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jueves, 7 de marzo de 2013

El origen del paso de palio


Sin necesidad de confundirlo con el elemento litúrgico que usan los obispos, el palio nació en las culturas antiguas asociado tanto al poder civil como a las festividades religiosas y siempre con un criterio práctico, puesto que la necesidad de proteger de la lluvia o del sol a las personalidades importantes de los pueblos de Mesopotamia o Egipto, quedó asociado a la idea de que aquellos que se cobijaban bajo este elemento de tela, podían ser identificados con la jerarquía.

De hecho, el palio nace como una evolución del baldaquino, término italiano cuyo significado no es otro que Bagdad, la mítica capital persa, demostrando el origen oriental de dicho elemento. Así las cosas, nació a manera de cúpula hecha y compuesta por elegantes y cuidadas telas que se llevaba sujeto por varios palos, nuestros actuales varales. Son dos los orígenes etimológicos, puesto que tanto podría provenir del latín “pallium” (es decir, manta) en alusión a su parte superior, como de “palium”, también latín y que significa palos.

En las más destacadas solemnidades, sacras o profanas, se usó igualmente para destacar a quienes debían protegerse bajo éste. Empezó usándose  siempre que los sacerdotes de la alta jerarquía oriental tomaban partido de aquellas procesiones del culto asirio, luego, los monarcas y jefes de tribus quisieron destacarse también empleando el palio como elemento de distinción sobre el pueblo llano y quedó asociado a la idea de poder. Es así como su influencia permanecería en el Imperio Bizantino y de éste, pasaría a la liturgia cristiana, primero a través de la Iglesia Ortodoxa y luego a la católica.

Sabemos a ciencia cierta que algunos pueblos de la Antigüedad acostumbraban a colocar a sus divinidades bajo palios, a falta de templos, que su vida nómada no les permitía tener, hasta que construyeron casas y establecieron ciudades. De ahí que el palio sea una derivación del entoldado o carpa, como el pueblo judío perpetuó y la mejor manifestación fue la tienda bajo la que descansaba el Arca de la Alianza, que contenía las Tablas de la Ley durante el éxodo del pueblo hebreo en el desierto.

El primer documento firme en el que encontramos a un monarca haciendo uso del palio, será en el privilegio que el Papa Alejandro VI conceda en 1486 a los Reyes Católicos. Desde entonces, los soberanos del catolicismo, han empleado el palio como símbolo del poder civil bendecido por la Iglesia, para amparar a los monarcas en sus desplazamientos y suscribir su poder. Lo usó en muchas ocasiones el Emperador Carlos así como los monarcas austríacos. Incluso los zares hasta bien entrado el siglo XX hicieron uso de éste. De ahí que el catolicismo, heredara la idea de un elemento monárquico, de manera que lo destinó para las procesiones eucarísticas y para ensalzar el culto sacramental. Sólo así entendemos los templetes o baldaquinos que se conservan en todas las iglesias mayores o principales de los pueblos granadinos o el fastuoso baldaquino de San Pedro Vaticano, hasta que de él hiciera uso el mismo Papa.  Durante el breve pontificado de Juan Pablo I, dejó de usarse en las ceremonias vaticanas, y Don Juan Carlos I, prescindió de su empleo desde 1975, condicionado quizá por el uso abusivo que de este elemento había hecho su antecesor al frente de la Jefatura del Estado, el General Franco.

La primera noticia que tenemos de un palio cofrade, usado para la distinción y el ensalce de María Santísima, es el contrato de hechura de un baldaquino, en 1606, para la Soledad de Sevilla. En 1631 se encargaría para la Soledad de Granada otro, con diseño y trazas de Alonso Cano. No sentó bien entre los Doctores de la Iglesia que un elemento destinado a acrecentar la magnificencia de la Hostia Consagrada se ubicara tras  las andas de una dolorosa y menos que pasara de ser móvil, como continua el de nuestra Patrona, a fijo. Pero los teólogos marianos anduvieron acertados cuando determinaron que si la Sagrada Forma es, merced a la consagración, el Cuerpo de Cristo, la Virgen María es considerada primer tabernáculo de Dios, por lo que se asoció el culto sacramental al mariano y la dignidad soberana a la de la Virgen, que de manera determinante el Papa Pío XII zanjó declarando la Verdad de la Realeza de María en 1954, y asociando los antiguos protocolos de las monarquías absolutistas al boato mariano, siendo el palio, la corona o el largo manto, elementos ya indispensables en la iconografía de nuestras Titulares Marianas.

Un último dato nos parece definitorio: la primera noticia de hechura de un palio en Granada, lo encontramos en el encargo que la Catedral hizo en 1527 para el Santísimo Sacramento. Cinco siglos de tradición perpetuada en los extraordinarios conjuntos que podemos observar en las calles durante Semana Santa.  

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