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viernes, 1 de marzo de 2013

Dios y Hombre verdadero


Las representaciones de Cristo han de signarse como tal, o dicho de la manera más coloquial, el nimbo o las potencias son ineludibles en un Nazareno, Atado a la Columna o Cautivo... De una u otra forma, estamos ante el símbolo de la divinidad de Cristo, más aún, el reconocimiento de Éste como Rey de Reyes, de ahí el halo luminoso que se interpreta como la potestad terrenal y eterna de Jesús. Pero, no todas las Imágenes lo lucen, aun cuando deberían habida cuenta de lo que acabamos de exponer. Es el caso del Señor de la Paciencia. Es cierto que aquí mezclamos lo que habría de hacerse (signar a la representación de Cristo con los atributos de su poder y su divinidad) con cuestiones artísticas, en tanto que al Señor de la Paciencia (entiendo) la inclusión de potencias o nimbo podrían dañar su policromía y enturbiar su particular postura; tal vez nunca fue pensado para llevar potencias, tal vez, se aconsejó su retirada tras su admirable restauración... Tal vez, éste que escribe, aunque sabe que no está bien y debiera llevarlas, no se imagina al Cristo de San Matías más que como ahora.

Ahora bien, a otras Imágenes se les suele presentar según gustos priostes y de Juntas de Gobierno, de diferentes modos. Es el caso del soberbio e imponente Cristo de la Expiración, que ha lucido corona de espinas y potencias, y nada; malicio que el Señor homónimo trianero anda tras esta directa influencia, en tanto al Cachorro le aparecen los símbolos de la pasión y el signo de su potestad, tan rápido como le desaparecen, incurriendo en un error acusado por cuanto la retirada del elemento que recuerda su divinidad ya es grave, pero nada menos que uno de los instrumentos del martirio, es incomprensible.

Y esto me lleva a plantear una pregunta que tal vez algunos no hayan terminado de hacerse nunca. ¿Se han dado cuenta que normalmente, las Imágenes que escenifican la muerte ya del Señor, no tienen ni nimbo ni potencias? Y estas, ¿lo hacen mal?  Pues verán , la respuesta como siempre lo da aquello que un día debimos estudiar, y si no, un colectivo que fomenta e incrementa la devoción popular representando la Pasión y Muerte de Cristo, debería saberlo. Porque dice el catecismo que con la muerte, el Alma del Señor se separó de su Cuerpo, como igualmente sucederá con cualquier creyente. En concreto dice textualmente que "Dios [el Hijo] no impidió a la muerte separar el alma del cuerpo, según el orden necesario de la naturaleza pero los reunió de nuevo, uno con otro, por medio de la Resurrección, a fin de ser El mismo en persona el punto de encuentro de la muerte y de la vida deteniendo en él la descomposición de la naturaleza que produce la muerte y resultando él mismo el principio de reunión de las partes separadas” (S. Gregorio Niceno, or. catech. 16).

Santo Tomás en la Suma Teológica no sólo recuerda que durante los dos días de la muerte el Alma de Cristo estuvo separada del cuerpo, sino también que bajó a los infiernos para redimir a los justos, por lo que no pudo estar unida al Cuerpo, el cual si tuvo algún vínculo fue con el Verbo, pero no con el Alma. Luego no parece iconográficamente adecuado que una imagen de Cristo muerto aparezca con las tres potencias del alma. Es más, no sería correcto que las Imágenes del Descendimiento, Piedad, Traslado, Urna (Yacente) y otras, Cristo sea presentado a devoción pública con potencias o nimbo. Acierto seguro de la Hermandad del Silencio, Cristo muerto, y el Soberbio crucificado de Mora, sin potencias. Como de la Hermandad de la Alhambra, del Santo Entierro o de San Jerónimo.

Los hay que nos advierten que el cuerpo de Cristo, ya sin vida, no es otra cosa que el signo de la victoria de Dios sobre la muerte y el pecado. Desde luego, pero algo deja de ser comprensible, porque el alma es a dónde van los desvelos de San Pablo, de nuestra fe entera. El mismo Jesús nos recuerda que no hace falta cuidar tanto el envoltorio; luego, qué hemos de hacer los cofrades ¿venerar a Cristo por lo que representa y es, o como a veces hemos sido acusados de reverenciar el fruto del sanguinolento episodio de la Pasión? Yo creo que en efecto, como tantas otras cosas que hacen de la Semana Santa una de las escenificaciones sin rival en el Mundo, nos puede más el bordado, el oropel y el aumento del patrimonio, que darle auténtico sentido a todo. Y puede, digo puede, que el Señor de la Paciencia no lleve potencias de manera errónea, pero es que no las necesita. Como un crucificado sí debe llevar corona de espinas, que en efecto es lo que reza el Evangelio; creo, y puedo equivocarme (como tantas veces) que las potencias sobre el Señor ya muerto, en Cruz, Descendido o en el Sepulcro, son innecesarias, pero entiendo, que sin todos estos elementos superfluos objeto de crítica para los no creyentes desaparecieran, la Semana Santa, no sería la misma.

Y es oportuno pensar en la necesidad de los mantos y de las coronas y de tantas otras cosas; y les prometo que lo haré, el próximo lunes. 

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