Visitas

domingo, 17 de marzo de 2013

La gente enamorada de Dios no envejece nunca


¿Alguien con la EGB terminada se creía que Cristo subió hasta el Gólgota con una túnica de Juan Manuel Rodríguez Ojeda sobre la cerviz de la cuadrilla de los Villanueva y un paso dorado por Currito? Alguien con dos dedos de luces pensó que la Virgen iba por la calle de la Amargura con un manto diseñado por Joaquín Castilla y la corona centenaria de la Joyería Reyes?

Por eso, sabemos que la Madre de Dios tenía unos cincuenta años, que hace veinte siglos es la apariencia física de nuestras abuelas de 80 años actuales y que las bolsas de los ojos, hartos de llorar, arrasados de lágrimas, desfigurarían a una sencilla, pobre y humilde palestina llamada a ser la humana más importante de la Historia.

También sabemos que la cruz de Cristo no llevaba carey, ni los suelos de Jerusalén eran de flores. Y como  sabemos todo eso, representamos a Dios, a la Virgen y a los santos, en arreglo a la divinidad, santidad y trascendencia devocional que han de sugerir al pueblo y con el fin de conmocionar a este.


De ahí que el hiperrealismo, en el arte religioso, no sirva. Porque para provocar ya está el urinario de Duchamp, para genialidades fuera de sentido las “Tentaciones” de Dalí y para rezarle a Cristo y a la Virgen, el clasicismo de la imaginería española y especialmente, al unción sagrada que los maestros de Granada y de Sevilla le dieron.

Porque el día que un Cristo, una Virgen o un santo, sean la niña de la esquina, el chaval del quiosco o acaso el carnicero del barrio, ese día, ese preciso momento, la imaginería puesta al servicio de la fe y la devoción, se habrá ido a la mierda.

Porque el día que alguien represente la crudeza, la espantosa realidad del martirio, la carne desgarrada, el hueso visible, las luxaciones y roturas, la carne destrozada y los músculos a la vista, ese día, ese mismo día que el fiel tenga que enfrentarse a un despojo de sangre y tormento, le costará realmente rezarle al que triunfó sobre la muerte y el pecado, a pesar de que el creyente sepa que así tuvo que ser la pasión.

Porque el día que se vista al Hijo del Hombre con lino, y a su madre austeramente, y se recreen calvarios y calles milenarias, se habrá perdido la unción religiosa, la idea superlativa de convencer con la estética, la verdadera función del arte sacro: conmover idealizando.

Y resulta, que es eso lo que estamos viendo... Decía el poeta que “así es la rosa, no la toquéis”. Cuando algo funciona y lo hace bien, no es necesario seguir experimentando, seguir buscando algo nuevo, procurar la gloria con la originalidad. Dedíquense a otro campo, será mejor. Aquí sabemos que 11 contra 11 sobre un rectángulo de césped, se llama fútbol. Y que Dios no puede ser esa masa de sangre y tormento ni la Madre de Dios tiene arrugas. ¿Y sabéis por qué? Pues como dijo el DIVINO, el incomparable Miguel Ángel, “la gente enamorada de Dios no envejece nunca”. Pero vuestro arte, ya ha nacido viciado...

...y viejo.

Y ahora, miren abajo una Virgen... La Madre de Dios... La Reina de Cielo y Tierra... La primera Cristiana...  Y no la abuela del Chavo del Ocho. ¡Esto es una Virgen! Y los experimentos en materia de arte religioso, para los talleres. Si uno no es capaz de hacer lo que Mesa, Mora o Astorga pudieron hacer un día, hay demanda de fontaneros en Alemania



3 comentarios:

JUAN PEDRO dijo...

amen david quizás ni hubiese llegado a explicarlo tan magníficamente como tu, pero parece que me lo has robado de la cabeza jejeje esto por desgracia son pocos los que lo entienden...

Anónimo dijo...

A día de hoy la única persona capaz de hacer IMAGINERÍA en mayúsculas es Don Darío Fernández Parra.

J. Carlos Medina dijo...

Disiento por cuanto creo que la humanidad evoluciona. Y cómo evoluciona también lo hace su forma de pensar y también por tanto la percepción de un sentimiento a través del arte. Buena prueba de ello la podéis dar los historiadores del arte que podréis constatar la evolución pictórica a través de los siglos.

La cristiandad tiene un gran aliado en la iconografía y en la imaginería pero esta ha evolucionado hasta la que conocemos hoy. ¿Quién no dice que puede seguir evolucionando hasta formas impensables para nosotros? Impensable sería para los primeros cristianos una talla de Israel Cornejo. Si fuésemos hoy a una clase de “imaginería comparada” comprobaríamos como las tallas sudamericanas despiertan un gran fervor sin ser ni por asomo del estilo ni estética por aquí conocido y por tanto me pregunto ¿Cuál es el canon ideal para despertar el fervor popular? No existe. Existe la cultura que nos impregna por el tiempo y lugar que nos toca vivir pero tan válido para avivar el fervor puede ser el simple trazo de un pez de los primeros tiempos del cristianismo como la talla más realista de la madre de Cristo. Todo nace, crece, se multiplica y muerte y los estilos artísticos no iban a ser menos ante esta gran verdad.
Quizá no concibamos otra forma de entender el arte religioso pero concibo la idea de que no sea así para los tiempos venideros e igual el hiperrealismo acabe imponiéndose, no lo se, qui lo sa.