Visitas

lunes, 25 de febrero de 2013

Presentación del Cartel Sagrado Protector


Con tu venia, Señor... ¿se puede?
¿No te importa? Es confianza.
Ya sabes que vengo a verte
sabiendo que esta es mi casa.

¿Me dejas Señor, tan solo
que te diga unas palabras?
Sé que no te importunamos
bajo tu santa morada.

Verás Señor... ¡Es domingo!
Un día de fiesta, de ara;
día para hacer camino
con lecturas y parábolas.
Permíteme que comience
como en tu Misa se habla:

Y así, Señor, YO CONFIESO
que he faltado a tu enseñanza;
que descuidé tus consejos;
que omití tus ciertas hablas;
que falté a tus mandamientos...

...Sacrifiqué con mundanas
y entretenidas maneras
la verdad de la que hablas.

Mi culpa, Señor. Mi culpa.
Me ha pesad la medalla.
He faltado a la solemne
promesa que te jurara
(hace un siglo y aquí mismo)
cuando tus Reglas besara.

Ante Ti y ante tus santos
vengo a confesar mis faltas:
las veces que me he perdido
los abrazos y palmadas
de mis benditos hermanos
por desidias y desganas.

Las veces que no he venido
a tus formativas charlas.
Las veces que he omitido
tus Funciones y plegarias
y las veces que perdí
(aunque la fe me empujara)
buenas oportunidades
de sentirme como en Casa.

Por eso pido a tu Madre,
mi Señora, casi hermana.
siempre amiga, medio cita
de consolaciones álveas;
a San Francisco de Asís
a San Agustín y Clara
que intercedan ante Ti,
amparo de mi Granada
y que incrementes mi fe
y que veles por mi alma
para ser ese cofrade
a la altura de esta Casa
(mi hogar, mi lumbre, mi forja)
lleno de hermanos y hermanas,
ejemplos de Cofradía,
hormas vívidas cristianas
que no saben de reproches
y te miran a la cara
y hacen que nos sintamos
de misma cuna y prosapia.

Que no censuran tu ausencia
y no afean tu vagancia
y cuando al fin apareces
por la acera de esta casa,
siempre saludan de veras
con alegría bienllegada,
confirmando los cimientos
de la amistad solidaria.

¡Qué suerte Señor que tuve
hace un siglo, ante tus plantas,
cuando juré tus preceptos
confirmando mis deberes
y abrazando tu medalla!

Porque sé, nadie lo dude
que es esta también mi Casa.

¡Con tu venia protectora
y en mi Hermandad sacrosanta...
Cristo de San Agustín,
qué alegría estar en casa!
           
*Reverendísima Comunidad de Madres Clarisas Franciscanas. ¡Dios con vosotras!

*Señor Hermano Mayor y Cabildo de Oficiales de la Muy Antigua Hermandad del Santo Crucifijo de San Agustín.

*Familia Santos Jiménez y Nexo Cocinas.

*Hermanos míos:

Que la medida del amor, sea amar sin medida”. (Santo Padre Agustín de Hipona)

Dicen que un buen hogar siempre estará donde el camino esté lleno de paciencia, donde el puente se halle tendido para pasar, donde las caras estén dispuestas para lo amable, las mentes activas para pensar y las voluntades, todas, deseosas para servir. Seguro que un buen hogar siempre estará donde los besos tengan vuelo y los pasos, mucha seguridad. Donde los tropiezos tengan cordura y los detalles, significación. Donde la ternura sea muy tibia y el trato diario muy tolerante. Bien cierto, muy cierto, que un buen hogar siempre estará donde el crecimiento sea por el mismo tronco y el fruto por el mismo bulbo. Y es el sitio en donde el fracaso y el éxito es de todos, tan parecido al  ambiente donde naciste. Un buen hogar, tu buen hogar, tiene en sus vetas y cimientos indestructibles armas, los principios parecen como grabados en acero y luce en sus ventanas la bandera del amor. Pero confío antes que nada que un hogar, mi hogar, es el barco más seguro para navegar el mundo asido a un timón firme. Y que se define en las cuatro letras con las que escribís casa. Un hogar es lo más parecido al número 40 de la Calle San Antón. El hogar donde aprendemos que la sangre es una excusa de familiaridad y la coartada de los linajes en desuso. Porque en esta casa, me habéis dado lecciones de fe y de familia que me evocan continuamente, que por encima de un icono bendecido, aquel día que juré las virtuosas Reglas de nuestra Hermandad, jamás necesitaría una medalla, porque la mejor insignia que podré lucir es saberme hermano de veras y a ciertas de cada uno de los hermanos que depositan sus desvelos en el Santo Crucifijo de San Agustín. Sólo espero que como hasta hoy, sepáis perdonar mis faltas y mis ausencias. Yo por el contrario, aprenderé de vuestra dedicación y vuestra forma de hacer Hermandad.

