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domingo, 24 de marzo de 2013

Domingo de Ramos 2013


El Domingo de Ramos granadino ya fue bautizado con acierto plástico hace años como el “día de los misterios”, en una ciudad donde secularmente las escenas de la Pasión eran representadas con la fuerza plástica de las Imágenes de Cristo, solos, sin necesidad de complemento alguno, pero que en efecto las figuras secundarias venían a recrear y enriquecer con exactitud el momento concreto. Así las cosas, el día de los días de la semana de las semanas, se cuela en los cofrades de la ciudad. Cada uno tendrá además la jornada en la que procesiona su Hermandad con un cariño sentimental imborrable, pero a ciencia cierta el día más esperado será el de la primera en la calle.

La Hermandad de la Entrada en Jerusalén anda a cuatro años del centenario. No de sus reglas sino de su presencia evangélica y catequética, que a fin de cuentas es tan trascendental o más que el aniversario de una aprobación. Miramos aún expectantes a la trayectoria de la última década de una Cofradía siempre entrañable en el afecto del cofrade pero que con su nueva estética además, se nos coló desde años aquí respondiendo a la perfección a la idea, calidad y méritos que merecía la ciudad y se había ganado el colectivo cofrade. Un nuevo misterio, nuevas túnicas, nuevo vestidor, nuevo capataz... Todo se alineó a partir de la salida extraordinaria que en su onomástica protagonizó la Virgen de la Paz, en aquel lejano pero memorado 24 de enero de 1999 para eclosionar en lo que hoy vemos. Entre medias, el exilio de San Andrés y esta Hermandad ya en solitario, ejemplificando cómo el patrimonio religioso de la ciudad se hunde y se nos marcha sin que conmueva ni a la ciudadanía ni a quién compete. Merece todo el respeto y toda la admiración la nómina de sus hermanos que de San Andrés (si nadie lo remedia, la vieja parroquial renacentista y mudéjar será un hito más de la historia de este pueblo), a Santiago y al Perpetuo Socorro, nadie sea capaz de afincarlos en una Iglesia concreta que puedan sentir suya. Y con todo, en el Santuario Redentorista llevan con estos 14 años abriendo una Semana Santa que se mira en esa cruz de guía plateada y ésta le devuelve en el espejo de su repujado la imagen de que vamos por el buen camino.

La Virgen de la Paz exterioriza precisamente la preocupación manifiesta que desde finales del siglo XX ha puesto Granada en su Semana Santa para recuperar al sitio que nunca debió perder. Y lo hace en una de las “disciplinas”, en una de sus muchas materias por observar, en tanto el trabajo costalero bajo este paso de palio cambió, se transformó y dictó que la costalería granadina había dejado de ser una plataforma romántica en la que mirarse (leyenda de la recuperación de nuestra Semana Santa a fines de los setenta del pasado siglo) para ser una herramienta más del progreso de todo este mundo. Además, hay que atender al gusto de la vestimenta mariana, al estilo de flor, siempre en la línea de personalidad que tiene la Cofradía. Los últimos años además son el resumen del crecimiento de las filas y especialmente de la juventud con su atavío palestino. Y habrá instantes y momentos que el devoto a pie de calle no puede perderse, como la contemplación de unos pasos que poco a poco llegan a ser lo que en su día se diseñó, recortados sobre la imponente fachada Hospitalaria, o en la portada barroca de San Juan de Dios, o cuando aquel manido pero no por ello menos cierto comentario poético subrayaba que Granada era una Jerusalén de nuestros tiempos. ¿Acaso traspasar una puerta y sus murallas que este año cumplen 1.000 años, para hacer una verdadera entrada a la ciudad, a la ciudad antigua y pretérita, no es recrear como nadie lo que precisamente ofrece en su Misterio la Cofradía? Y es que si hay una Entrada en Jerusalén más realista, al menos al llegar a “Elvira”, es la de la Cofradía homónima granadina.

Pero es que volar, casi literalmente hasta el Realejo, es el ejercicio más maduro y más consecuente que podemos hacer. No nos engañemos: estos tiempos se llevaron la identidad que un día tuvieron los barrios. Al menos esa identidad en la que uno no sabía si estaba en una pequeña ciudad “dentro de la ciudad”, o que costaba entender si acaso la urbe podía presumir de identidad gracias a estas “colaciones” antiguas o señeras o tenerlas como repúblicas federadas. Le pasó al Madrid de los Austrias, a la Sevilla de San Bernardo y a la Granada de sus casticismos que exaltaban los pintores románticos. El Realejo y desgraciadamente el resto de barrios auténticos, sólo cobran y recobran su personalidad cuando se visten de fiesta. Y no se echen las manos a la cabeza, porque los católicos estamos llamados desde hoy y hasta el próximo domingo a la fiesta más grande que conocen los días: la de nuestra fe y nuestra cultura. Pues de fiesta, claro que sí, para que la primera de las seis hermandades de penitencia del barrio, tome las calles. Decir Realejo, para cualquiera que conozca algo de la Semana Santa granadina, es apelar a la paternidad o por lo menos al matriarcado del barrio sobre las Cofradías. Aquí renació la Semana Santa que arruinó el siglo XIX (pero no extinguió) y aquí se forjó lo que somos hoy, mejor, peor o tal vez bueno pero mejorable. 

