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sábado, 16 de marzo de 2013

El pertiguero


Lienzo del granadino José María López Mezquita: "El pertiguero de la Catedral de Ávila" (1929)

Sebastián de Covarrubias, en la temprana fecha de 1611 sacaba a la luz el primer diccionario del Mundo Moderno. Hace más de cuatrocientos años, ya explicaba qué es un pertiguero así como su origen, definiéndolo tal que sigue: “Es un ministro seglar, venerable en persona y aspecto en las iglesias catedrales y colegiales, el cual, asiste con ropas rozagantes de la festividad a los oficios divinos, acompañando al diácono y al subdiácono, cuando va al púlpito y a otros ministerios que aquí no se pueden extender. Éste trae en la mano un báculo guarnecido de plata, que al principio se debió de llamar pértiga, y así se quedó con el nombre de pertiguero”.

Los pertigueros por tanto eran seglares no instruidos como acólitos pero con instrucción litúrgica. Precisar el origen concreto de los mismos no es nada fácil, aunque con toda seguridad, el ceremonial que desempeñaban proviene de la reforma trentina y del aparato pre-barroco y litúrgico de estos años. Las Catedrales, con todo el boato de sus funciones solemnes y de sus pontificales, acudiría a la figura del pertiguero para “comandar” a los acólitos (éstos sí son un verdadero cuerpo litúrgico, no el que erróneamente denominamos así en las estaciones de penitencia) ceroferarios y turiferarios. Dice el actual diccionario:  

Pertiguero Vaticano

(Del lat. perticarĭus).

1. m. Ministro secular en las iglesias catedrales, que asistía acompañando a los que ofician en el altar, coro, púlpito y otros ministerios, llevando en la mano una pértiga o vara larga guarnecida de plata.

Persona que porta un varal de plata en la procesión del Corpus en Toledo. Mediante unos pausados golpes que da en el suelo con la vara anuncia la llegada del Santísimo Sacramento que viene unos pasos más atrás.
Ámbito: Toledo (España)

La figura del pertiguero no está contemplada en la liturgia eucarística y la Ordenación General del Misal Romano (OGMR) no le atribuye ninguna función durante la celebración. Nacieron a expensas del ceremonial catedralicio, especialmente el de Toledo y Santiago de Compostela y vestía siempre ropón negro, derivando su nombre de la pértiga (Bastón como sinónimo) que portaba. Dentro de las procesiones claustrales y ceremonias de entrada de las Misas, el pertiguero antecedía a los canónigos y su figura sí era imprescindible cuando oficiaba el Obispo (o Arzobispo en el caso de Granada); pero más que nada, era un maestro de ceremonias, encargado del buen cumplimiento de los ritos y actos del enrevesado y complicado ceremonial catedralicio.

Pertiguero del Prendimiento de Almería

Más sentido tiene la participación del pertiguero en la cofradía, al mando del cuerpo de acólitos. Sería como un diputado de tramo para mantener la compostura de los acólitos y darles instrucciones.
La ínfula cofrade, lo introdujo en los cortejos. Sin necesidad, justificación alguna o premisa histórica, el boato propio de nuestros “teatros sacros” casaba bien, muy bien, con su figura. Y el pertiguero con este aparato estético. Así las cosas, no cometemos error diciendo que actúa a manera de “diputado de tramo”, pero en concreto del escueto y particular “tramo” de acólitos con los ciriales y el incienso. Las Hermandades de Penitencia lo incluyeron a raíz de las procesiones sacramentales, normalmente a cargo de la Catedral (las Solemnes) o al menos, con una participación decisiva del Cabildo Catedralicio, que desde luego recomendaría la inclusión de este “maestro ceremonial” delante del tramo de los presbíteros, a los que apremiaba la marcha o detenía la misma sin necesidad de romper el silencio y el mutismo propio de una solemnidad como esta, sirviéndose de la pértiga con la que golpeaba el suelo y ordenaba la marcha. 

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