No me asusta más la herida de tu frente
ni las llagas descarnadas de tus pies
que la herida que causase a nuestra gente
y la cara que volviera del revés.

Ni faltar al compromiso de tu fiesta
al honor y hasta la gloria de tu testa
que faltar al mandamiento de mi hermano
y sentir como a mi vera, está lejano.

Yo no temo los castigos de un infierno
que inventaron a medida de los tronos
y me pesa la medalla que en mi cuello
pregona que no soy, sino que somos.

Y ante ellos bien lo sabes, que nos sobra
los collares del toisón, las vanidades
el fulgor del bordado, los metales
que el tesoro de mi gente no se cobra.

Así es el verdadero Lunes Santo.
Multiplica tus lecciones, Buen Maestro
que Granada ha soñado con empeño
la Hermandad de la que ahora estoy hablando.

¿Cuándo vais a terminar el bordado del palio? Pregunta, pregunta la calle que cuándo se va a llenar de grutescos y grifos el manto de la Madre de Dios. Pregunta, y pregunta Granada, curiosa como una niña que todo lo desconoce si hemos soñado un tercer paso con la cruz vuelta sobre el hombro de Jesús de las Penas. E inquiere detectivescamente para cuándo un Guión del Voto, el bordado de la dalmática, el ruán en las túnicas. Y yo, que sueño despierto y suspiro dormido, perdón por mi franqueza, con esto y más, poco más puedo contestarle a la intrusa e indiscreta vanidad hecha niña que me pregunta por un Lunes Santo en dónde lo menos importante, es todo menos Tú.

Humilde y sinceramente,
penitente y compungido,
perjudicado o herido
(aunque involuntariamente)
llego a tu Casa, mi casa
la Casa de mi hermandad.

No merezco la heredad,
pero estoy arrepentido.

Hoy quiero sanar heridas
que pude haber infringido
por abulia y por descuido,
que en los días de mi vida
de forma tan imprudente
estuve casi indolente
y al servicio de la prisa.

Porque el palio, ya se hará.
Según nos sople la brisa.
Se bordará hasta las caras
interiores del faldón
y saldrá del corazón
del arte más inspirado
todo aquello deseado
por ellos y por nosotros.

Pero hasta tanto descuella
los más auténticos votos
de la hogareña fachada
que advierte “que nada somos
si no hacemos caridad”.

Que si falta, de verdad,
hoy no somos ni seremos
una auténtica Hermandad.

¡Bravo, Cabildo Oficial
por estos nuevos estrenos,
porque con ellos seremos
lo que nos hace ejemplar.

El estreno de este año
ni se cincela ni borda
ni se talla ni se aloja
en cartelas y veneras.

Es un enser humeante,
¡que se almuerza o que se cena!

Claro que la Hermandad tiene cartel. Antes de que se tendieran “nexos” de unión entre empresas y Cofradías, los fieles del Santo Crucifijo de San Agustín, Protector eterno, ya tenían el cartel de una devoción que sin necesidad de que se testimonie en los libros oficiales, empezó hacia 1520 y se conformó de manera vehemente en 1679. ¡Pues claro que tenía y disponía de cartel esta Muy Antigua y ferviente Corporación Votiva y Sacramental. Pero nunca lo imprimió, y aguardaba a sus nexos, a sus inquietos y constantes hermanos para llevar a cabo la tarea. Es una historia que empezó el año pasado y que durará desde hoy, en el corazón de todos los fieles de la Madre de Dios de Consolación hasta que la memoria se encargue de ello, así no veamos la tercera edición. Para el que no sepa la verdad, aquí estoy para contarla. Porque es la ilusión devota de dos “Santos”. El sacrificio laboral de dos hermanos por partida doble. El capricho devocional de dos incansables trabajadores que son lo que son, porque lo aprendieron de los suyos, se empaparon de las lecciones humanas de sus padres y fructificaron esas enseñanzas en sus propios hogares.

