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martes, 26 de marzo de 2013

Martes Santo 2013


La tercera jornada cofrade granadina es la menos intensa, en tanto mientras las demás se conforman por cinco hermandades cada día, ésta lo hace con 4 (¿habrá quién se anime cuando lo requiera y merezca la circunstancia?) con el Albaicín, Realejo, Zaidín y Centro como protagonistas. Las hay que nacieron el barroco, como la del Santo Vía Crucis y que en el siglo XVIII cimentaron la devoción a sus titulares como la Esperanza (1718); las que desde esos tiempos venían a rezarle al Cristo de la Humildad y las que se constituyeron hace ahora 30 años como la Lanzada. Contrastes propios del día, que convida a escenas regias como las del urbanismo albaicinero para recortar los pasos de la Amargura o Reyes, juderías y empedrados para una Coronación de Espinas y la sublime categoría del manierismo en la Real Chancillería o del renacimiento a la italiana en pilares y portadas para que la Virgen de la Esperanza, llore envuelta en verde. Y modernidad y funcionalidad al paso de la Lanzada.

Es con esta Hermandad con la que abrimos el día, en la oferta más contemporánea de la que es capaz nuestra Semana Santa. Se cuela el siglo XXI en la arquitectura del Parque de las Ciencias, asomado a su salida, la misma que se produce al abrigo de una carpa y no bajo las cubiertas de una Iglesia, siendo ya la única hermandad de nuestra ciudad obligada a un espectáculo tan poco estético y tan poco seguro para el patrimonio, que conjuga a partes iguales su culpabilidad, entre la poca sensibilidad de quién compete y lo mal que se han ganado (o no) sus hermanos esta posibilidad. Es difícil creer que tras 30 años, 5 párrocos y todo tipo de causas, no se haya conseguido derribar la más ínfima y minusvalorada portada de las Iglesias granadinas. Muchos a quién señalar y un soberbio crucificado que no merece los riesgos de la intemperie.

Caridad aguarda que los fabulosos e imponentes diseños de Álvaro Abril cristalicen en un conjunto a la altura de una imagen bendecida, pero de esta ciudad también. Por el momento es el más exiguo de nuestros conjuntos, aunque hayamos de alegrarnos que al menos, su nueva tonalidad, conjunte mejor que el negro del pasado. Yo sí confío en las muchas y buenas personas que componen esta Hermandad y que sabrán remar hasta la orilla conveniente. ¡Ánimo!

Y ¿cómo explicarle al visitante que una Hermandad sacada de los almacenes de la memoria, de los museos de los sentimientos, de los gustos del pasado, se va a ir recortando además en el patrimonio más señero y elegante de una ciudad que presume de mantener en pie piezas artísticas que están cumpliendo 1.000 años? Pues como las maravillas del arte y del gusto sólo se pueden explicar con imágenes, lo mejor es enfrentarse al paso romántico y embebido, organizado y comedido del Señor de la Amargura, que a nadie le cabe duda, es de lejos el mejor nazareno que procesiona en Granada.

Vendrá la Hermandad a colarse del Albaicín al Centro, con una Junta de Gobierno empeñada en hacer las cosas bien. Meditando en sus fabulosos Altares de Cultos, el regreso y la recuperación de una personalidad que le va como anillo al dedo, que podríamos colocarle los adjetivos de señera, romántica, decimonónica o tal vez clásica; pero que se resume castizamente como la Cofradía de lo añejo, de lo comedido y desbordante. La Virgen de los Reyes, una muy meritoria y soberbia Imagen de hacia 1770 ejemplifica a la perfección lo que venimos a decir. Pocos son los palios de cajón que nos quedan (3 con este) y el de San Juan de los Reyes además desborda mimetismo y austeridad sin riñas con el decoro, debiendo estar muy atentos a la particularísima vestimenta que le practica a la Señora de San Juan Enrique García, en conjunción con los elementos del palio y qué decir tiene, la colocación de la candelería con sorpresa este año, además de la flor austera y comedida de otros precedentes. ¡El regreso de lo clásico!

