Visitas

martes, 30 de abril de 2013

El Holocausto


"La Barca de Dante". Eugene Delacroix, 1822. 

Es difícil precisar qué hechos entran en la categoría de históricos y cuánto tiempo ha de pasar hasta que sucesos que vinieron a cambiar el Mundo, pueden ser considerados parte de esa ciencia que para muchos es nuestra vida y para otros “batallitas de abuelo”. Lo cierto es que a 80 años y 4 meses vista, después de las lecciones sociales (no quiero hablar de las económicas para evitar comparaciones odiosas con España), todo indica que lo sucedido aquel 30 de enero de 1933, si no ha entrado ya en el mundo de la historia, va camino de ello.

"La entrada de los condenados al Infierno". 
Detalle del Juicio Final de la Capilla Sixtina. Miguel Ángel, 1540.

Aquel lunes de hace más de 80 años, empezó el más oscuro, denigrante y vergonzoso episodio del que fueron capaces los hombres y que nos recuerda la iniquidad de nuestra especie. Aquel lunes, se daba el pistoletazo de salida a más de doce años de terror, de horror, crímenes y la gestación de un concepto de vida (y de muerte) orquestado por un Gobierno y llevado a cabo por sus dirigentes, que desgraciadamente nunca pudieron ser examinados desde la perspectiva psiquiátrica para comprender qué tipo de enfermedad les llevó a cometer los más execrables asesinatos que recuerde la Humanidad. Aquel lunes, 30 de enero de 1933, acababa de nacer el III Reich.

El concepto del III Reich fue acuñado rápidamente por los mandatarios nazis con el objetivo de darle carta de continuidad a un proceso histórico que debía desembocar en la primordial preocupación de este nuevo gobierno totalitario: la creación de una Alemania grande y fuerte. Reich es traducido como Imperio, y antes de la idea de una nueva nación dominante que Hitler y los suyos querían para los pueblos germanos, hemos de precisar cuáles fueron los dos Reich anteriores:

I Reich (962-1806). Firmemente convencidos de ser herederos de los romanos, fue conocido como el Sacro Imperio Romano Germánico. A éste, lo devoró Napoleón, aunque cada año que pasaba, se hacía más pequeño a favor de Austria por ejemplo.

"Proclamación del Segundo Imperio Alemán  en 1871"
Anton von Werner, 1885. 

II Reich (1871-1918). La unificación de Alemania, la idea de fortaleza germana que el canciller Otto von Bismarck acuñó, la victoria sobre los franceses a los que los alemanes le arrebataron la región de Alsacia-Lorena y en definitiva, todo aquello que supuso el origen de la I Guerra Mundial, que acabó con los proyectos y sueños del Segundo Imperio Alemán y la humillación de su pueblo.

III Reich (1933-1945). Ni fue un Imperio ni otra cosa que los sueños peligrosísimos del nacionalsocialismo alemán, es decir, del Partido Nazi. Gestado en la cabeza de los dirigentes satélites de Hitler y respondiendo a la humillación que el pueblo alemán soportó tras haber sido derrotado en la I Guerra Mundial, rencores históricos, una economía hundida y muy especialmente, el odio al pueblo judío, conforman los ingredientes con los que nació y se sustentó el episodio más deleznable de Alemania, Europa y la humanidad.

Adolf Hitler con 30 años

En 1919 Adolf Hitler tenía 30 años; una sucesión de malas interpretaciones de textos filosóficos e históricos y su idolatría a artistas como Richard Wagner, un antisemita tan enorme como enorme fue su música, lo lleva a escribir este texto: “El antisemitismo como movimiento político, debería basarse en la razón, no en la emoción, y debería conducir a la eliminación sistemática de los derechos de los judíos. Sin embargo, el objetivo final, que sólo podía alcanzarse con un gobierno de fortaleza nacional tendría que ser la eliminación completa de los judíos”.

