Visitas

lunes, 4 de marzo de 2013

Origen de las Cofradías de Penitencia (I)


A diferencia de Granada, que a lo largo del siglo XX enterró la verdadera antigüedad y prosapia de sus Cofradías, en el ejercicio cínico más impresionante habido, otras ciudades presumen de todo lo contrario: inventar más historia de la que les corresponde y no menos como nos pasa en esta tierra. Y no sería infrecuente que el habitual “investigador” de lo cofrade, se encuentre con imposibles y ficticios argumentos que narran cómo algunas hermandades andaluzas, datan del tiempo de San Fernando (1248-1252) con escasa y dudosa verosimilitud.

Como precedente de la Semana Santa, sí que tenemos datos del siglo XIV; pero no debemos confundir nuestras Cofradías penitenciales con las instituciones de fieles que en aquellos tiempos existieron, pues ni son continuadores, ni mucho menos suponen una evolución. En la Baja Edad Media, hay asociaciones pías, sí, encargadas de llevar a cabo algún acto litúrgico y nunca de fomentar procesiones con fines catequético y evangelizadores, tal y como sí realizamos hoy día y para lo que fueron instruidas las Hermandades de Penitencia en el siglo XVI. Es decir, seamos conscientes que si llevamos más de 450 años con la misma finalidad y las hermandades de la Edad Media no tenían este objetivo entre sus finalidades, jamás, y repito, JAMÁS, algunas ciudades pueden hundir sus raíces tantos siglos atrás. ¡Pero reescribirla historia, como ya he dicho, es algo que se le da muy bien a ciudades hermanas y muy mal a la nuestra!

Aquella oscura y remota Edad Media, es la de las asociaciones con diversas funciones, o lo que es lo mismo, la creación de gremios que por razones de dedicación a una misma actividad profesional o por simple necesidad de crear un colectivo que aproveche la fuerza del número de sus asociados (frente al individual, con menos peso, eso es lógico, que el grupo) defiende unas necesidades bajo el espíritu de colectivo religioso. Son las llamadas cofradías gremiales, asociaciones o fraternidades que nacieron especialmente para cumplir funciones de ayuda mutua y asistencia ante las enfermedades y muy especialmente ante la muerte, asegurando a sus “asociados” o cofrades, un entierro digno y misas en memoria del alma del difunto, todo ello tan arraigado incluso hoy día en el colectivo español.

Hay que tener en cuenta que las Hermandades o Cofradías de Penitencia no nacieron de la noche a la mañana, aunque Trento está detrás de todo ello. El Concilio convocado para reformar la Iglesia y luchar contra el protestantismo, se dio cuenta que la religiosidad popular era el más eficaz de los instrumentos y se imponía la necesidad de fomentar las creencias católicas mediante un teatro, decoroso y serio pero un teatro a fin de cuentas, en el que se pusiera de manifiesto de una manera embriagadora y sugerente las verdades de fe. ¿Por qué la Pasión y Muerte?

Pues porque incluso tras todos los empeños que se han puesto después del Vaticano II (1965 en adelante) en recordarnos que la Resurrección es el fundamento de nuestra fe, no hay más que ver cómo las hermandades que gozan de menos calado en la Semana Santa andaluza son precisamente las que escenifican el “Misterio central de nuestra fe”, si las comparamos con Hermandades que nacieron a la misma vez. Aquí en Granada, Despojado o San Agustín, incluso más jóvenes, gozan de más predicamento. Luego huelga rehundir en la explicación: la Pasión, lo lacerante, el mensaje del sacrificio de Cristo y su voluntaria entrega, cala más que su Triunfo. A fin de cuentas, el pueblo sabe que Cristo es Dios, luego no le sorprende que produzca y protagonice Milagros como el de su Resurrección. Pero le sigue pareciendo sorprendente que Dios, se deje a sí mismo matar y acepte morir por nosotros, por mucha dualidad de personas, por mucha humanidad y divinidad que conviva en Él. Creo que esto explicaría por qué desde mediados del siglo XVI se fomentaron las Hermandades de Penitencia.

Los primeros atisbos de Cofradía Penitencial los podemos encontrar  en los movimientos espontáneos de las asociaciones de flagelantes que desde mediados del siglo XV y alrededor de las órdenes monásticas y religiosas (principalmente los dominicos, franciscanos y agustinos) llevaban a cabo la práctica del Vía Crucis; es curioso como algunas ciudades andaluzas hablan de ejercicios de Vía Crucis en el siglo XIII, cuando sabemos que fue el Beato Álvaro de Córdoba, de la Orden de Predicadores, el que trae esta práctica a España, realizándose por vez primera en la ciudad califal de la Mezquita hacia 1421, cuando el Patrón de los cofrades, instaura en las afueras de Córdoba el famoso Convento de Scala Coeli donde había varios oratorios que reproducían la “vía dolorosa”, por él venerada en Jerusalén. Luego si las Cofradías actuales tienen por fin primordial procesionar con un carácter evangélico, sus orígenes se encuentran en la práctica del Vía Crucis y el más antiguo en España es el de Córdoba de, a partir de 1421, no se crean rimbombantes antigüedades falseadas y aumentadas sin veracidad alguna.