A uno de ellos lo llamo como lo que es desde hace años. Al otro “Santos” de este día de hoy, guarda y custodia de la tradición cofrade, lo conocí en el mejor lugar posible, debajo de la Virgen de la Consolación, el día que aparcó los musicales labios de la corneta para enfundarse en la callada hechura de nuestros pardos costales. Además, tiene la suerte de ser custodio también por partida doble, sirviendo día a día a Dios y algunas horas a España. Tendría 28 motivos para felicitarte, uno por cada año que cumples ahora. Y 28 maneras de agradecerte tu complicidad para con esta Hermandad. Y al otro Santos del día, me sobran versos y textos para llamarte de la manera que siento y define lo que fuimos y seremos. Víctor, hermano, que Ella te aumente lo que le das cada día. Ya sabes que anda ocupada velando por vosotros y quiero que tengas siempre presente lo que hace ahora dos años os dije y os quiero volver a contar. Fue una “levantá”,  en una Salida Extraordinaria, bajo un palio que a ti y a mí siempre nos sabía a Consolación. No eran buenos momentos para ti y quiso la Madre de Dios que se volvieran las tornas y tú sabes que como Ella se ponga, volverá de nuevo a obrarse, “otro milagro de la primavera”. Fue hace dos años cuando te lo dije y hoy, hermano, te lo tengo que traer de nuevo para que nunca te olvides que Ella, es el Consuelo que nunca nos faltará y con el que siempre podremos contar:

 “Creced y multiplicaos”
dice la bíblica letra.
Y al amor que es de verdad
sorprende la vida. Llega
cuando el amor se hace fuerte,
se vigoriza y se queda
viviendo entre dos personas
de amor; que el amor les llena.

Y les sorprende contando
los días por lunas nuevas,
descontando los minutos
y consumiendo la espera
entre felices instantes
que no pagan las monedas.

La vida ha de venir
cuando Dios Padre lo quiera;
escribe a veces torcido
pero con frases bien rectas,
que no siempre entenderemos
pero por algo lo ordena.

¡Si lo sabrá bien mi hermano,
un césar de la corneta,
un costalero de pro,
de ennoblecida almocela
y un cristiano por derecho
con una fe verdadera.

La extraordinaria salida
de su Madre, bella perla
del Alcázar escolapio
que le sirve de Alacena
a la Madonna bendita
que por la ciudad eterna
fue la santa embajadora
y la mejor albacea
de los granadinos modos
y sus cristianas aleyas,
disipó en su “levantá”
todo miedo y toda duela,
mientras mi hermano bregaba
asido a su parihuela,
en la artística clausura
de su palio, carabela
de María, la custodia
entre varales, la cela
por donde asoma Mayor
Dolor, “geniles” de pena.

Joaquín tomaba el martillo.
¡Y fíjate si era buena
la “levantá” que hasta el Cielo
con devoción se nos fuera!,
que Dios Padre satisfecho
escuchó nuestra promesa
hecha en católicos modos,
hecha en clave costalera
que hace dos años nos dijo:
-¡quiero y puedo, pues que sea!

No tengo duda ninguna
y es tan grande mi certeza
que sé que Mayor Dolor
como Madre, intercediera
en el instante preciso
que hacia el Cielo se nos fuera

Desde hoy Consolación
se está afanando y se empeña
en velar por sus tres hijos:
la madre a quién aconseja,
por mi hermano Víctor Santos
y por quién es toda entera,
su excusa, vida y sustento,
bendita niña, Daniela.

Armando y Víctor Santos. Nexo Cocinas. Que recibáis el ciento por uno bíblico que os habéis merecido con estos gestos altruistas y generosos para con la devoción del pueblo de Granada, la tradición de lo cofrade y vuestra Hermandad. Sois, como antes dije, el modelo de hermano que quieren para sí todas las Corporaciones. Y al Cristo de San Agustín le gusta, mucho más que su Hermandad tenga el más largo acompañamiento, el más prolífico y diseñado cortejo, que sea envidia por cómo actúan cristianamente sus miembros. En eso, reconocen que somos Hijos de Dios.

Y hablar de Ella sin nombrarla, sin alabar la calidad, el mérito, los valores y cualidades profesionales de Manuel Puga que sabe jugar con los intestinos de una cámara para parir obras de arte que guardamos celosamente en los cajones de nuestra casa, firmadas por él. Y hablar del cartel sin decir que se ajusta medida y comedidamente al espíritu de la Hermandad, prendado de la sencillez adusta y elegante de nuestros nazarenos, seducido por la severa impronta de su espíritu, conmocionado por la callada y silente forma de protestar públicamente nuestra fe. El cartel Sagrado Protector huye de alharacas, de adornos innecesarios, de ornamentos de los que pueda prescindir un documento gráfico como este, llamado simple y contestatariamente a anunciar fe. Y ya está. Sólo se necesita la sensibilidad avasalladora de uno de los profesionales de la fotografía más cotizados y estéticos de Granada, Manuel Puga, y sólo se necesita de una empresa comprometida para hacerlo realidad. Lo demás, es secular y conocido. El martes empieza un quinario que acabó el año pasado y que hasta mañana mismo, lo han predicado los casi 900 hermanos del Santo Crucifijo de San Agustín.