Grabado de Henrich Hoffman (1876) de "El Mercader de Venecia de Shakespeare. 
El famoso escritor inglés, retrata al pueblo judío como malvado y usurero.

¿Por qué ese odio al pueblo hebreo? No es una novedad, porque la historia de los hijos de Israel está plagada, desde hace siglos, de persecuciones, violencia y la animadversión del resto de pueblos que han convivido con ellos. Desde los amorreos y cananeos de la Biblia a egipcios, griegos, romanos, musulmanes, los españoles de la Edad Media... Es más fácil señalar quién ha sido amigo y protector del pueblo judío que enemigo y aniquilador. Lo cierto es que muchos siguen preguntándose cuál fue el origen de este odio rabioso de Adolf Hitler a los hebreos, sin esclarecerlo con datos fehacientes. Se apunta que la madre de Hitler tenía ascendencia judía. Lo cierto es que de esta época hay que recordar lo mal estudiante que fue Adolf, fracasando en sus intentos tanto de convertirse en funcionario como de ingresar en la escuela de artes.

Lo que se desmonta realmente es que el origen del antisemitismo de Hitler tuviera alguna relación con la muerte de su madre Klara. Según se ha especulado con poca fortuna, Klara cayó gravemente enferma y debió ser operada de cáncer de pecho en enero de 1907. Se hizo cargo de su tratamiento el médico judío de la familia, el doctor Eduard Bloch. En efecto, ese mismo año moría la madre y todo hacía pensar que Adolf lo creyó incapaz de salvarla, culpándolo del doloroso fin que tuvo Klara. Lo que a veces resulta incomprensible es el inmenso amor y respeto que sintió por su madre (habida cuenta de su sanguinaria e inhumana actitud) como demuestra las fotos que llevó siempre de ella y las palabras con las que la recordó poco antes de suicidarse en el búnker.

Eduard Bloch, el médico de los pobres

Muchos alegarían que esta es la clave de su furibunda actitud contra el pueblo judío, a no ser que conozcan algo muy esclarecedor: poco después de su muerte, el 21 de diciembre de 1907, el mismo doctor Bloch relataba el agradecimiento que la dispensó Hitler en su momento, por medio de postales y hasta regalándole uno de los cuadros que había pintado. Años más tarde, con toda la criminalidad antisemita desplegada en Alemania, el doctor recurrió a Hitler para obtener un trato favorable y consiguió emigrar a Estados Unidos, donde falleció en Nueva York, en 1945. ¡No, aquí tampoco está el origen de ese odio!

Jóvenes judíos en el gueto de Varsovia. 

Al fin, haciendo todo un trabajo “novelístico” más propio de la psicología freudiana que otra cosa, muchos apuntan que la infancia de Hitler vino marcada por una negativa experiencia: algunos niños, compañeros de su  escuela, judíos, tuvieron comportamientos lesivos hacia él, caldo de cultivo de un odio visceral que en vez de focalizarlo sobre los pocos culpables, recayó sobre todo un pueblo. Y al fin, lo más lógico es pensar que tras muchas lecturas equivocadas, a sabiendas que Alemania había sido ridiculizada, perdió parte de su territorio, recibió duros castigos económicos, se le privó de una independencia militar y de gestión y que era sombra de lo que fue, Hitler empezó a usar a los judíos, sirviéndose del odio ancestral que provocaron desde tiempos inmemoriales, a manera de chivo expiatorio al que echar las culpas de todos los males del país, señalándolos como el origen de todos los problemas que asolaban a Alemania y diciendo de ellos que representaban al proletariado combativo, al industriales enriquecido a costa de los alemanes y por tanto, su eliminación era un paso necesario para la grandeza del III Reich.

