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lunes, 29 de abril de 2013

Estar en la Gloria


Adoración del Nombre de Dios o "La Gloria" en el Pilar de Zaragoza
Francisco de Goya, 1772

Caius Sergius Auriata (de ahora en adelante, Cayo Sergio Orata) nació a finales del siglo II antes de Cristo, en la actual Campania, la región sur de Italia, con toda probabilidad en la ciudad de Nápoles. Lo que sí sabemos es que vivía en Puteoli, un pueblecito que traducido del latín significaba “pocitos”, debido a los pozos de agua volcánica que tanta fama alcanzaron por lograr que mujeres y hombres dejaran de ser estériles. La fama de las aguas de Puteoli, (la actual Pozzuoli, población perteneciente a Nápoles con unos 83.000 habitantes) provocó una expansión sin precedentes de la población, la necesidad de nuevas construcciones, la mayoría de ellas de carácter residencial, y en definitiva un negocio inmobiliario nunca visto.

En este contexto histórico nació Cayo Sergio que se especializó en el universo de la ingeniería, donde destacó por sus inventos y mejoras que iba introduciendo en la vida romana. En este siglo, la alta sociedad romana puso de moda el consumo de marisco, muy especialmente el de la ostra, que relanzó a Cayo Sergio ya que tuvo la feliz idea de construir presas que conseguían regular las mareas a las que colocaba bóvedas elevadas, perfectas para que sobre ellas se adhirieran las ostras. Colocó toda esta infraestructura sobre las aguas del lago Lucrino.

Diseño de hipocausto para las aguas termales de Puteoli

Pero su gran aportación fue la destinada a la imparable construcción e casas y estancias para los visitantes que venían desde toda la Península a probar las excelencias y milagros de las aguas cálidas por la actividad volcánica de Puteoli (la actual Pozzuoli). Y fue así como patenta primero la piscina con calefacción, que consistía en un horno construido en el exterior del edificio donde se quemaba leña. El aire caliente producido se llevaba por canalizaciones situadas bajo el suelo, cuyas baldosas se sustentaban sobre pilas de ladrillos. Y luego, aplica esta revolucionaria manera de calefactar las piscinas a las que acudían los “estériles” del siglo I antes de Cristo, a las viviendas particulares (que se pudieran permitir este lujo de hace 2.100 años) consiguiendo que el suelo de las estancias se calentara, de manera que en el interior de las viviendas se pudiera alcanzar una temperatura en torno a 25-30 grados. Una primavera eterna durante el invierno.

Este invento, conocido como hypocaustum (hypo, debajo de y caustum, quemado), que nosotros conocemos por hipocausto, se aplicó después a las termas, que además llevarían estos tubos (de barro cocido) por las paredes también, para obtener más calor. Las propiedades curativas y relajantes del invento ayudaron a Cayo Sergio Orata a comercializarlo con tanto éxito que muy pronto ninguna mansión se consideraba completa a menos que tuviera instalado una de sus piscinas; su éxito comercial residió en comprar villas, remodelarlas incluyendo su invento y venderlas luego a un precio más que considerable que relanzó toda esta zona napolitana como uno de los lugares preferidos por la aristocracia de Roma. Nápoles se convertía así en el primer destino del turismo de lujo en el Mundo.

Hipocausto en la Alhambra

Lo que conocemos de Cayo Sergio se lo debemos al gaditano Columela, que nos dice que su sobrenombre de Aurata (Orata) le venía por su afición a cultivar y criar doradas (auratas en latín) y que falleció en medio de una fortuna amasada gracias a su hipocausto que se construyó por toda Italia. Pero después de su muerte y en tiempos ya del Imperio Romano, hace 2.000 años, todo el territorio había aplicado esta calefacción a sus casas, palacetes aristócratas, termas y gimnasios y un sinfín de espacios públicos. Así lo demuestran los restos arqueológicos de Francia, Alemania y España, en Cartago Nova, Tarraco Nova, en Hispalis... Y es ahora cuando aparece nuestra nación y el origen de esta expresión tan castiza:

Hipocausto del Palacio de Comares de Granada

“Estar en la gloria”  viene a expresar lo a gusto, lo bien que se encuentra alguien. Y proviene de este sistema de calefacción que inventó Cayo Sergio y que seguía usándose en Castilla en la Edad Media. En nuestro suelo patrio, una caldera se colocaba en el exterior de la vivienda y se sustituía el tradicional tiro de la chimenea por otro que pasara debajo del suelo. Luego, se adosaba a la pared para que saliera el humo a la manera convencional de una chimenea, pero se lograba una mayor concentración del calor y que éste se dispersara por el suelo.

¿Os creíais que el suelo radiante era un invento moderno? 

La Castilla medieval llamó a este artefacto, gloria. Lejos de su origen latino (“calor debajo de”...) la castellanización del invento milenario se redujo a una mezcla del espíritu religioso de nuestros ancestros con el enorme placer que producía esta calefacción en la fría y dura Castilla de hace siglos. Así que entendieron que no se podía estar mejor que “en la gloria”, gracias a esta estufa enterrada en el suelo.

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