y empezó a fabricarse en la Alemania de finales de los años 20 del pasado siglo XX, cuando una revista de arquitectura se atrevió a incluir un artículo referente al Edificio Chrysler, entonces el techo del Mundo, que hablaba de un diseño preparatorio del gigante de hormigón escondido bajo la Alhambra. En una Alemania prebélica que tendría que vivir el horror del régimen nazi y la II Guerra Mundial, con una posguerra cruenta que dividió en dos al país, el artículo pasó desapercibido y la historia que narraba, cayó en el olvido como la revista especializada que lo incluyó en sus páginas. Pero será a través del periodista español Diego Carrasco que nazca y renazca a manera de cuento una de las leyendas más intrigantes que tienen como escenario la Alhambra, y que el mencionado articulista publicó en el número 4 de la Revista “El Europeo”, correspondiente al mes de septiembre de 1988. Esta Publicación mensual de carácter cultural fue editada por Desarrollos Turísticos SA (Detursa) y publicaba su último número, el 41, en el mes de marzo de 1992. Algunos años después, renacería con menos brío editando algunos números hasta al menos, la cincuentena.

Sala central de lecturas de la Biblioteca Pública de Nueva York

En ese cuarto número, Diego Carrasco asegura que encontró en la Biblioteca Pública de Nueva York, dentro de las cámaras depositarias de tesoros, una breve nota en una revista alemana de los años veinte, dedicada a la arquitectura, y que ya no se edita, y ese artículo contenía el siguiente relato, debido al periodista John J. Healey, y que a pesar de su narrativa ficticia, constituye un ejemplo más de la veneración que medio Mundo profesa por los Palacios granadinos. El texto, dice literalmente así:

William van Allen, diseñador y arquitecto responsable del Chrysler Building

“Al parecer, cuando Walter P. Chrysler encargó a Willian van Allen que diseñara un edificio para la Chrysler Corporation, en 1928, el secreto era de la mayor importancia. El rascacielos constituía aún un concepto atrevido y nuevo. Chrysler quería tener el edificio más alto del mundo. Numerosas compañías estaban contemplando la posibilidad de unas vías igualmente fálicas de ensalzar su virilidad capitalista y, como no, el diseño del más grande era de gran valor.

Albercón del Negro, por donde se conducía el agua hasta el Palacio de los Alixares

A fin de eludir a los espías arquitecturales de otras firmas, se decidió edificar y probar un modelo definitivo en un país extranjero. Gracias a una amante de Chrysler, “una belleza de Granada”, de familia bien, la elegida para el proyecto resultó ser España. Más específicamente, se convino en que todo el trabajo se llevase a cabo en dos enormes túneles cuya existencia era conocida sólo por unos pocos privilegiados. Ambos túneles tenían aproximadamente un kilómetro de longitud y habían sido hechos por los musulmanes en 1394, para conectar la Alhambra con el Generalife.

Puente del Rey Chico, inicios de la Carrera del Darro hacia el Carmen del Granadillo.

Se accedía a ellos a través de una amplia bóveda hallada en los sótanos del edificio que por entonces ocupaba una discoteca, un night club, “El Rey Chico”, cerca del Paseo de los Tristes, y tanto hombres como herramientas entraban y salían siempre de los túneles de noche donde los diversos diseños y materiales fueron puestos a prueba durante un periodo de dieciséis meses. Con la nueva aleación de aluminio, que por entonces se eligió para realizar buena parte de la superficie exterior del edificio, se construyó, acostado, un modelo de tamaño natural del rascacielos Art Deco.

Van Allen disfrazado como su edificio, en una fotografía de época del Diario The Daily.

Mientras Granada dormía, mientras las estaciones cambiaban en el recinto de la Alhambra, debajo de sus cimientos, muy hondo, crecía el edificio como un inmenso cohete plateado. Se hicieron planes para edificar la estructura final en esos túneles, para luego enviarla por barco a Estados Unidos, en piezas que luego se montarían en el emplazamiento de la calle 42 y la Lexington Avenue, en Nueva York. Cuando el modelo estuvo terminado se dio un baile de disfraces con tema morisco-futurista para todos los que habían participado en la empresa secreta. Los técnicos se vistieron como seres llegados del espacio exterior, y con esos atuendos bailaron con secretarias ataviadas con sugestivas ropas de doncellas árabes.

