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martes, 12 de febrero de 2013

La Granada sexual


Hacia el año 1550 nació en Alhama de Granada una niña mulata, hija de esclava negra y de su propietario, algún cristiano viejo de la época, que fue bautizada como Elena y disfrutó del apellido paterno: Céspedes. Imaginamos su vida, su labor en las tierras y casa del señor (y padre) y un matrimonio convenido y concertado del que nacería un hijo. Todo lo más normal del mundo, hasta que hacia 1585 empezó a experimentar cambios en su cuerpo, al punto que demostró y constató que tenía pene. De su “esposo” nada se sabe. De su hijo, menos. Que pidiera casar con una mujer sorprendería y más cuando daba muestras de virilidad habiendo nacido mujer y parido. ¿Qué caso, único en el mundo, inexplicable para la ciencia le ocurrió?

Como quiera que había estudiado y adquirido conocimientos que lo facultaban como cirujano, cambiado su nombre al de Eleno y pedía con insistencia casar con una mujer, fue un sacerdote el que movió todos los hilos posibles para que alguien acreditado y célebre pudiera dar luz acerca de tan insólito suceso. Nuestro Eleno practicaba la cirugía en el pueblo toledano de Yepes, imaginamos que huyendo de cuántas murmuraciones e historias pudiera haber suscitado en su Alhama natal. Así fue como el prestigioso Francisco Díaz de Alcalá, considerado el padre de la urología universal, el primer urólogo de la Historia y médico personal de Felipe II, examinó a Eleno determinando que en efecto era varón.

Nuestro paisano se casó con María del Caño, su consulta era frecuentada con largueza y empezaba a disfrutar de una holgada posición. Las envidias están detrás de una nueva acusación que hizo entrar en escena a la temible Inquisición. Los sesudos padres del Santo Oficio no podían creer que alguien que nace mujer, se convierta de la noche a la mañana en varón y no pararon hasta que toda una legión de comadronas, médicos y cirujanos venidos de media Castilla, hicieron hasta tres pruebas a tan sorprendente ser. Cada vez que se palpaba, cada vez que se examinaba minuciosa y celosamente sus genitales, la maraña se iba aclarando... Elena, ya sin duda Elena, se había servido de los conocimientos médicos adquiridos en Granada para mutilarse el pecho y componerse las cicatrices, fabricarse un pene y crear de manera artificiosa los genitales del varón. Se acababa de convertir en el primer transexual del Mundo. Su castigo, trabajar durante 10 años en una libertad vigilada para un hospital toledano que necesitaba de personas con la capacidad casi milagrosa de obrar prodigios médicos que llegaron a engañar al mismísimo padre de la urología universal.

Pero en esta Granada nuestra misteriosa que no dejará nunca de sorprendernos, no podemos pasar por alto el caso de Sor Francisca Fernández, nacida en Zújar en 1755  y ya sin dudas, la primera persona intersexual de la Historia de España. Su fe inquebrantable la hizo tomar los hábitos capuchinos e ingresó en el convento granadino cercano a la Catedral. Tenía 18 años. Los fríos claustros y celdas del convento la llevaron en 1780 a enfermar de una pulmonía. Los estornudos eran fuertes y continuos y los esfuerzos extraordinarios. Entonces Sor Francisca, se dio cuenta que cada vez que estornudaba, se le separaba de su órgano sexual un cuerpo carnoso de 3 cm o poco más de longitud y que al poco tiempo se volvía a ocultar sin causarle ninguna molestia. Pudorosa, una monja del siglo XVIII no puede pensar en nada que tenga que ver con la sexualidad, así que olvidó el asunto hasta que a los 32 años de edad, en 1787, no podía ocultar los desprendimientos de algo carnoso en sus genitales.

Visiblemente conmocionada, le dijo un día a su confesor que quería salir del convento, porque sus padres habían cometido el equívoco de hacerla mujer siendo hombre. El padre capuchino no saldría de su asombro y los capellanes obviaron lo que la pobre monja les decía. Cinco años duró un calvario moral y personal al que puso fin Fray Esteban, monje sensible y humano que decidió acabar con el tormento de nuestra monja, consiguiendo que una comadrona pasara por las capuchinas a examinar a Sor Francisca. Era 1792 cuando inequívocamente, dentro de los muros de un Convento de un clausura una monja cubría con su hábito atributos masculinos. De modo que fue exclaustrada y examinada ahora por dos médicos, dos cirujanos y una matrona, que emitieron un informe que aún hoy día causa estupor: tenía órganos masculinos y femeninos.

Finalmente, un 12 de febrero de hace ahora 221 años, Sor Francisca Fernández, el primer intersexual de la historia, volvió a Zújar colgando los hábitos de monja. Nunca supo que la historia se acordaría de ella y su caso seguiría siendo estudiado en facultades y centros universitarios. Había vivido 37 años como mujer, pero los que le quedaron, iban a ser más duros, porque en la España del siglo XVIII, su caso no podía más que ser un producto del diablo. Pobre Francisca, o Francisco o ambas cosas...

Lo que está claro es que Granada, siempre está en la Historia y siempre pionera, con casos tan sorprendentes por antiguos y fantásticos como estos. 

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