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miércoles, 17 de abril de 2013

Cafre


Hoy toca hablar de una pequeña parcela de tierra en Sudáfrica. En concreto, en el sureste del país. Durante los años de máxima dureza del Apartheid, nacieron una veintena de reservas para no blancos entre Sudáfrica y Namibia como respuesta al marco de las políticas segregacionistas impuestas durante la época del apartheid. Entre 1959 y 1994, que quedaron abolidas tras el final del horroroso gobierno sudafricano y la victoria electoral de Nelson Mandela, nacieron diez reservas de esta clase, destinadas a alojar y concentrar en su interior poblaciones étnicamente homogéneas que recibieron el nombre de bantustán, la tierra bantú. Un muro de la vergüenza dejaba “apartados” a negros y blancos. Toda esta extensión de terreno de 43.000 kilómetros cuadrados acogió tres millones y medio de habitantes en una “región” que se llamó Transkei (más allá del río Kei). Pero antes de la subida al poder del Partido Nacional, que hasta 1994 provocó la vergonzosa consideración de blancos y negros por independiente, este territorio ya existió y se llamaba Cafrería.

En 1863 el imperio Británico conquista El Cabo y Natal, nominando a esta tierra como la British Kaffaria. Pero, ¿de dónde procedía el término Kaffaria? Lo aprendieron y posiblemente de los españoles. Éstos, tras ocho siglos de trasiego cultural con el pueblo musulmán, sabían perfectamente que en algún remoto lugar del Mundo, una región era EL PAÍS DE LOS CAFRES. Y los ingleses, hace 150 años, llegaron a él y tomaron posesión del mismo para gloria de Su Graciosa Majestad Británica.

Kafir. En la lengua árabe, el que no es musulmán es kafir. Y los kafires viven en su propia tierra; son irreductibles, imposibles de tomar. No lo consiguieron los almorávides que dominaron la mitad de África pero encontraron resistencia más allá de los grandes lagos, en el África más negra y más indómita, donde habitan los bantúes y los zulúes. Infieles, a los que no llegó la “luz del Corán”, e una sola palabra, ingobernables, los que no se sometieron al mensaje del Profeta fueron cafres. Su tierra, en árabe, se escribía así: أرض الكفار

Los musulmanes pronto asociaron esa rebelión impulsiva, esa imposibilidad de controlar el territorio negro más rebelde que no se dejó jamás someter a la barbarie, al primitivismo cultural y a la tosquedad e incultura. En al-Andalus sería común asociar a lo zafio y rústico, el término cafre. Españoles y portugueses conocieron los límites de la Cafrería, el país que jamás conquistó el Islam, el territorio indoblegable, no sometido por el Islam y hasta que no llegaron las armas de fuego británicas, fue libre, independiente, soberano y MUY SUYO.

Luego, la Cafrería vivió el apartheid. Peor que toda la intransigencia religiosa junta, peor que cualquier integrismo y cualquier fundamentalismo musulmán. Pero en 1959, esa lengua de tierra medio Índica, medio Atlántica, entre dos océanos y al sur del Mundo, se hizo de nuevo libre y resistió los envites de los irracionales. Ellos demostraron que eran cafres; los blancos, crueles.

En español, cafre, una de las palabras heredadas del árabe, nos recuerda tal cosa:
(Del port. cáfer[e], y este del ár. clás. kāfir, pagano).
1. adj. Habitante de la antigua colonia inglesa de Cafrería, en Sudáfrica. U. t. c. s.
2. adj. Bárbaro y cruel. U. m. c. s.
3. adj. Zafio y rústico. U. m. c. s.

Pero lo que nos indica a ciencia cierta, es que la historia de la humanidad sabe de muchos episodios protagonizados por otros bárbaros, otros zafios, otros paganos (o no) de mayor calado. Lo que sí es curioso es su origen y cómo hace 150 años, la Cafrería fue “europeizada”. ¡O TAL VEZ NO!

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