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lunes, 8 de abril de 2013

Picasso


A cuarenta años de la muerte de uno de los más universales artistas de la historia, las controversias que conocemos sobre su propia biografía, contrastada o inventada, aumentan más si cabe la estela del pintor de Málaga y confunden al ciudadano. ¿Fue realmente un autor político y politizado o por el contrario su imagen y su obra se han usado flagrantemente con el objeto de hacerlo casar con una ideología concreta? ¿Pintor de izquierdas o simplemente antifascista, como la mayoría de los ciudadanos con dos dedos de luces? ¿Cubista o revolucionario sin posibilidad de que se le puedan atribuir etiquetas concretas a su arte?

A propósito de esto último, nos sirve como referencia la obra “Las Señoritas de Avignon” que el autor terminó en agosto de 1908, pero que no se convierte en un icono del arte contemporáneo hasta que fue adquirido por el MOMA de Nueva York en 1939. No mucho antes el crítico de arte Andrè Salmon propuso el título y lo definió como la primera obra cubista del Mundo. Corría el año 1920 y a Picasso aquella definición le causó cierto pavor. Mientras los “expertos” intentaban explicarle que acababa de inventar un  nuevo estilo, el malagueño decía, aseguraba y porfiaba que en realidad se había limitado a hacer una copia exacta de Las Meninas de Velázquez. Era entonces su marchante Daniel-Henry Kahnweiler, que ha pasado a la historia como el verdadero promotor del cubismo. Éste, le explicaba a Picasso que en efecto, su obra era el acta fundacional del nuevo estilo y al pintor le produjo verdadero recelo que alguien interpretara su arte cuando no había querido expresar precisamente eso.

Tal fue así que terminó despidiéndolo y asegurando que él había intentado, con ese lienzo de 3 x 2 metros, rendir homenaje al famoso lienzo barroco de Diego de Velázquez (1656), ya que respondían a la perfección al canon praxiteliano y a las normas del hiperrealismo pictórico. Más que una reinterpretación, eran una fotocopia. Una serigrafía, en realidad. Más aún. Una réplica exacta. Sólo a partir de los años 50 del pasado siglo XX, Picasso, conmocionado por haber sido el patente de un nuevo estilo, terminó por aceptar que en efecto, aquello que pretendió entre enero de 1906 y agosto de 1908 no era otra cosa que cubismo.

En 1991 se publicaba una obra definitiva e imposible de Picasso. Su autor, fue amigo personal del pintor durante casi 13 años y mantuvo una gran amistad con su viuda Jacqueline. Ese 1991, John Richardson publicó  “A life of Picasso”, la más monumental de las biografías del malagueño y obra capital para entender su arte y si me apuran, su vida. Hay una serie de afirmaciones de quién lo conoció tan bien que cambia drásticamente el concepto que tenemos del pintor. Una entrevista que concedió el biógrafo al diario El País es absolutamente reveladora: “Yo, que he conocido a Picasso, me doy cuenta de lo paradójico que era. Lo único que fue una constante en él fue su hispanidad. Y es por eso que he querido siempre escribir sobre él como un artista español”. Ya tenemos la primera de las curiosidades: PLENAMENTE ESPAÑOL Y ORGULLOSO DE SERLO. Otra cuestión que desvela es muy interesante. A lo largo de esa entrevista, desvela un dato que genera controversia y que acaba de una vez por todas con la pretendida identidad izquierdista del pintor: “Creo que es una gran equivocación ver a Picasso como alguien que tuvo un fuerte componente político hasta los años treinta. Cuando era joven no tenía un punto de vista político muy definido. No hay ninguna evidencia que lo pueda ligar a los anarquistas, por ejemplo. Era apolítico de joven”. Entonces, ¿cómo se explica que se afiliara al Partido Comunista? Creo, y esto lo dice el que suscribe esta entrada, que el esnobismo es una enfermedad que padecen también los genios...

Pero el gran escándalo que siempre envolverá a Picasso en un halo de misterio es el que sucedió el 21 de agosto de 1911. Esa mañana, el Museo del Louvre descubría que alguien, HABÍA ROBADO NADA MENOS QUE LA GIOCONDA. Fue entonces cuando la policía francesa decidió investigar a todas aquellas personas que hubiesen visitado el museo en las últimas semanas y esto los condujo hasta el poeta y padre del surrealismo, Guillaume Apollinaire y de éste a Pablo Picasso, que poco antes había comprado dos pequeñas esculturas robadas al Louvre. Dos años después, se descubrieron a los verdaderos autores materiales, Vicenzo Perugia y su contacto con el arte, Eduardo Valfierno, que cometió la torpeza de ofrecerle al Director del Museo de los Oficios de Florencia, nada menos que a Mona Lisa. Lo que ahora vuelve a estar en la palestra es la vida azarosa y extraña que Picasso y su círculo de amigos tenían. ¿Participaron de alguna forma en el robo?

Al fin, ya hemos hablado bastante y en esta misma Alacena de “Guernica”. ¿Se pintó antes o después del famoso bombardeo de la aviación alemana? Son muchos los datos que atestiguan que el cuadro se había concluido antes; lo que sí es cierto es que Picasso recibió un encargo antes de este bombardeo por parte de la Legión Cóndor para decorar el Pabellón de España en la Exposición celebrada en París en 1937. Y a fin de cuentas, si en su día se negó a reconocer que las Señoritas de Avignon era el comienzo del cubismo y dejó claro que nunca pretendió otra cosa que copiar (e interpretar) el lienzo de Velázquez, ¿por qué no hemos acabado por politizar a Pablo Ruiz Picasso, como también hicimos con Federico García Lorca?

¡Hoy se cumplen 40 años de la muerte del malagueño más universal, del pintor contemporáneo más revolucionario y audaz! Y las cosas, no siempre son como uno cree

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