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sábado, 23 de febrero de 2013

El palio de Cristo


Las modas son peligrosamente influyentes; cuando se impone algo, todo aquello que se salga de lo convencional produce una sensación de pasmo, aunque sea más válido, más justificado y más oportuno. Si hace frío, nadie duda en usar una especie de pasamontañas cuando la practicidad del sombrero (y derivados que usa mi hermano Juan Morillas), su elegancia y el aspecto que procura, quizás sea más idóneo. Por eso un cofrade, al menos desde el Tajo al sur, relaciona palio con Virgen, y ver un Nazareno o un Crucificado bajo los doseles de respeto y dignidad que usó la Iglesia desde antaño, puede producir cuando menos una sensación contradictoria. Aunque malicio no sin falta de razón que en el caso de que alguna Imagen de Cristo sevillana procesionara como les indico, el gusto rápidamente se adaptaba. Recuerdo (que traigo por necesidad) que mi abuela solía decir “que es mejor caer en gracia que ser agraciado”. Y lo cierto es que contra la maquinaria de márquetin hispalense (ganada a pulso y reverenciada en exceso) los demás no podemos competir.

El Cristo de San Pedro de Marchena

En otras cuaresmas proyecté en esta Alacena la posibilidad de que Granada indagara sobre sus verdaderos orígenes y supiera, al menos supiera, que antes del siglo XX, verdadero culpable de muchos de los errores estéticos de nuestra Semana Santa, tuvimos una completamente distinta, particular y muy nuestra, que sin duda alguna se vio acrecentada por la calidad de los obradores, talleres y artistas que durante casi tres siglos, hicieron de Granada un centro de producción casi sin rivales en el Mundo Occidental. Al menos en cuestiones de arte sacro. Bien, puse siempre a Antequera como la ciudad que más bebió de Granada y que tal vez conserve sin paliativos nuestra verdadera estética y personalidad, arrumbada con el siglo XIX y que el siglo XX, de una imperdonable “catetez”, acabó por relegar al olvido. A partir de los años 90 del pasado siglo, esta ciudad experimentó un enriquecimiento cofrade imponente del que seguimos nutriéndonos, pero abrazando ya la estética universal (y preciosa y magnífica y embriagante) de Sevilla.

Y todo ello, porque Granada perdió a creadores auténticos que de la mano de historiadores con fundamento, pudieran haber reconstruido nuestra auténtica y personal Semana Santa. A Álvaro Abril, todo esto le ha cogido ni siquiera en el limbo. Si el despegue del patrimonio cofrade granadino hubiese coincidido en el tiempo con la capacidad creativa de este jovencísimamente insultante genio del diseño que es Álvaro Abril, no me cabe duda que hoy, estaríamos hablando de una Semana Santa distinta. Eso sí, sentenciada y condenada por los amantes de “izquierdos” y “cambaladas” folcloristas que representan los cofrades/costaleros miopes centrados en exclusividad en los adentros de las parihuelas sin importarles otra cosa.

Cristo de la Salud y Aguas de Antequera

Jesús bajo palio; cada vez que veo Puente Genil, Marchena, Antequera... recuerdo que el poso y peso de las tradiciones y del sentido litúrgico más absoluto, sigue vivo. Ayer tarde, Pedro Segura volvió a abrir el cajón de su sensibilidad en el instante en que hablábamos de la entrada que iba a subir a esta Alacena (la que ahora leen). Con inmediata espontaneidad, me comentó que siempre había soñado al Señor del Rescate bajo un palio acorde a su impronta, estilo, cronología... Y no pude más que reconocer la soberbia estampa que palio/Señor del Rescate ofrecería. Es igual que a un amante de buen aceite y del buen jamón, presentarle unidos ambos productos en un mismo plato. He de reconocer, más allá de cuestiones de fe, que viví por unos instantes un sentimiento orgiástico parecido al Síndrome de Stendhal.

Nazareno de Jamilena

Hoy no les voy a contar sobre el origen del palio; por qué su uso, en el más puro y estricto sentido litúrgico, debería reservarse a Cristo muy por delante de su empleo en las imágenes marianas. No les voy a contar qué dice la Iglesia ni cuál es la historia, aunque prometo que en breves fechas lo podrán leer en esta Alacena. Pero quiero que hagan el esfuerzo de sentir una estética distinta; que todo lo desconocido no es deplorable, sino enriquecedor. Y todo lo distinto nos potencia, nos engrandece. Yo al menos, cuando sigo viendo en Antequera, Casabermeja y otras ciudades, influenciadas por Granada desde épocas ziríes (1013) y clientes habituales de los talleres granadinos durante siglos, el más que probable testimonio, casi como si fuera un hallazgo arqueológico, de qué pudo ser la Semana Santa de Granada y por supuesto, qué puede terminar siendo (le robo las palabras a la pregonera oficial, “la Semana Santa será lo que queramos que sea”), sigo rezando porque en esta ciudad, todo se justifique desde la luz de la historia, la cultura y la tradición y no por la medida de un saco de café y el tramo de pantalón remangado y plegado sobre la pantorrilla.

Aunque sé que vende menos y sé que gusta menos. ¡Cuestiones de márquetin!

2 comentarios:

Antonio Padial dijo...

Totalmente de acuerdo. El esnobismo siempre ha funcionado bien en una sociedad a veces absurda e inculta. La instulticia hace que la innovación, aunque sea de bajísima calidad se tome como genialidad

Anónimo dijo...

Antequera tenía su propio círculo escultórico y sus propios talleres locales. Identificar el arte religioso antequerano como obras procedentes de Granada es, cuando menos, aventurado.