La Cena puede presumir de ser uno de los mejores conjuntos escénicos de este pasaje evangélico que existe en talla en la escultura mundial y que procesiona por las calles. Tiene el permiso de Murcia para no ser el mejor de España, pero desde luego lo es de Andalucía, asciende nada menos que a un segundo, reputadísimo y altanero lugar; sólo la calidad del Misterio escultórico merecía la pena para atravesar cientos de kilómetros y ver la jornada del Domingo de Ramos en Granada. Sólo los antiguos y peculiares bordados de sus insignias y qué duda le cabrá a alguien, los de manto, palio y faldones de la Virgen de la Victoria, merecía la curiosidad de muchos. 

Si a eso sumas que estamos ante la Cofradía costalera por excelencia de la ciudad, la que de alguna manera terminó sin propósito, convirtiéndose en la madre de muchas cuadrillas y la maestra por edad y antigüedad, a la Hermandad hay que mirarla con buenos ojos. El resto lo pone Paco Garví vistiendo a la Imagen Mariana, el barrio y su carga patrimonial, la calle Jesús y María que es la primera calle de la Semana Santa granadina que lleva a la gloria en la primera bulla, en la primera y aplastante manifestación de por qué las Cofradías tienen el peso social que tienen a Dios gracias.


Pero si el Realejo rezuma identidad, la Carrera del Darro desborda estética. Viajeros de mil rincones han dado por buena la definición que le dio un poeta: “la calle más bonita del mundo”. Me cuesta imaginar otra arteria en la que restos arquitectónicos con mil años de antigüedad, el segundo baño musulmán del Mundo, fachadas renacentistas cargadas de frescos, portadas barrocas, escudos de linajes con prosapia, campanarios, río, verde, árbol y la Alhambra, se mezclen y en el alambique de la historia, den a luz la Carrera del Darro; bien, el marco está puesto, falta que el cofrade le añada la pintura. Y desde hace 70 años lo hace la Hermandad de la Sentencia. Primero con la incontestable calidad del Señor, nacido en 1685 de un genio sin igual. 

Luego, con el conjunto armónico y patentado de su palio, que pareciera sacado de un museo del renacimiento. Después, con el esfuerzo que da sus frutos al cabo de siete décadas de trabajo. Y así las cosas, el sueño casi cumplido de don Miguel López Escribano toma la calle desde la Parroquial de San Pedro convirtiéndose como la anterior hermandad en la embajadora de su barrio, en la primera de las albaicineras que conquista el suelo. ¡San Juan de Dios, Realejo y Albaicín! El día promete...

Y aumenta. Porque de unos años aquí venimos asistiendo a la lenta, paulatina y memorable conversión de la Hermandad del Cautivo. A muchos les resultaba una empresa imposible. A los de la Encarnación, una gesta dentro de la coherencia. Mejora en el andar costalero, vestimenta mariana, colocación de flor, orden de insignias y nuevos proyectos que se cuelan por las ventanas de la clausura franciscana y que nos soplan la seguridad que, tarde lo que tarde, (prisas no existen en esto de lo cofrade) terminaremos mirándonos en la Hermandad que hace 33 años se soñó. Jesús Cautivo ya tiene una banda propia que aumenta la nómina cofrade y difunde la labor de la Hermandad en decenas de rincones geográficos. 

El paso de palio vuelve a ilusionarnos, como en los años en los que de él se decía que era el único, el pionero en el uso de la malla bordada. Y el resto de cofrades soñamos con que todos estos cambios (carácter sacramental, participación decidida en las manifestaciones de la ciudad como el Corpus, la remozada vida interna de la Hermandad) nos traiga un día la verdad de nuestro sueño, ya cumplido. Mientras, ponemos la vista atrás y no podemos más que sonreír ante los cambios a mejor.

Y la quinta del día; la más joven de la Semana Santa y la que más pronto aprendió. ¡Y hasta pudo y puede explicarnos más de una cosa a muchas! Jesús Despojado supuso un antes y un después al punto de pensar que sin su concurso y particular manera de ver y entender la marcha de las hermandades en Granada, o bien nos hubiera costado más llegar a donde hemos llegado, o quizás andaríamos todavía intentando ponernos rectos. La más joven formada por los más jóvenes, que claro, a punto de cumplir 28 años la hermandad, los suyos (los primeros), no lo son tanto, pero siguen manteniendo el espíritu de aquel mayo de 1985. Remozó el conjunto escultórico, se convirtieron en los ministros plenipotenciarios de lo cofrade granadino ante millón y medio de personas en el verano de un Madrid de hace casi dos años y ya sueñan con ofrecernos un paso de palio que al igual que el del Misterio, ni podrá pasar desapercibido ni quedar ajeno a las guías y catálogos del patrimonio de nuestras Cofradías. 

Si a eso sumamos unas filas en aumento, un barrio conquistado (y ganarse a los barrios que nunca fueron cofrades, es difícil) y una banda de aniversario (20 años ya, Señor), la combinación no puede ser más del gusto de todos. Yo sigo prefiriendo a la Hermandad ante el Cristo de San Agustín, de ida. Otros, la querrán en las recoletas calles de ese trozo urbano que no se sabe si es Barrio de San Antón-Frontera con Fígares o el centro, y ya está. Muchos, miran el particular arco de descarga de los edificios que atraviesa y ven los postigos centenarios de las ciudades milenarias. Y con todo, contamos ya con apremio ¡cuánto falta para que la Virgen del Dulce Nombre esté entre nosotros!

Fotografías de Manuel Puga Castillo

1 comentario:

Un cofrade más dijo...

Estimado amigo:

Siempre son sabias y grandes tus palabras, aunque hoy, si cabe, un poquito más.
Ojalá haya suerte!!!

Feliz Semana Santa