Y de este estilo al triunfal, popular y envuelto en la fiesta de fe que proponen desde Santa Ana. Todo se vuelve hacia Ella, incontestable, inigualable, imposible de calificar. Pero los hermanos no descuidan al Señor del Gran Poder, al que muchos quieren ver en un nuevo paso, pero que el actual ni es indecoroso ni lastimero, una orfebrería con 35 años a su espalda ajustada a las medidas de una puerta cinco veces centenaria. Y desde Santa Ana se viene obrando el milagro de una música poderosa (la de los sus hermanos en la Banda de Cornetas) y una cuadrilla remozada y con otro aire, con otra forma, al mando de José Manuel Rodríguez Quesada.

Pero la realidad se impone, se hace imposible ocultar la verdad: llega Ella, que es lo más parecido al resumen de la belleza, lo sublime y lo altivo. La Virgen de la Esperanza puede ser una de las mejores dolorosas, artísticamente hablando, de toda la Semana Santa andaluza. A punto de cumplir 300, no ha dejado de procesionar nunca en la Semana Santa granadina, siendo junto a la Soledad de San Jerónimo las imágenes con mayor presencia devocional en las calles. Posee el mejor techo de palio de Granada, bordado por la granadina Trinidad Morcillo. Sus varales, al juego de los bordados. Todo es una simbiosis cuidada entre la popularidad de una hermandad de barrio con el rigor aclimatado de una hermandad de centro. Decir Esperanza es decir “todo en su justa medida”. Alegría contenida, júbilo prudente, alborozo mesurado. Se escogen marchas, colocación de la candelería, andar de la cuadrilla, tipo de flor... Todo para el paso de palio que mejor anda en Granada, con la dolorosa que a juicio de los historiadores del arte de siempre, es la más “bella de la escuela granadina”.

Y al fin, la decana del barrio del Realejo, la madre y maestra de la historia del enclave urbano granadino más cofrade y la que con más afabilidad, amabilidad y cariño recibe la ciudad venida desde Santo Domingo. La Coronación de Espinas en Granada tiene el nombre propio, castizo y orihundo de “La Cañilla”. La depuración artística que viene sufriendo desde hace una década nos ha devuelto un paso de misterio impecable, quizás el más proporcionado de la ciudad, con permiso del Huerto. El Señor es una de esas referencias históricas inapelables, puesto que el fiel se planta ante el Cristo de sus padres, de sus abuelos, de sus... La Humildad concita la atención de una Cofradía de Martes, que se echará a la calle en dos ocasiones más y ha conseguido que todos nos identifiquemos con ella.

Y tras el Misterio, Granada no podía dejar de ser fiel a su sobrenombre de “ciudad de contrastes”. Nadie esperaría que una misma Corporación ofrezca una Coronación de Espinas seguida por la Soledad de María, al pie de una cruz desnuda. En la talla mariana podemos descubrir la única aportación del neoclasicismo a nuestra Semana Santa, unido a todas las enseñanzas estéticas y faciales de la imaginería granadina. Despierta cariño y es pieza clave de cada Viernes Santo. ¿Y si la Hermandad un día rescatara de alguna clausura una dolorosa a la altura de ese Señor de la Humildad para regalarnos el palio que seguro sabría hacer con calma y templanza? La Soledad no dejará de estar en su Capilla, ni dejaría de recibir los amores filiales de los suyos, ni dejaría de pisar las calles, que para eso escenifica el Stabat Mater que fuera del “guión oficial” de nuestra Semana Santa, es sin embargo la cita de la fe de estos días. ¿Cabe la posibilidad? Estoy seguro que sí, y aguardo esa decisión con vehemencia. Ganaríamos todos y de qué manera. La Hermandad, nuestra (porque así lo quieren sus hermanos) Hermandad la primera.

Más fotos del día: 








Fotografías de Manuel Puga Castillo.

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