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miércoles, 24 de abril de 2013

La mujer más bella de la Historia.


Brigitte Bardot, una mujer de belleza aplastante

Cuadros y largometrajes; hoy día puede que series de amplia difusión; por supuesto, las pasarelas cargadas de glamour. Hablo de la belleza femenina, de los modelos, de los iconos que han quedado inmortalizados, del ideal de belleza con el que el hombre ha soñado a la mujer a lo largo de la historia. Da igual que sea el mito erótico por excelencia, Marilyn Monroe. Porque lo cierto es que hoy día, sería una cándida rubita pasada de kilos. Da igual que se trate de la top model por excelencia, Claudia Schiffer, hoy ya olvidada. Puede que sea la tentadora imagen de las actrices mejor pagadas, como Mary Pickford, la más deseada (dicen que la mujer más conocida en el Mundo hasta 1925, amén de la mejor pagada y la más poderosa) de todas, conocida como “la novia de América”. Hoy día, la belleza salta de Candice Swanepoel, Bar Refaeli, Irina Shayk o Scarlett Johansson a las famosas de las series. Hemos pasado del gusto barroco que inspiró a Pedro Pablo Rubens al sofisticado tipo (a veces en exceso) que ha patentado el diseñador francés. Da igual, la belleza, como en el cuadro de Valdés Leal, es efímera...

Candice Swanepoel

O no. Porque todos los ejemplos que he puesto, caducaron. Ningún joven de hoy en día ve a la Monroe como la bomba sexual que sus padres y sus abuelos anhelaron. A lo mejor es más intemporal la belleza de Audrey Hepburn pero peligrosamente tachada de insana la de Helena Fourment, una de “las Tres gracias”. Y si la alemana Claudia Schiffer se “ajó”, lo harán las supermodelos que Victoria Secret y las mejores firmas de moda se disputan y de las que he puesto ejemplos arriba. Menos una; la que más ha sido pintada, retratada, usada y demandada. La que más Museos llena con su rostro y la que protagoniza las escenas pictóricas más trascendentales. Una, una y nada más que una que es inmortal como los lienzos y los óleos gracias a los que cobra vida. Una, que fue la obsesión de Sandro Botticelli, la pasión de Guirlandaio y que a diferencia de la Monroe o la Schiffer, o de Alessandra Ambrosio, Adriana Lima,  Gisele Bündchen o Heidi Klum actuales, jamás fue profesional, posó o le interesó otra cosa que ayudar a sus amigos pintores que quedaron seducidos con ella.

Los cronistas hablan que fue la mujer más guapa de su época. Y ella es Simonetta Vespucci (1453-1476); encandiló y fue retratada por Sandro Botticelli, los hermanos Domenico y David Ghirlandaio, Piero di Cosimo, fue la tentación de los poderosos  Lorenzo y Giuliano de Medici, el poeta Poliziano le dedicaba sonetos y los dirigentes de Florencia le dedicaban fiestas el día de su cumpleaños, engañando al pueblo y mintiendo en cuanto a por qué se paralizaba la ciudad un 28 de enero (día de su cumpleaños). A veces, los Medici decían que estaban celebrando la amistad entre Milán, Venecia y Florencia. Otras veces, como cumplimiento de un centenario; daba igual, el 28 de enero Guliano y Lorenzo se retaban a ver quién se hacía con el beso de Simonetta, por cierto, felizmente casada. Hasta el famoso Andrea del Verrocchio esculpió un medallón con su cara. Murió de tisis a punto de cumplir los 23 años, pero Botticelli ya no pudo sacársela de la cabeza.

Simonetta Vespucci como la Virgen de la Granada

Y Simonetta apareció como Cleopatra, la diosa Flora, la diosa Atenea y por supuesto, como la diosa Venus. Fue la Virgen, la Madonna de la Granada y se coló hasta el mismísimo Vaticano. Allí, en el fresco del Juicio de Moisés, Simonetta Vespucci mira desde la Capilla Sixtina a millones de personas cada año.

Retrato de Simonetta, original de Botticelli y copia de Somov. 

En Florencia la llamaban “la incomparable”. Vasari dijo que era la musa más hermosa que nunca antes vio y la historia del arte dice de ella que fue la mujer más bella de todo el Renacimiento. Y todo ello es creíble habida cuenta que Sandro Botticelli, perdió la cabeza por ella. Obsesionado por su rostro, desde 1476, año de la muerte de “La incomparabe”, el pintor florentino la usó como protagonista de sus temas, como modelo (recordado y revitalizado, pues ya había fallecido) para sus personajes femeninos. Para cuando su amor platónico llevaba 7 años enterrada, pinta “Venus y Marte (1483); no cabía duda que la diosa era Simonetta, pero Marte es el autorretrato de Botticelli, sabedor que es la única forma de estar tan cerca de aquella mujer a la que amó en secreto profundamente.

Tumba de Botticelli a los pies de la de Simonetta. 

El pintor no se casó jamás. Sobrevivió a la bellísima Vespucci 34 años, de una soltería casi rayana en lo insano, de una fidelidad impensable. Pero cuando se da lectura al testamento, Florencia se conmociona: el acaudalado, famoso, pero tan polémico artista, ha pedido ser enterrado en la Iglesia de Todos los Santos, a los pies del sepulcro de los Vespucci, para estar lo más cerca posible, hasta la eternidad, de su amada.

Sandro fue perseguido por la Iglesia. Su arte, profano y provocativo, estuvo condenado. La Inquisición quemó 150 de sus cuadros, pero gracias a la familia Médici, se salvó uno de los mejores de la Historia del Arte, del Renacimiento: “El Nacimiento de Venus” (1484)...

No hace falta que les diga, que Venus, la inmortal, la diosa del amor, de la belleza, encarnación del amor carnal o del placer sensual, es la Bella, la Incomparable, SIMONETTA VESPUCCI, posiblemente, la mujer más hermosa de la historia de la Humanidad. 

(*) Lo siento, Audrey... Tú sabes bien que siempre serás la más bonita; al menos para mí




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