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jueves, 21 de febrero de 2013

Perdona a tu pueblo, Señor


Confieso que a veces se me antoja complicado entender a nuestra Iglesia, más si cabe cuando se lanza a cambiar la tradición histórica que es la bendita culpable de su bimilenaria existencia y responsable directa del acervo espiritual de los cientos de millones de católicos del Mundo. Y es que las alteraciones de sus ritos y liturgia siempre me han provocado cierto rechazo, en cierta medida porque me resultan contradictorios en tanto tiran por la borda siglos de práctica y “desautorizan” o “contravienen” lo que otro Papa, otro Colegio Romano, pongamos por caso, un día consideró. Así las cosas, cuando en 1991 Juan Pablo II se lanzó a variarnos, a permutarnos las 14 históricas Estaciones del Vía Crucis, aplastó una costumbre que empezó a realizar el Emperador Constantino 1.600 años antes (en el siglo IV), de la que hablaba San Jerónimo décadas después (siglo V) y que entró en España gracias a Fray Álvaro de Córdoba en 1430. Eso sí, las 14 primigenias Estaciones, se fijaron por Benedicto XIII en 1694. Estuvieron pues durante 300 años en vigor.

Juan Pablo II consideró que muchas de éstas “escenas” de la Pasión de Cristo al no estar inspiradas en los Evangelios, debían desaparecer de esta práctica religiosa popular y de tanto acendro y ejercicio. ¿Estuvieron equivocados los católicos del Mundo durante 300 años al menos? ¿Acaso en el Antiguo Testamento no se dicen cosas que desdicen y transgreden las enseñanzas del propio Cristo? ¿Qué tenían de malo si eran producto de la fe del pueblo, de la devoción amasada con los siglos y en nada contradecían a nuestra creencia? Entonces, cuándo Benedicto XIV en 1742 exhortó a todos los sacerdotes a colocar en las Iglesias las Estaciones, ¿andaba equivocado? ¿Y la infabilidad del Papa? Sea como fuere, así quedó la cosa:


LAS ESTACIONES
VÍA CRUCIS DE SIEMPRE
VÍA CRUCIS ACTUAL
1ª Estación
Jesús condenado a muerte
Jesús en el Huerto
2ª Estación
Jesús carga la cruz
Jesús traicionado por Judas y arrestado
3ª Estación
Jesús cae por primera vez
Jesús condenado por el Sanedrín
4ª Estación
Jesús se encuentra con su Madre
Jesús negado por Pedro
5ª Estación
Jesús ayudado por el de Cirene
Jesús condenado a muerte
6ª Estación
Verónica limpia el rostro de Cristo
Jesús flagelado y coronado de espinas
7ª Estación
Jesús cae por segunda vez
Jesús carga la cruz
8ª Estación
Jesús y las mujeres de Jerusalén
Jesús ayudado por el de Cirene
9ª Estación
Jesús cae por tercera vez
Jesús y las mujeres de Jerusalén
10ª Estación
Jesús es Despojado de sus vestiduras
Jesús es crucificado
11ª Estación
Jesús es clavado en la cruz
Jesús y el buen ladrón
12ª Estación
Jesús muere en la cruz
Jesús en cruz, su madre y el discípulo
13ª Estación
Jesús es descendido de la cruz
Jesús muere en la cruz
14ª Estación
Jesús es sepultado
Jesús es sepultado
15ª Estación
X
Jesús resucita


Del resumen gráfico de arriba, saco muchas conclusiones aunque transmito unas pocas; entiendo que Su Santidad tuviera a bien componer un Vía Crucis en base a los Evangelios, pero ¿acaso no es propio de nuestra fe y abunda en la espiritualidad cristiana la representación de la Caída de Cristo? ¿Por qué la antigua estación número 10 no figura entre las nuevas, habida cuenta que en Mateo, (27,35) el Evangelista nos dice: “repartieron sus vestiduras, echando suertes, para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes”? Si el Vía Crucis nació fomentado por los peregrinos que iban Jerusalén y recorrían los lugares de la pasión de Cristo, desde la Casa del Pretor (Pilatos) al Monte Gólgota, ¿a qué viene modificar el verdadero origen e incluir el Huerto tras el arroyo del Cedrón o la tierra donde fue sepultado el Señor, a fin de “componer” la 1ª y 15ª Estación?

Adiós a la Verónica y a las Tres Caídas de Cristo y bienvenido el Tribunal religioso judío. Eso sí, con el Vía Crucis de Juan Pablo II, a la Semana Santa de Granada le faltan “menos escenas” por representar. Aunque se basta con la incontestable calidad de sus Imágenes pietistas y meritorias. Y el Nazareno de la Basílica de las Angustiad, que durante siglos fue protagonista de la fe granadina cada Jueves Santo de al menos 250 años, nos lo recordará esta tarde. 

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