Justo hace 80 años y 4 meses, aquel lunes 30 de enero de 1933, empezaron a redactarse y a promulgarse paulatinamente las más vergonzosas leyes raciales de todos los tiempos, con el objetivo final de restringir y reducir a la mínima expresión los derechos ciudadanos de los judíos, hasta llegar a la jornada del 15 de septiembre de 1935, cuando se dieron a conocer las Leyes de Núremberg, el documento legal más bochornoso que recuerde la historia, cuyas premisas principales se sustentaban en la idea de que el judío “era una lacra social insertada en el pueblo alemán que debía ser extirpada como un tumor cancerígeno”:

Tener tres abuelos judíos y un abuelo alemán = 100% judío.
Tener dos abuelos judíos y dos alemanes = 50% judío.
Tener un abuelo judío = 25% judío.
Abrazar la religión judía sin ser judío de nacimiento = 100% judío. 
Casarse o mantener relaciones con una persona judía = 100% judío.
Judíos convertidos al cristianismo = 100 % judíos.

Esta clasificación de pertenencia al pueblo y la cultura judía, desde esta misma fecha, sería penalizada con prisión. Y todo ello en base a una nueva norma para la que se dieron prisa en aprobar los nuevos mandatarios alemanes: la “Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes”. En su articulado, lo primero que se prohibía de manera tajante era la unión entre judíos y alemanes, en cualquiera de las situaciones imaginables, desde el matrimonio a las relaciones sexuales, además de sumarle algunas particularidades como la prohibición expresa de que ningún judío contratara para su servicio doméstico a alemanas menores de 45 años y que ninguno del pueblo hebreo pudiera hacer uso de la nueva bandera nacional, la del Tercer Reich.

Poco a poco el Gobierno Alemán fue alargando las restricciones hasta llegar al año 1936, cuando Berlín acogía las Olimpiadas. En éstas, se impidió la participación de judíos en las competiciones aunque fueran destacados en sus especialidades y se aprovechó además para prohibir también a los judíos el ejercicio de sus profesiones habituales dentro del territorio alemán. ¿Cómo iba a vivir el ciudadano hebreo sin poder trabajar? Poco importaba esto, la medida sin duda iba encauzada a la eliminación de cualquier elemento hebraico del colectivo social alemán, añadiéndose la tajante prohibición a los empresarios alemanes de contratar judíos, en ningún oficio ni bajo ninguna premisa. La ley además, obligaba a su despido inmediato sin necesidad de resarcirlos de ninguna forma, bajo la amenaza de penalizar al alemán que cobijara laboralmente a algún judío. Lo último que quedaba para asfixiar definitivamente a los hijos de Israel, era devaluar las propiedades judías, casas, negocios y valores bursátiles o efectivos bancarios. Una vivienda judía al lado de otra de idénticas características de un alemán, valdría inmediatamente como poco, la cuarta parte menos.

En 1937 otro golpe legislativo sacado de la manga del odio irracional de los mandatarios nazis veía la luz bajo el nombre "Ley de la ciudadanía del Reich", que establecía una división entre alemanes y judíos, diciendo de los primeros que tenían el estatus de "ciudadanos del Reich" y de los segundos, que simplemente eran “nacionales” y por ende, al no pertenecer al primer escalafón del nuevo gobierno, estaban desprovistos de los derechos reconocidos a cualquier ciudadano del Tercer Reich. Pero en el visceral y enfermizo odio racial, entraron de repente junto a los judíos, los gitanos, los negros y los eslavos. Estos cuatro grupos recibieron el apelativo de “pueblos potencialmente dañinos”, peligrosos racialmente hablando y al fin, fueron considerados como Untermensch: INFRAHUMANOS.

Dice la pancarta: "Alemanes, defendeos. No compréis a los judíos". 

