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lunes, 1 de abril de 2013

Semana Santa en Granada 2013


La Semana Santa ha de volver a la pureza con la que la vivimos en nuestros días infantiles. Ha de volver a abrirnos los ojos, como el palio de los Reyes, como el palio de la Esperanza, como el palio de Salesianos y la Hermandad del Silencio. Ha de volver a entusiasmarnos, a hacer que no podamos controlar los nervios a pesar de los años, como le sucede a Francis Barroso.  Ha de ser tan devota como esos nazarenos que incluso en hermandades de barrio regresaban cubiertos a sus casas. ¡Me golpeasteis el alma! Debe servir para el reencuentro de viejos amigos, como ese Miércoles con Manolo Ocón. ¡Guardo tu foulard con el cariño que me lo impusiste! Y ha de abrirse a la visita de tus hermanos. Carlos, Mela y Carlos Jr. lo hacen con fraternal puntualidad. Debe servir para evocar momentos imborrables de mi vida, al lado de mi hermano, de mi maestro Paco Estarli. Doy por buena la lluvia, que me hizo volver a compartir contigo el paso de una Hermandad.  Y te ofrece el sentimiento a flor de piel de los que quieres porque lo merecen, como disfrutar de la Salesiana Salud al lado de Francisco Abuín, de vivir una auténtica hermandad como cada madrugada de Lunes Santo por Escutia, con los de siempre, o de estrechar a los viejos y cariñosos hermanos que rigen los designios de la tuya en San Antón. La Semana de los reencuentros, cuando la niña Victoria te busca. Qué guapa fuiste, eres y serás. Y ahora que monté casa por la Calle Pan, volver al que fue durante años tu cuartel general, es simplemente un ejercicio emocional. A los León, mi gratitud por sacarme una sonrisa. Y la alegría por ver a mi prima Rocío Jiménez. Hacía años que no vivía con la familia una Semana Santa.

Juan Manuel Facal y Ana Pereira han sido ojos donde no hemos llegado. Ya sabéis, cosas del transistor de los antiguos. Te eché de menos, Juan Morillas. Sea porque trabajo, es trabajo. Y la llamada de Óscar García la mañana del Lunes Santo no tiene precio. Ni la de Macarena Casares. A mi Manuel Peregrina, que el año que viene haya previa que este no hubo. Pero, ¡quién dijo que los balances no han de disfrutarse!... Pero hay dos personas que merecen un lugar especial esta Semana Santa, por distintos motivos y un mismo sentido. El primero de ellos ha representado la pureza sin revueltas de entender junto a un hermano, el más gracioso, ocurrente y sentido, qué es Granada a lo largo de ocho días. Gracias, Pedro Segura, por hacerme reír aun cuando la cosa no estaba para ello. El segundo, Ricardo Piazza. HACERSE 2.100 kilómetros para sacar al Santo Crucifijo de San Agustín, como cada año, es simplemente arrollador. Cuando te vi el Sábado de Pasión me volviste a emocionar. Si otras hermandades tuvieran un costalero como tú, lo sabría medio Mundo. Con hermanos como tú, italiano de mis entretelas, esto parece tener sentido.

Vencido por la lluvia hasta dos veces. Nunca derrotado. El Santo Crucifijo sigue esperando cada día de cada año, y así 500... La Madre metida a Novia con la Victoria hasta en su devanadera, tres cuartos de lo mismo. No sé qué será de 2014, sé que Semana Santa es algo demasiado intenso como para no vivirla de la manera que merece. Las hay más fructíferas y más gloriosas. La de este año me ha recordado que está hecha por personas, no por bordados ni números; no por estadísticas ni cifras. Y sin tantos que ahora olvido, no sería igual. Ni acaso Semana Santa. Por eso, estos ocho días, no me pidáis que los viva en otro sitio que no sea mi GRANADA.

2 comentarios:

J. Carlos Medina dijo...

Gracias por regalarnos el valor y el verdadero sentido de la Semana Santa porque reconozco que sin tí no sería lo mismo.

Manolo Sánchez y Salmerón dijo...

Querido David: Tal como pronosticabas el Sábado de Pasión por la noche la Señora de la Victoria no salió a las calles por lo que, será el próximo año y yo con mi familia carnal y con la adoptiva de la Cena haga Estación de Penitencia completamente recuperado. Tenía papeleta de sitio para estar dentro y disfrutar la salida pero consideré que no debía obstaculizar el momento y tampoco debía emocionarme por esto de la recuperación pero, mi corazón, estaba con todos vosotros.