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domingo, 17 de febrero de 2013

Pablo de Rojas (1549-1611)


En 1549 nació el padre de la imaginería andaluza, el artífice de las obras de pasión que procesionan por las calles del sur de España, el creador de las Imágenes que hoy, 450 años después, son la base de las Hermandades y Cofradías. Pablo vino al mundo en el seno de una familia de artistas italiana, siendo sus apellidos Sardo González. Su tío fue el prestigioso pintor y policromador Pedro de Raxis y Pablo cambió el apellido españolizándolo en el mismo momento en que la Inquisición estuvo convencida que era de origen judío, llamándose Rojas y desde entonces, el precursor, el artífice, el maestro, el primer gran creador de escenas pasionistas de toda España y el Mundo.

Llegó a Granada en 1579 y aquí perfecciona su arte, crea su universo particular, enseña a sus discípulos y se convierte en el primer escultor sacro del barroco español. No se puede negar que creó los prototipos de Crucificados y Nazarenos andaluces, y aún de los castellanos. Los Cristos anteriores a Pablo de Rojas carecían de emoción, de personalidad y de brío. Antes de él la imaginería estaba vinculada a los retablos y no se la concebía de modo independiente, la imagen procesional tenía una categoría inferior, siempre encargada a maestros de menor categoría.  Su fama se extendió por Granada, Córdoba y Jaén, y suyas son los Titulares de mayor predicamento y devoción en Archidona, Antequera, Priego y por qué no, en nuestra ciudad.

Empezó su trabajo en el Altar de San Jerónimo, siendo el primer escultor sacro español en anunciar el estilo por antonomasia de nuestro país: el barroco. Pero será a través de sus discípulos donde se inmortalice nuestro hombre. En Granada aprendieron de él Bernabé de Gaviria que entre otros hace el apostolado del Altar Mayor de la Catedral o la Virgen de las Nieves Patrona de Gabias y los hermanos García, los que mejor han modelado en toda nuestra escuela. De ellos nació el crucificado de la ciudad más hermoso que no procesiona, el de la sacristía catedralicia.

Pero sin duda, a Pablo lo conocemos porque fue él el que enseñó el oficio a Juan Martínez Montañés, el dios de la madera, el creador de la escuela sevillana. Montañés se llevó a la ciudad de la Giralda algunos modelos del maestro, como la corona de espinas tallada sobre el cráneo de Cristo en forma de sierpe. Y ha de sentirse orgullosa Granada que un modelo creado aquí, sea el que define los más fervientes Titulares de la Sevilla Cofrade, caso del Señor del Gran Poder. Pero Pablo es especialmente creativo en la figura del crucificado, donde es capaz de sacarse de su ingenio el Cristo manierista que vemos en el Padul, en Órgiva y que sin lugar a dudas, dejó en el portentoso crucificado de los Favores.

Pablo también se coló con derecho en las páginas del arte español, al ser el primero que llevó a escultura el tema iconográfico de la Inmaculada, en la deliciosa y delicada Imagen de la Virgen de los Favores. Nunca antes se había llevado a madera un tema tan novedoso y complicado como este, habida cuenta que hablamos de hacia 1580. Pero con todo, en sus obras masculinas deja una forma, un sello particular, una forma de identificar las piezas que salen de su taller. Se trata de dejar al descubierto una de las orejas, y especialmente el derecho, mientras libera el pelo del lado contrario en una guedeja airosa y elegante.

En la Semana Santa de Granada su huella se nos marcha hacia el Cristo Yacente de la Hermandad de la Soledad de San Jerónimo, que bien podía ser suyo, aunque es una hipótesis para meditar mucho. Sin necesidad de su firma, ya hemos hablado del Señor de los Favores, que compila todos los detalles de su arte: exquisito modelado, línea serpenteante, proporción manierista y esa postura de muerte inequívoca con la que dota a todos los crucificados que talla. Pero si hay una obra que basta para encumbrar a este maestro, a este pionero, esa es la iconografía del azotado; si sólo hubiera tallado esta Imagen, ya merecería un capítulo aparte en los libros de la historia. Estamos hablando del sublime Señor de la Paciencia, el más antiguo de la iconografía que procesiona por Granada y permítanme el atrevimiento, el más valeroso de ellos que pasee por Andalucía. En la perfecta anatomía, la fantástica policromía de su tío Pedro y la sublime expresión facial, no cabe duda que se plasma toda la capacidad creativa del que ya es, sin dudas, padre de la imaginería y maestro de lo cofrade.

Murió en 1611 junto a la Iglesia de Santiago, la actual del Servicio Doméstico, donde vivió 32 años, donde llevó a cabo todo su arte y donde descansa eternamente, uno de los mayores artistas de todo el Sur de España y de toda la historia. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Un artista de tanta importancia como Pablo de Rojas, no se le ha dado el relieve que merece, por todas las razones que has expuesto. Puede que su arte haya sido eclipsado por algunos de sus discípulos, como Montañés y otros artistas posteriores de la Escuela Granadina, como Alonso Cano, Mena o José de Mora, pero eso no quita la injusticia patente a un verdadero creador que cimentó el arte de las escuela.