El clima social había sido aventado por el gobierno alemán con el objetivo, ya cumplido, de señalar de manera irreversible al pueblo judío como el enemigo a abatir y el origen de todos los problemas de la gran patria aria. El pueblo compró la mentira, la mayoría de las veces porque el eficaz órgano propagandístico nazi fue incuestionable, la otra mitad porque se habían articulado poderosas leyes que empujaban obligatoriamente a sentir animadversión a los judíos. Dicho de otra manera, o se demostraba la lealtad inquebrantable al Tercer Reich o se corría la misma suerte que los desgraciados “INFRAHUMANOS” que no pudieron escapar a tiempo del horror instalado desde 1933. Y así, el 9, ya 10 de noviembre de 1938, tuvo lugar la primera gran cacería humana que se conoce como la “Noche de los cristales rotos”. La mecha que se enciende para el detonante tan caro que hubo de pagar el pueblo hebreo fue el asesinato de un diplomático alemán a manos de un muchacho judío. Alentados por los poderes públicos, la ciudadanía alemana asesinó esa misma noche a 90 judíos mientras miles de ellos eran arrestados por al temible fuerza paramilitar de las SS. Los comercios, tiendas (se sobreentiende que judías) y sinagogas del país, en más de un 85 %, ardieron aquella trágica noche que ha de avergonzar a la humanidad.

Lejos de imponer el orden y hacer valer la justicia, desde Berlín se dirigió una nueva normativa: los judíos eran responsables del ataque y estaban obligados a reparar los daños, a indemnizar al estado alemán por los destrozos y a entregar el dinero recibido a las compañías de seguros. Se los excluyó de la vida económica, se les prohibió el acceso a las universidades, el uso de transportes públicos, frecuentar espacios urbanos como  teatros o jardines y mezclarse con la ciudadanía alemana de la que no formaban parte, pues desde unos años antes, como hemos visto, no eran ciudadanos sino nacionales. 

Judíos polacos conducidos al gueto de Varsovia

Y nacieron los guetos. Sin que ello supusiera ninguna novedad para la Humanidad, puesto que hay que recordar con toda la vehemencia posible que en al-Andalus, esa mítica tierra de convivencia de culturas que era el actual territorio español bajo dominio musulmán, los judíos ya eran confinados en barrios cercados, amurallados y restrictivos por las autoridades islámicas. Hay que recordar que la Alemania de 1940 no fue la primera en asestar un duro golpe al pueblo judío en suelo europeo, ya que quizás, la mítica fecha del 30 de diciembre de 1066, hace casi 1.000 años, fue cuando se produce el primer asesinato selectivo y concienzudo de la población judía. En aquella ocasión, fueron los musulmanes los que acabaron con el pueblo hebreo y el lugar, para tristeza del que escribe, GRANADA. Así pues, los guetos alemanes heredaron esa práctica con la finalidad de confinar de manera hacinada e insalubre a los judíos, a los que se les prohibió tajantemente abandonar los guetos bajo cualquier excusa, al tiempo que se llevaron a cabo por primera vez diversas matanzas, aún timoratas para lo que estaba por venir.

Heinrich Himmler visita Madrid en 1940

Y llegamos al mes de octubre de 1941. El Sin embargo, es en el otoño de 1941 cuando hace su aparición en escena el mayor asesino de la historia: Heinrich Himmler, fue el comandante en jefe de las SS y ministro del Interior y el que gestionó la orden de la matanza metódica y sistemática de millones de judíos, negros, polacos, gitanos, homosexuales, comunistas, testigos de Jehová, enfermos mentales, sacerdotes católicos y ancianos... además de cuantos fueron usados en experimentos. En esta fecha ordenó un plan para "ejecutar en masa a los judíos residentes en el Gobierno general". El nombre en clave de la operación sería "Aktion Reinhard". El 20 de enero de 1942, se pone en marcha la mayor atrocidad que nunca antes fue capaz de llevar a cabo el ser humano: “La solución final”. 

Da vergüenza hasta escribir en qué consistía este plan llevado a cabo desde las altas instancias del Reichstag: ejecutar el genocidio sistemático de la población judía europea durante la Segunda Guerra Mundial. Su puesta en práctica, conocida posteriormente como Holocausto, supuso la deportación sistemática y exterminio posterior de toda persona clasificada como étnicamente judía, con independencia de su religión. El término fue acuñado por Adolf Eichmann, un funcionario nazi que supervisó en primera instancia la campaña, a la que antes se denominaba “reinstalación”. Para ello, era necesario registrar a fondo toda Europa, partiendo desde el oeste hacia el este y desde el norte hacia el sur, para deportar a todas las personas de ascendencia judía a los campos de exterminio.