Fijaos de qué manera tan sencilla se presenta el Cartel Sagrado Protector. Pero es que Ella no necesita de ningún orador que cuente que uno de sus hijos, tiene que tener dos honestas virtudes para presentarla como Ninguna. La primera, la hiperestesia, la delicadeza emotiva, la capacidad incontestable de ser uno de los mejores vestidores marianos del Sur de España. La otra, estar loco. Loco de amor y devoción por Ella. Loco de fe por sus hechuras y su talle, por su prestancia y su figura. Paco Garví está tan loco que sólo así se comprende que sea capaz de vestir como viste a la Señora de las clausuras, a la Soberana de las celosías seráficas, a la Majestad Perpetua de los claustros franciscanos, a la Virgen de la Consolación. Está tan loco como los hermanos priostes que diseñan y ejecutan la sensible belleza en arrebato de los Altares de Cultos que son un canto litúrgico con el que se enseña al que no sabe. Está tan loco como la Junta de Gobierno incombustible que siempre tiene una palabra de cariño hasta para los hermanos más díscolos y huidizos como el que les habla, y nos conquista y nos atiende no como hermanos oficiales sino como hermanos a secas. Y está tan loco como la cuadrilla costalera de su eterno Lunes Santo:

Yo bien sé que no soy digno
de entrar en tu parihuela,
pero haré lo que Tú quieras.
¡Que para eso vinimos!

Cinco cruces sobre el pecho.
Seis palos de envergadura
y la bendita locura
de mantenerse derecho.

El negro va sobre el negro
y en la piel la disciplina
como bendita doctrina
de nuestro silente terno.

Tienta, brega y alancea
con la filial negritud
que es ofrendar la testuz
entre silentes maneras.

Nunca busques los aplausos
que alimenta vanidades
y engrandece los oráculos
de las mentiras mortales.

Tú sé siempre como eres,
huyendo pues del folclor,
que a nadie cabe el honor
que debajo de Ella adquieres.

Tal vez cinco horas si a caso.
Hablar sin dar ni una voz
y al abrigo de su paso
estar más cerca de Dios.

Que sólo se oiga el murmullo
del racheo de tus pies
que la mecen al arrullo
del derecho y del revés.

Que sólo se oiga la charla
y el tímido bisbiseo
del “conversado” deseo
de Juan y la de Magdala.

Hágase el camino largo
convertido en Cofradía
y transformado en un barco
donde navega María.

Y cuando quiera Dios Padre
llamarte al fin a su Cielo
dile lo que Él ya sabe:
¡Qué fuiste su costalero!

Y en ese Juicio Final
tendrás razones sobradas:
hermano de tu Hermandad,
costalero en devoción
y si alguien quiere más
contéstale con el alma

-Hijo de Consolación,
Abadesa de Granada.

No soy un presentador justo. Me embarga la emoción de ponerme ante la portentosa obra de arte y bendecido simulacro que me ha sacado de más de un apuro. No soy ni siquiera digno ni merecedor de una Hermandad plagada de defectos pero con la mejor virtud posible: que sabe ser y hacer Hermandad. Y no soy apropiado para ayudar a que el Cartel Sagrado Protector se gane la calle y conquiste a la mujer más bonita de la Historia del Hombre; aquella que en las guías y libros llaman Granada y los suyos la llamamos Madre. Sé que 2013 es año de suelos y firmes nuevos, de canceles y dinteles remozados, de medidas y angosturas superadas. Y aún con todo, a mí me bastará saberme hermano vuestro, unos minutos al día, a eso de las siete de la tarde, con Él, y la inmensa dicha seis veces consumada de viajar en la calesa del amor costalero del Lunes Santo. ¡Por qué me das tanto, Cristo de San Agustín, sin merecerlo!
  

El milagro de que quepa no lo creo    
ni me creo el clamor de tu salida
ni tu beso en la cerviz como una herida
ni llevarte en la baranda de mi cuello
.
No me creo que seas talla sino sueño,
no te sueño, ni te aguardo en la mentira
que confío en la verdad de tu guarida
y la oscura tentación de tus empeños.

¿Qué sería de los tuyos sin tus formas
y tus modos tan severos de vencernos?
¿Qué sería de la verdad de tus deformas?

Sólo sé que tus consuelos son eternos
tu cuadrilla costalera la transformas
y es tu paso, ¡nuestra causa y nuestro reino!

He dicho.


Granada, 13 de febrero de 2013.
Miércoles de Ceniza.

No hay comentarios: