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viernes, 22 de marzo de 2013

El Papa Francisco


Ando confundido. Sé que la vida es cambiante y sé que hay que seguir creciendo; que los nuevos problemas requieren de nuevas respuestas. También sé que lo que un día estuvo bien, de la noche a la mañana, no puede estar mal. Me encanta que haya caído tan bien Su Santidad Francisco, que católicos y no católicos estén encantados con el rumbo a la pobreza de este jesuita argentino. Lo que no puedo explicar ni explicarme es la diferencia entre usar una tiara en un escudo pontificio y no hacerlo, por ejemplo, como si costase más dinero (o esfuerzo) hacer unas trazas en forma de triple corona o de turbanteo. Al parecer nos hemos pasado media humanidad equivocados. El caso es que los actuales católicos lo hemos sido con todo ese poso, con toda esa carga estética, ritual y particular. El mensaje siempre ha sido el mismo, que para eso debe estar una religión; lo único distinto era la forma de decirlo, con más o menos boato.

Lo siento; yo no creo que el Vicario de Cristo deba ir en andrajos. Ni estaría tampoco de acuerdo en hacer un anillo de oro para luego destruirlo, pero sí en usar lo que ya está hecho. ¿Insulta la Basílica de San Pedro acaso? ¿Los casi 8 millones de turistas irían, dejarían su dinero y con ello contribuirían a que la Iglesia lo pueda emplear en caridad, si el centro espiritual del catolicismo fuera una choza de barro? Lo siento, pero yo no creo que la inmensa mayoría del mundo latino, por ejemplo, creyera en Dios de no ser por el arte. Lo siento, de veras que lo siento, pero me repudia que dos mil años de tradición ahora no sirvan; me asusta que el sucesor de Pedro sea un coleguita moderno y enrollado que pasea en bambas y choca los cinco, mientras manda a un sótano el baldaquino de Bernini, a hacerle compañía a la silla gestatoria. ¡Como si la mujer de César no tuviera que serlo sino parecerlo!

¿Se imaginan operados por un cirujano con una camiseta de las SS? ¿Juzgados por un magistrado con “pirsin”? ¿Y que al frente de un paso fuera un capataz con el pelo verde teñido? ¿Por qué no? A fin de cuentas, al parecer, todos estáis encantados con un modelo y un tipo concreto de Papa, cercano, sencillo y pobre. Pues ya está, asunto arreglado. Pero sin embargo, yo siempre he preferido que mi Iglesia me diga cosas como “Amaos los unos...” y se preocupe de dejar sentado y demostrado que el Poder de Cristo no conoce límites. Que su Reino no es de este Mundo. Que puede venir para juzgar a vivos y a muertos y que encarnado en el Hijo del Hombre, resucita, sana y muere por nosotros. Sí, todo muy pobre, pero muy poderoso. A los incrédulos, incultos y necios se les convence mucho antes con el oropel de un retablo que con una Iglesia moderna y sencilla.

El que crea que el catolicismo tiene en el Mundo 1.300 millones de fieles sin todo eso, sin haberse aliado con el poder, sin conseguir la bendición de un emperador romano, sin contar con la decidida espada de la Nación más importante que hubo, España, o es torpe, o es un mentiroso. Por desgracia no sabemos aprovechar el poder que supone la masa, la cantidad, para mandar un mensaje que dejó dicho Cristo. Pero que nadie dude que sin el empeño de los Católicos Soberanos Españoles, desde Isabel a Alfonso XIII, por qué no, en el Mundo habría unos cientos (cientos y cientos) de millones de fieles menos.

Yo no quiero una Iglesia pobre. Lo dijo el mismo Cristo, que no sólo de pan vive el hombre. Y no le importó que la de Magdala le cubriera de perfume caro, porque “a los pobres siempre los íbamos a tener y al Hijo del Hombre no”. Yo quiero una Iglesia que dé más pan a los que lo necesitan, pero por desgracia para comprar pan hace falta plata, y a Dios gracias, la plata que en su día sirvió para los candeleros, y el oro que en su día fue a los bordados, ya está hecho y no pasa nada por usarlo. Me recuerda a las señoras de cierta edad, que se sientan en una silla vieja junto al flamante sillón que no usan para preservarlo. No, la Iglesia debe usar su tiara, su silla gestatoria, por qué no... y su ceremonia de coronación, y su Misa en San Juan de Letrán y no en una cárcel. Y tiene que dejar que un tío, quiera a otro. Es incongruente todo eso que aplaudís de Su Santidad Francisco, mientras católicos que lo son más que yo que escribo y tú que me lees, no pueden serlo porque están perseguidos por la Iglesia, que amigos míos que no pueden comulgar porque se les acabó el amor de tanto usarlo, que todos los desheredados por la Santa Madre Iglesia, que no va a ser mejor por ser más pobre.

