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jueves, 18 de abril de 2013

La manzana prohibida


Alegoría de la Paz, del Arte y la Abundancia
Hans von Aachen, 1602


Una de las pasiones que solemos compartir los amantes del arte es la del mensaje subliminal, la codificación del lenguaje, la insinuación mediante elementos que con el tiempo, muchos comprendemos al instante y otros cuestan más. En una palabra, la simbología que se estudia mediante la iconología: ¿qué quieren decir ciertos emblemas, determinadas alegorías y qué mensaje codificado esconde el arte? Y una de las más antiguas creaciones es la estrella de cinco puntas.

El pentagrama: los cinco elementos (fuego, tierra, aire, agua y espíritu)

Hoy día la asociamos a cultos satánicos, a devociones bestiarias y al concepto de aquello que es contrario a Cristo y el cristianismo, pero lo cierto es que la estrella de cinco puntas hunde sus raíces en las culturas asiáticas de la Antigüedad, siendo usada desde Mesopotamia como alegoría de la inmortalidad, al menos 2.000 años antes de Cristo. La cultura hindú creó el conocido como pentagrama en alusión al ser humano. Cada una de sus cinco puntas era uno de los cinco elementos (los cuatro conocidos, aire, agua, fuego y tierra y la novedosa inclusión del éter)  que venían a ser interpretados como la ambigüedad del ser humano. Pitágoras lo tomó como emblema de sus estudios matemáticos, asociándolo al número áureo y por ende al cosmos o al “orden divino”. Pero no cansemos con toda la descripción: lo usaron los celtas, los romanos y los pueblos romanizados. Hasta que en la Edad Media, la inversión del pentagrama, se asoció para siempre al culto satánico; recuerden, es un pentagrama invertido, que expresa lo contrario al que a nosotros nos ocupa:

El nacimiento de Venus por Adolph William Boguereau (1879)
Cada extremidad más la zona genital encarnan las cinco puntas del pentagrama en la diosa Venus.

En rasgos generales cada punta representa uno de los cuatro elementos de la naturaleza y una quinta apuntando al cielo, el espíritu. Por lo que podemos concluir que en sí, representa la perfección del ser humano; equilibrando e integrando los cuatro elementos (fuego, aire, agua y tierra), constituyentes del ser humano en igual medida, con su alma, espíritu, chispa divina… o quinta esencia. En síntesis es una representación del microcosmos y el macrocosmos. Porque como nosotros, seres humanos poseemos nuestra parte integrante material como así también la etérea o espiritual, también fuera de nuestras limitaciones de consciencia existe algo más grande aún que nos anida y posee una quinta esencia. Digamos que fue el símbolo de la diosa Venus, y que en el cristianismo, el pentagrama es usado como la Estrella de Belén, las 5 llagas de Cristo... 

Ahora bien, os propongo que cortéis una manzana por la mitad. En la foto de arriba tenéis el resultado. Las cinco puntas, los cinco elementos a los que hemos hecho referencia... Bien, para no recorrer un camino pesado (que sé de algunos lectores fatigados) os propongo varios temas mitológicos forjados por la cultura greco-latina: el Jardín de las Hespérides con la manzana de por medio, la manzana otra vez, pero en esta ocasión en la Discordia entre las diosas Afrodita, Atenea y Hera (que tenía que resolver Paris, como vemos en la imagen de arriba). De nuevo la manzana, que le regaló Zeus a Hera... Dejemos por un momento la Antigüedad y vayamos a otros mitos, como Guillermo Tell disparando su flecha hacia una manzana, o Isaac Newton que fue “alumbrado” por esta fruta, justo cuando una de ellas se cayó, le golpeó en la cabeza y así concibió la teoría física de la gravedad. ¿No es mucha casualidad que la manzana se asocie a ritos, cultos y a la sabiduría, sin olvidar lo espiritual que encierra? Pues bien, antes de llegar hasta la manzana más conocida de la Historia que sin embargo, nunca existió, veamos cómo el arte se ha servido de la manzana eternamente: 
El Juicio de Paris. Pedro Pablo Rubens, 1638

La Manzana de la Discordia: Paris tenía que otorgar la manzana dorada a la diosa que él considerara más hermosa. La manzana recibe aquí, una carga simbólica imparable, en tanto usada como trofeo. 

Hércules matando al dragón del jardín de las Hesperídes
Juan Bautista Martínez del Mazo (copia de un original de Rubens)


El Jardín de las Hespérides es el huerto de Hera, legítima esposa de Zeus. Allí crecía un único árbol que daba manzanas doradas; éstas proporcionaban la inmortalidad y fue un regalo de la diosa Los manzanos fueron plantados de Gea cuando Hera se casó con Zeus. Hera, celosa de que los mortales u otros dioses pudieran comer la manzana de la inmortalidad que nacía en su huerto, encargó la custodia a las Hespérides, tres ninfas que se sirvieron de un dragón para que nadie osara comer del árbol prohibido. Pero Hércules las derrotó y se hizo con una de ellas en su 11º trabajo. ¿Os suena esto? ¿No os parece terriblemente análogo al pasaje del Génesis donde Adán y Eva no pueden comer de un árbol prohibido?

Bien... EL PENTAGRAMA Y LA MANZANA. CONTINUARÁ.


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