Baile de disfraces de la Sociedad de Bellas Artes de Nueva York en el Carnaval de 1931. 
De izquierda a derecha: Stewart Walker como el Edificio Fuller, Leonard Schultze como el Waldorf-Astoria, Ely Jacques Kahn como el Edificio Squibb, William Van Alen como el Chrysler, Ralph Walker como  Wall Street, De Ward como la Torre Metropolitana y Joseph H. Freelander como el Museo de Nueva York (MOMA).

Un guitarrista flamenco fue llevado del Sacromonte, con los ojos vendados, y se dice que la fiesta se prolongó hasta el amanecer. De una manera bastante profética, Van Allen mismo, según se decía, se había presentado de Boabdil, el último rey moro de Granada. El ruido de la extraña fiesta, por fin, llegó hasta el Patio de la Acequia, donde dos estudiantes habían pasado la noche. Los jóvenes siguieron el ruido hasta su origen por una de las tomas de aire del túnel, y así llegaron junto al reluciente rascacielos que yacía tumbado, mientras electricistas que parecían marcianos y jóvenes esclavas de Nueva York bailaban el charlestón fumando Camel.

Puerto de Motril en 1928.

Uno de los estudiantes, una jovencita de Jaén que, por lo que se dice, tenía un parecido asombroso con Evelyn Nesbit, murió de inmediato de un ataque al corazón, en tanto que su compañero sufrió un colapso psicótico que le redujo a pasar el resto de su vida ingresado en una institución para enfermos mentales en Extremadura. A cambio de mantener acallado el escándalo, Van Allen y toda su concupiscente compañía de ingenieros se tuvieron que largar. Zarparon una noche del puerto de Motril, con planos y todo, en el yate privado de Walter. P. Chrysler, a cuyo bordo – según se dice – la fiesta continuó una semana más. Los túneles fueron sellados con el edificio todavía dentro. Ahí está, silencioso y vacío, aún hoy, enterrado, como una espada galáctica...

Construcción del Fair Store Building de Chicago en 1890

Lo cierto es que el primer rascacielos del Mundo nació en Chicago y se inauguró en 1885. Tenía diez plantas de altura y sus dimensiones demuestran lo mucho que ha cambiado el concepto de rascacielos en el último siglo, ya que empezó considerándose a un edificio como rascacielos si superaba las doce plantas y hoy día, el organismo estadounidense “Council on Tall Building and Urban Habitat” (CTBUH) con base en Pennsylvania, dice que un rascacielos “es un edificio en el que lo vertical tiene una consideración superlativa sobre cualquier otro de sus parámetros y el contexto en que se implanta”.  O dicho de otra manera, un rascacielos en Singapur no podrá tener la misma consideración que en un pueblo rural de España. También existe un criterio basado en altura bastante popular, situando el límite inferior en unos 500 pies (152,5 metros) de altura. A partir de 1000 pies de altura (unos 305 m) un edificio suele ser considerado rascacielos súper-alto.

El Edificio Chrysler decorado con los tapacubos de los automóviles de la década de los 20

En efecto la Escuela de Chicago, patentó un estilo arquitectónico surgido a finales del siglo XIX, pionero en la introducción de nuevos materiales y técnicas para la construcción de grandes edificios comerciales y que se atrevió hace ahora 130 años a desafiar cualquier proyecto anterior, con edificios de entre 10 y 16 plantas, ejecutados bajo el historicismo (ponían sus ojos en estilos del pasado) y que tuvo en la figura de William Le Baron Jenney (1832 - 1907), al padre de la Escuela de Chicago. Él fue el que proyectó el “Home Insurance Company Building” en 1884, inaugurándose un año después y convirtiéndose en el primer edificio construido con esqueleto de hierro y características de rascacielos. Pero será Nueva York quién se lance a la carrera de construir edificios gigantes hasta llegar al soberbio Edificio Chrysler.

Las tapas de los radiadores de los Chrysler de hace 90 años en las esquinas del Edificio.

Obedece al estilo art decó, o en otras palabras, el modernismo español. Su ornamentación está basada en los tapacubos de los Chrysler de los años 20 y en las esquinas del piso 61, se reproducen las tapas de los radiadores de los automóviles de los años 1928 y 1929, que sirven para que de ellos salgan las imponentes gárgolas que lo decoran. En 2005, el Chrysler fue considerado el edificio favorito de los neoyorkinos que lo votaron como el más representativo y elegante de la ciudad.

¿Pudo algún día ser diseñado bajo el umbrío estómago de la Alhambra?

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