Ah, hipócritas de sepulcros blanqueados. A lo mejor, los católicos no somos cristianos. A lo mejor no nos merecemos otra cosa. Pero mis abuelos, bisabuelos... creyeron algo que yo he heredado y yo he vivido. ¿Los míos estaban equivocados? ¿Los tuyos también? Pues que los pobres tomen el poder, por supuesto. Mientras, yo creo que el que representa a Cristo, Omnipotente, Omnímodo, no puede pasearse como el bedel de un Instituto, como el taquillero del circo. El hábito sí hace al monje, es algo que la Humanidad tiene inherentemente aprendido desde hace, por lo menos, 4.000 años, y eso no se cambia de un plumazo.

A lo mejor es hora de cambiar. Unos y otros. Yo desde luego sé de qué lado quiero quedarme.

5 comentarios:

J. Carlos Medina dijo...

Mi querido hermano: Harto complicado discernir sobre esta cuestión. Da para una noche entera esperando saludar un amanecer copa en mano. Como te dije creo que primero son las formas y luego las reformas con lo que creo que están por venir grandes cambios, o no tantos.

El futbol es una fuente inagotable de ejemplos y por tanto el Granada viene a colación cuando muchas veces hemos lamentado que donde estaban todos esos aficionados de escudo en pecho cuando el Granada estaba en tercera y que ahora se reproducen como esporas por estar en primera. Pues eso, de los 1.300 millones de católicos, ¿Cuántos lo son de verdad y cuantos lo serian sin tanto oro y plata? Si la respuesta es que pocos lo cierto es que no creen en Dios si no en el oro y la plata.

La cuestión no es lo que queremos los cristianos lo que hay que preguntarse es lo que quiere Dios.

Y si la mujer del Cesar además de ser honrada tiene que parecerlo que hace un dictador asesino como Robert Mugabe, en la ceremonia del comienzo oficial del pontificado. La iglesia dice que no invita a nadie pero tampoco rechaza a nadie. No estaría mal que llevase excomulgado algún tiempo ya. Estoy contigo en que no se pierdan las formas estéticas pero ya va siendo hora que se vayan recuperando las formas éticas y quizá estemos esperanzados los cristianos en que este Papa haya empezado por las formas y siga con las reformas pero me temo mucho que para seguir teniendo oro y plata solo existan formas y a tomar viento las reformas porque ayer, hoy y mañana el dinero compra voluntades y creencias.

Ralph dijo...

Comparto con J. Carlos Medina la siguiente opinión "La cuestión no es lo que queremos los cristianos lo que hay que preguntarse es lo que quiere Dios". Creo que al final es lo que cuenta, ya Cristo recriminó al mismo apóstol Pedro porque pensaba como los hombres y no como Dios. También creo que este es el comienzo y que al igual que a los políticos deberíamos conceder los 100 días de gracia para poder hacernos una idea del rumbo que quiere que lleve su Pontificado.

Anónimo dijo...

para muestra un boton:
http://santa-maria-reina.blogspot.com.es/2013/03/el-santo-cura-de-ars-su-pobreza-los.html?m=1

suspendo el juicio y esperare acontecimientos pero si la reforma de la reforma fue un camelo, me temo que estamos en las puertas de la reforma ruptura iniciada hace 50 años a marhamartillo, contra los fieles, y cuyos frutos son mas que evidentes.

santi

Anónimo dijo...

Estimado amigo:
Ibas muy bien, pero al final te has desviado.
La Iglesia no excluye a los homosexuales, pero si pide castidad a todos sus miembros y solo permite a los casados mantener relaciones.
El matrimonio es una institución con fines de procreación y educación de esa prole. Además del compromiso de transmitir la Fe.
La homosexualidad es una conducta desordenada que no fomenta, por mucho que la ciencia "avance" la procreación ni el único concepto de familia posible.
En cuanto a los divorciados; pueden comulgar siempre y cuando vivan como cuando eran solteros. ten en cuenta que la Iglesia no contempla el divorcio.
Por último: los gestos para los políticos.

Un saludo.

Emilio

jgvaquero dijo...

Estimado amigo, sólo puedo decirte: confía en el Espíritu Santo. Él se apoya en la soberana libertad que tiene el Papa para actuar conforme a las líneas que quiere dar a su gobierno. Confía, confía; Dios no se equivoca.
Y otra cosa: no interpretes la personalidad de un pontífice como ruptura con los pontífices anteriores. No hay ruptura, igual que no la hubo en el Concilio Vaticano II: hay renovación pero dentro de la Tradición, hay desarrollo, nuevas luces arrojadas sobre la misma doctrina de siempre. Que un Pontífice adopte unas determinadas líneas pastorales no quiere decir que las anteriores no fueran válidas; Francisco en ningún momento ha dicho tal cosa, ni la dirá. Fíjate más bien en la sintonía que existe con su predecesor, el Papa emérito Bendedicto XVI.