Al origen de nuestra actual configuración cofrade en Semana Santa ayudaron y de qué manera, las predicaciones pasionistas de los franciscanos, propagadores de la flagelación y el carácter correctivo, redentor y expiatorio del ejercicio de la penitencia. Las encendidas homilías  predicaciones franciscanas están detrás del calado de la penitencia más que de las procesiones de gloria y letíficas en España. Es cierto que durante el siglo XIV surgirán numerosos grupos de flagelantes que organizan procesiones en las que entonan cánticos penitenciales y se disciplinan públicamente. No es cierto que hubiera hermandades de penitencia hasta bien entrado el siglo XV. Y tampoco es cierto que la Semana Santa empezara antes del Concilio de Trento.

Así por ejemplo, el sevillano Humilladero de la Cruz del Campo, a donde se acudía en Vía Crucis, no se hizo antes de 1480, es más, Ladero y Gestoso lo fecha en 1482; pero su fama viene del primer marqués de Tarifa, don Fadrique Enríquez de Ribera, quien viajó a Tierra Santa entre 1518 y 1520 y a imitación del recorrido del Vía Crucis, dispuso que desde la puerta de su Palacio a ducha Capilla pública, se ejercitara tal práctica cubriéndose los mismos pasos que en Jerusalén (1321) y la misma distancia (997,13 metros). Acababa de nacer, ya en 1521, la que se supone es origen de lo cofrade en Sevilla, mucho después de lo que los optimistas la cifran (año 1300). De la unión de los flagelantes, los que practican el Vía Crucis, y el impulso que dio Trento a toda la práctica popular, nacerá la Semana Santa que conocemos.

Llevamos hablando largo y tendido del Concilio de Trento (1545-1564) pero es necesario que entendamos que fue la respuesta por parte del supremo magisterio eclesiástico al Protestantismo, supuso un afán de renovación interior de la Iglesia y entre sus enseñanzas más importantes se deben destacar: el estudio y determinación de la  doctrina de la justificación, la práctica sacramental y la reforma de la  Iglesia. Sus cánones son publicados en España por Felipe II en una Real Cédula de 12 de julio de 1564, y tendrán una influencia capital en el desarrollo de nuestras Hermandades. Especialmente porque el Concilio vino a decir: las buenas obras son necesarias para la salvación; cuando el hombre peca, tiene la posibilidad de reconciliarse con Dios y consigo mismo a través del sacramento de la penitencia; además, el hombre puede expiar sus culpas a través de la mortificación corporal, la oración y la limosna. Además, le debemos a los protestantes que rechazaran el culto a las Imágenes, porque avivó la devoción y veneración de las mismas a través de este Concilio por parte de los católicos, ya que en las sesiones del  3 y 4 de diciembre de 1563: se anima a  “las Imágenes de Cristo, de la Virgen Madre de Dios y de los Santos [...] tributarles el debido honor y veneración [...] Enseñen también diligentemente los obispos, que por medio de las historias de los misterios de nuestra redención, representadas en pinturas u otras reproducciones, se instruye y confirma el pueblo en el recuerdo y culto constante de los artículos de la fe”.

La mayoría de las Cofradías fundadas tras el Concilio, incluyeron la penitencia de sangre o flagelantes. Son los frailes quienes mejor acogen y alientan esta nueva práctica de la disciplina pública, mientras que el clero secular no demostró mucho agrado a que las Hermandades radicaran en sus Iglesias. Las procesiones del siglo XVI son serias, sobrias y sin boato alguno, con una estación penitencial cargada de austeridad y que desde 1530 ya incorpora una dolorosa. La primera ciudad que procesionó a la Virgen en su papel de corredentora fue Toledo, sobre sencillas andas y con el luto austriaco propio. Habrá que esperar al barroco para ser testigos de la eclosión artística de la Semana Santa, y todavía, muy lejos de la verdadera personalidad estética de las Cofradías, que se define en el siglo XIX y especialmente en el siglo XX.

1 comentario:

Anónimo dijo...

David, creo que no se renventan antigüedades, sino que incluyen toda su historia, con continuidad, aunque hayan tenido cambios mas o menos profundos en su ser: de agrupaciones gremiales para atender necesidades (hospitalarias, de enterramiento a los del gremio agregados), a disponer de una procesion letifica y pasar a una penitencial; luego en el camino de la historia han perdido fundaciones y parte de sus fines para quedar lo residual, lo penitencial...

El problema, leyendas aparte de otras ciudades, es lo pocoque puede esperarse de la tierra del chavico en tantos y tantos aspectos.

Sobre las corporaciones de resucitados quizás también con su "encaje" con el caracter de nuestra sociedad tengan algo de parte juntocon lo que expones.

Un abrazo, Santi.