Puesta en marcha la “Solución Final”, los niños y ancianos eran mandados directamente a la muerte, los adultos eran utilizados como mano de obra esclava antes de proceder a su asesinato y la primera vez que se probaba la fórmula para acabar con los judíos, fue en septiembre de 1941. En esta fecha,  se llevaron a cabo las primeras acciones de exterminio en masa por medio del gas Zyklon B. En los campos de concentración, se instalaron cámaras de hormigón y metal, selladas herméticamente, insonorizadas, a las que se conducía a la población reclusa para someterla a una lluvia de gas Zyklon B, que después de 25 minutos de agonía por asfixia, los mataría.

El 20 de enero de 1942 se puso en práctica el gaseo. Fue en Auschwitz-Birkenau, el campo de concentración más grande, que aún con todo, fue ampliado hasta que pudo acoger 200.000 presos y disponer de cuatro cámaras de gas a pleno funcionamiento, que se emplearon a fondo entre el 22 de marzo de 1942 y el 25 de junio de 1943; junto a Auschwitz (a 43 kilómetros de Cracovia, Polonia), funcionaron Belzec (a 160 kilómetros de Varsovia, Polonia), Chelmno (Polonia), Jasenovac (Croacia), Majdanek (cerca de la ciudad de Lublin, en Polonia), Maly Trostenets (Bielorrusia), Sobibór (Polonia) y  Treblinka (a 100 kilómetros de Varsovia, Polonia). Auschwitz demostró su potencial asesino, ya que en determinados días fueron asesinadas cerca de 24.000 personas, muchas de las cuales fueron quemadas en hogueras al aire libre por la escasa capacidad de los crematorios. El resto, podía acabar con más de 1. 000 prisioneros al día. Pero lo cierto es que la "Solución Final" supuso el asesinato de casi 12 millones de personas. De estos, 6 millones eran judíos. ¡Ese fue su crimen! Lo cierto es que esta cifra que horripila, supuso el exterminio del 67 % de la población judía de Europa, o lo que es lo mismo, casi el 12 % del total de muertes que provocó la II Guerra Mundial, con la diferencia de que el pueblo judío no pudo luchar en nada, para nada y por nada... No se les permitió.

Lo peor de todo, es la corriente de moda que niega el Holocausto y dice que se trata de una exageración de Israel, un intento de los sionistas por defender a su pueblo, para así poder crear el Estado de Israel...  Quedan todavía malnacidos en el Mundo.  







4 comentarios:

Walter Edu Fernandez Valdiviezo dijo...

Hola! te felicitó por el tiempo y esfuerzo que dedicaste para publicar esto en tu blog. Soy un asíduo seguidor de todo lo que respecta a la Segunda Guerra Mundial.

Gracias por la información! Saludos!

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Gracias a ti, Walter Edu... Y ojalá no tengamos más que escribir cosas como estas para que nadie recuerde lo que no tuvo que pasar jamás.

Un saludo muy grande.

mirza daniel dijo...

No sucedio como se cuenta en en esa magnitud , fotso trucadas, que caso construir barracas, camas, literas , cocinas si hiban a ser exterminados? cortarles el pelo era para desparisutarlos ya que los judìos son cochinones. les invito a ver el video: LA GUERRA DE HITLER, RESPONSABLES VERDADEROS.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Mirza Daniel, publico el comentario no sin pena... Negar el holocausto y sobretodo, negar la documentación que tomó in situ el ejército aliado, es cuando menos, de una inhumanidad importante. Ni soy judío ni filo israelí. Pero me estremece profundamente la locura nazi, la violencia en todo término y la inquina humana.

Lo de que los judíos son cochinones, me imagino que será una broma de mal gusto.