Visitas

domingo, 31 de marzo de 2013

Domingo de Resurrección 2013


Si después de casi 30 años tenemos que seguir preguntándonos cómo es posible que existan dos hermandades dispuestas a representar y escenificar catequéticamente la Resurrección de Cristo, lo más probable es que aún no hayamos entendido nada. En una ciudad como Granada, con 8 crucificados y 7 nazarenos, de los cuales, cinco interpretan el mismo pasaje y aún con ello, dos también, y refiriéndonos a la crucifixión de Cristo, sólo Expiración y Lanzada salen del pasaje que los otros seis repiten entre sí, no he de haber entendido bien la queja... No he de haberla entendido en tanto nadie se plantea si ha lugar a dos escenas de la Flagelación de Cristo, o a dos escenas de su Cautiverio. ¡No lo habré entendido!

Excelente fotografía de Vicente Romera

Otra cosa es la idoneidad plástica, la fuerza expresiva o la unción devocional. Bien, no digamos entonces que el problema reside en la duplicidad de “escenas”. Pero lo cierto es que al fiel (o al cofrade, que no siempre es lo mismo), le cuesta abrazar la Resurrección con el Misterio central de nuestra fe. En ello tendrá buena cuenta los más de cuatrocientos años en los que la Pasión y Muerte era el principio y fin de nuestra fe. Pero la sabiduría popular ha puesto el resto, en tanto atribuye la normalidad al hecho de que Cristo “regresara de entre los muertos”. A fin de cuentas, Dios puede obrar los milagros que su omnipotencia le otorga. Lo que al fiel le sigue maravillando es que se hiciera hombre y aceptara el peso de la redención sobre su cuerpo y a costa de su escarnio. El fiel termina por asociar a algo nada extraño que Cristo resucitara... Los Evangelios están llenos de milagros y proezas. Pero que se entregara hasta la Muerte le sigue impactando.

Detalle del Señor de la Resurrección, fotografía de Vicente Romera

Con estos espartos las hermandades de Resurrección tendrán difícil la aceptación rotunda que cualquier otra de penitencia vive y disfruta. Poco favorece la actitud de muchos cofrades que en la entrada del último paso del Viernes Santo, dicen adiós. Poco ayuda también que los medios de comunicación se despidan el mismísimo Viernes y poco que nos planteemos, en 2013, tras 28 años en los que hemos sido espectadores de dos hermandades de la Resurrección en la calle, que si ha lugar esta duplicidad. Por San Miguel Arcángel, los vientos soplados por algunos no hacen tanto daño. Por Arabial la situación se convierte en insostenible. A años luz de lo que un día fue y de la idea original.

Los católicos creemos en la Resurrección, porque fundamenta el sentido de nuestra fe. Pero no le otorgamos ningún mérito a que el mismísimo Dios haga lo que ha de hacer. Lo sobrenatural se convierte en ordinario. Por eso, en una tierra donde antes de que naciera el cristianismo ya reverenciaba por encima del resto a sus “diosas”, la Madre de Dios y nuestra, la Santísima Virgen María, cobra especial protagonismo, relevancia rayana en la idolatría, sobreactuación devocional, derroche de amor en pocas palabras. Y a nadie se le escapa, que el día, el último de nuestra Semana Santa, consagrado a dos de nuestras treinta y dos (por si alguien no se ha enterado) es de Ella. De la Virgen del Triunfo. ¡Qué sí! Que Cristo ha Resucitado, que el Concilio Vaticano II, que... Pero si estaba claro, amigo. Si es Dios Mismo, por lo que iba a ser Dios Vivo. De modo que Granada pone a funcionar su inventiva, pare una advocación única y nuestra, la reviste de plata inmaculista, que de eso sabemos como ninguna otra ciudad y la encarama en la verdad más verdadera: la verdad de un paso de palio... Y así termina esto.

Don Manuel Puga Castillo firma y rubrica las fotografías que ilustran esta entrada, convirtiéndose un año más en el fotógrafo de esta Alacena, que contrae con su capacidad artística y su generosidad extrema, una deuda insalvable. 

No hay comentarios: