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domingo, 21 de abril de 2013

Madrid 2020


Los Juegos Olímpicos Modernos se celebraban en aquella Atenas griega de finales del siglo XX. Al fin, el barón Pierre de Coubertin lograba que el deporte tendiera puentes entre naciones un 1896. Pero han sido muchas las ediciones y más aún las convocatorias necesarias para perfilar lo que hoy es el protocolo olímpico, los signos de identidad de cada una de las ediciones, caso de las entregas de medallas, que en las dos primeras ediciones sólo fue de plata y bronce al primer y segundo clasificado, y en las de Sant Louis (EE. UU.) de 1904, se fijó ya las de oro, plata y bronce. O la bandera con los cinco anillos y el lema “Citius, altius, fortius”, que hasta 1914 no se adoptó y hasta los Juegos de Amberes de 1920, no se hizo pública. Algo parecido ocurre con la llama olímpica,  que tal vez resulte imprescindible a tenor del protocolo, casi ritual que envuelve a su conducción, pero que hasta 1928 en los Juegos de Ámsterdam no se introdujo y hasta los de 1936, en el Berlín nazi, no se incluyó el recorrido de la antorcha.

Pero de todas las curiosidades que envuelven las 27 ediciones que a lo largo de estos por ahora 127 años de historia (hay que recordar que sólo 3 ediciones fueron suprimidas por las dos guerras mundiales, que de no haberse sucedido nos darían las 30 ediciones que van de 1896 a 2012 por ahora), lo que más nos sorprenda es el listado de deportes que han sido olímpicos y ya no lo son. En la actualidad, a la espera de que golf o karate ingresen entre las disciplinas deportivas que el Comité Olímpico Internacional tiene a bien fijar, hablamos de 35 deportes con sus correspondientes disciplinas; pero, bien unas pocas ediciones, hubo algunos que yacen en la memoria y hoy día no deja de sorprendernos.

Es el caso del “Tiro de paloma o Tiro al pichón”. No hubo de gozar de muchos seguidores ni contar con la aquiescencia de la organización en tanto sólo se pudo incluir en los Juegos de 1900 celebrados en París. Las aves eran liberadas frente a cada participante y el ganador era el competidor que derribaba el mayor número de ellas. El participante era eliminado si dejaba escapar dos pájaros vivos. La foto de arriba muestra algunos de los participantes, mientras que el ganador fue el “deportista” belga Leon de Lunden, que acabó con 21 palomas o pichones.

Otro deporte mucho más pacífico y menos violento, fue el “Tiro de cuerda o concurso de cuerda”, que permaneció entre el olimpismo por espacio de 5 ediciones, desde 1900 a 1920. Amberes tuvo la última oportunidad de disfrutar de una disciplina en la que los deportistas se agarraban férreamente a una soga por espacio de cinco minutos, en el intento de desplazar al rival sin ser desplazados, al menos seis metros. Si nos e había logrado tal distancia, se daba por ganador al que hubiera conseguido mover más metros al rival. Propia de juegos infantiles o de campamentos juveniles, al menos hoy día, la “Sogatira” fue el deporte rey de suecos e ingleses, ganadores en dos ocasiones cada uno, yendo la quinta victoria que nos falta a manos estadounidenses.

No deja de sorprendernos un deporte que se celebró en 7 ediciones, las cinco que van de 1908 a 1924 y dos más, entre 1952 y 1956. No sabría si llamarlo “Tiro al ciervo” o “Falsa Caza”, puesto que consistía en dispararle a una diana móvil con forma de ciervo o astado, desde una distancia de 100 metros. La diana pasaba de izquierda a derecha del “tirador” recorriendo casi 25 metros de longitud en 4 segundos. Llevaba varios anillos concéntricos dibujados en su silueta para comprobar el acierto del “fusilero”. El ciervo falso le dio un magnífico resultado al sueco Oscar Gomer Swahn, ganador en las ediciones de 1912, 1916 y 1920. Pero lo curioso del caso es que en estas últimas, celebradas en la ciudad belga de Amberes, estaba a sólo unos meses de cumplir los 73 años, siendo aún el deportista olímpico que con más edad ha formado parte de unos Juegos.

Otro deporte más que curioso, más que sorprendente, es este que he venido a llamar “Duelo”. Con sabor medieval, al menos por su carácter retador relacionado con el honor y los principios, nació a raíz de estos “duelos” que hasta época romántica estuvieron en boga en la vieja Europa. Pero para fortuna de los participantes, el rival no tenía que andar de espaldas al contrincante y luego espetarle, descerrajarle un tiro, sino que se usaba un maniquí a distancias de 20 y de 30 metros, manteniéndose entre 1900 y 1912 (en los Juegos de Estocolmo se vivió la última convocatoria de esta disciplina) dentro del olimpismo. El representante de Inglaterra, Cosmo Duff Gordon, lideró el equipo británico. Ganó en la edición de Estocolmo y su suerte no hizo más que empezar, porque ese mismo año, se libró nada menos que del hundimiento del Titanic. Una medalla y la supervivencia de tan histórica desgracia, lo hace uno de los olímpicos más afortunados.

Si hubo un deporte tonto, un deporte absurdo o cuando menos inesperado para los amantes de la vida sana y seguidores de las Olimpiadas, éste fue el que en 1904 y posteriormente en 1932, se convocó. Bastaron dos ediciones para ponerlo en tela de juicio y además con un parón de casi tres décadas entre una y otra. Hablo de la disciplina de los “Juegos malabares”, que al final, fue descartada por la organización alemana para los Juegos de 1936 y a la postre por el COI, aludiendo que era más propio de la práctica circense que de unos Juegos Olímpicos. Y en verdad, razón no creo que les faltara.

Por último, un rudo deporte contó con 4 participaciones, estrenando los Juegos Modernos de Atenas de 1896, en los que se presentó. Digamos que el nombre que mejor podemos otorgarle es el de “Subir la cuerda”, con el objetivo de trepar utilizando sólo las manos y la fuerza física, por una soga suspendida de un mástil en dos modalidades: la de 6 y 7,5 metros de longitud. Pero se está trabajando y mucho en esta disciplina, en tanto anualmente se convoca el Campeonato de España de Técnicos de Proyección Vertical, como hoy día se conoce, otorgando las condecoraciones en las categorías de velocidad, resistencia y “circuito”, una serie de pruebas de habilidad. 

1 comentario:

Saturnino José dijo...

Técnicos de proyección vertical. A lo que llega la tontería del lenguaje a veces. De todas formas, no lo veo mal como deporte olímpico.