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martes, 16 de abril de 2013

Charles Chaplin


No me imagino el Mundo sin el Renacimiento ni creo posible que el siglo XXI nos depare tantos progresos sin aquellos valientes del Humanismo y siglos posteriores que pusieron los cimientos de la Ciencia. No quiero imaginarme esta sociedad sin los poemas de Machado, sin las oberturas de las óperas de Mozart y sin Charles Spencer Chaplin, el más universal y grande de los cineastas, el padre de la comicidad cinematográfica, el actor mudo por excelencia y uno de los mejores humoristas de todos los tiempos. Nació tal día como hoy, hace 124 años. No voy a contar nada de su vida, ya de por sí famosa y más que biografiada. Basta esta colección de anécdotas para rendir homenaje a alguien sin cuyo paso por esta vida, el Mundo sería mucho peor.

Cierta vez coincidieron Chaplin y Einstein. Cuando alguien te pregunta a qué momento histórico te gustaría viajar, desde luego tengo a bien pensar en qué situación fabulosa hubiera vivido en medio de ambos genios. El caso es que el físico Albert Einstein le dijo a Chaplin tomando una copa: Lo que he admirado siempre de usted es que su arte es universal; todo el mundo le comprende y le admira. A lo que Chaplin respondió: - Lo suyo es mucho más digno de respeto; todo el mundo le admira y prácticamente nadie lo comprende

Pero no se dejen sorprender tan fácilmente. Una investigación ha revelado lo que ya todos sabíamos: “que el humor de Charles Chaplin es universal”. En 1999 se proyectaron varios de los cortos de Chaplin a distinto público, de distintas culturas, que nunca antes habían visto al actor y director. Algunos eran pueblos aborígenes, entre los que tomaron parte habitantes del pueblo guaraní. Éstos en concreto, ni siquiera habían tenido jamás la oportunidad de ver la televisión o el cine. El experimento no fue nada sorprendente, en tan to la mayoría se imaginaba lo que iba a ocurrir: aunque había culturas donde no entendían lo que veían, porque no podían comprender los edificios, los coches, la ropa o el tratamiento social de los personajes, todo ello en los Estados Unidos de los años 10 y 20 del pasado siglo, sí que reían a mandíbula batiente con las caídas, los trucos, o las torpezas del personaje de Charlot. Así las cosas, un siglo después, con culturas remotas y ante cualquier espectador, quedó demostrado que los gags inventados por Chaplin seguían siendo válidos, intemporales y universales.

Su actuación es tan memorable, tan reconocible y tan portentosa que se convirtió en el hombre más conocido del Mundo durante al menos 25 años, en concreto de 1915 a 1940. Cada vez que viajaba a otros países, concentraba la mayor atención hasta entonces vista y los dirigentes y gobernantes se peleaban por fotografiarse junto a él. Ha marcado un antes y un después, hasta el punto de que el diccionario de la Real Academia aceptó el término “charlotada” (acción grotesca o ridícula y una corrida de toros de tono cómico) y en Chile, al que no cumple sus compromisos o actúa de manera bobalicona se le dice que “se ha achaplinado”.

Memorable en tantos largometrajes, “El chico” (1921), “La quimera del oro” (1925), “Luces de ciudad” (1931)... pero la genialidad más grande que nos ha regalado fue en 1940, “El gran dictador”. La idea le vino a Chaplin cuando se enteró de que Hitler tenía su misma edad, además de parecérsele en complexión y talla. Asimismo, ambos había superado un origen paupérrimo para  alcanzar diversos logros en sus carreras, y de forma jocosa, el actor inmortal decía que Hitler había copiado el bigote de su personaje Charlot. Como imaginan, la película estuvo prohibida en la Alemania nazi, pero su fama fue tal que Adolph Hitler la vio dos veces; cuando los rusos y aliados tomaron el búnker berlinés encontrándolo muerto y poniéndose fin a la II Guerra Mundial, Chaplin comentó que “habría dado lo que fuera por saber cuál fue la opinión del asesino” sobre la película.

Cuando aún no era la estrella inapagable, el genio inconmensurable del que hoy hablamos, la sagacidad de sus interpretaciones y la efectividad de su humor fue tal que entre 1917 a 1918 el actor Billy West hizo una veintena de películas imitando al personaje de Chaplin. Cuatro años después de su muerte, se descubrió un asteroide que fue bautizado con su nombre; los críticos de cine han dicho de él que contó con un nivel de expresión dramática que nunca fue superado, está considerado el séptimo actor más famoso de todos los tiempos y el padre del cine, David Wark Griffith, dijo de él que era insuperable.

Una última anécdota ha pasado a la historia misma de la humanidad. En el año 1913, la ciudad de San Francisco convocó un certamen de “imitadores de Charlot”. De manera callada y disimulada, Charles Chaplin se presentó al concurso y para sorpresa de todos los que no conozcáis el resultado, quedó eliminado en las primeras fases del concurso.

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