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domingo, 10 de febrero de 2013

El día que ETA asesinó en Granada


Era 1997; yo entonces estaba en 3º de BUP y los privados religiosos de Granada inauguraban (no sé si siguen haciéndolo) la jornada escolar de la ciudad. Entrábamos media hora antes que los alumnos de la pública y el madrugón era considerable, tanto como la distancia entre casa y mi Centro Agustino. Huelga decir, que las madrugadas de febrero en Granada, son frías. Y a las siete menos cuarto de la mañana, en un día como hoy uno se levanta al ser de noche y no al ser de día. Al poco de despertar un ruido sobresaltó la casa. Tiré de persiana convencido de ser espectador del diluvio universal, pero el amanecer timorato de ese día, me ofrecía un cuelo despejado y las últimas estrellas de la jornada brillando allá arriba. No, el ruido, no era un tueno ensordecedor.

Rumbo a clase el Camino de Ronda me ofrecía un continuo ir y venir de vehículos prioritarios con luces y sirenas que denunciaban algo anómalo. Así que decidí cruzarme hacia la Calle Arabial, entonces de un solo sentido, convencido de encontrar más paz que por la anterior travesía. Algo había sucedido cerca de mi casa y hasta allí se dirigía el grueso de los servicios públicos granadinos. Al llegar al Centro, antes del comienzo de Lengua, con don Cristóbal (imposible no acordarse) mis compañeros me sacaron de dudas. Alguno llegó a Agustinos en el coche paterno, y la radio ya iba pregonando que un 10 de febrero, quedaría para siempre en el colectivo de la ciudad.

La Avenida que conduce a la Base Aérea de Armilla, despejada y casi expedita a eso de las siete menos cuarto de la mañana, era atravesada por un furgón militar con cinco ocupantes que se dirigían a su trabajo. En el mismo instante en que así lo oí (de casa al fatídico lugar hay 300 metros en línea recta) ETA detonó 50 kilos de amonal mezclado con metralla, acaso no fuera bastante, que acabó con la vida de Domingo Puente Marín, peluquero al servicio del Ministerio de Defensa, civil que desempeñaba su trabajo para el Ejército del Aire, granadino de Güejar Sierra de 51 años que viajaba en los últimos asientos del vehículo y que falleció en el acto, saliendo despedido del vehículo por la onda expansiva.

El conductor había acelerado para pasar un semáforo en ámbar, lo que evitó una completa masacre pero no las heridas sufridas por 17 personas, dos de ellas de gravedad: Fernando Orbén Payán, empleado civil de la base, de 43 años, que sufrió la pérdida de un ojo, y Miguel Ángel Rabadán, de 40, con traumatismo facial y ocular. Varios bloques de viviendas próximas quedaron muy afectados. También fueron heridos el cabo primero Juan Pedro Laguna, de 24 años, con heridas en las piernas; su compañero de la misma graduación Jorge Arias Fernández, de 22 años y conductor del furgón, dado de alta al igual que cuatro vecinos que vivían junto a la carretera: José Luis Hidalgo Huerta, de 27 años; Jorge Rodríguez Fernández, de 23, y los hermanos José Antonio y María Galán Vera, de 13 y 17 años, respectivamente. Los dos adolescentes, hijos de un militar que también trabajaba en Armilla, sufrieron cortes al caérseles encima las ventanas de su cuarto por la explosión. Los nueve heridos restantes lo eran de menor gravedad.

Hoy, Domingo estaría jubilado y disfrutaría de familiares y amigos. De las bondades de su pueblo natal, de los regocijos de toda una vida dedicada al trabajo, del descanso merecido, de sabe Dios qué. Mientras, algunos políticos nos siguen vendiendo, muchos ciudadanos piden justicia para los presos etarras y la mayor parte de esta sociedad, enferma mentalmente, le cuesta recordar que un millar de personas, como Domingo, como nuestro Domingo, nunca más verán la luz. Pero las políticas penales y carcelarias, se encargarán de que los asesinos de ETA no sufran si su dolencia es un cáncer y que salgan de entre rejas. Al asesino en cuestión, la Audiencia Nacional lo condenó a 25 años por asesinato y a 17 por fastidiarle la vida a decena y media de granadinos. Y no olvidemos los daños materiales.

No sé si está aún en la cárcel, pero creo que si es así, poco le quedará. Mientras, en el Jardín de la Reina, en la Granada de Domingo Puente, cada 10 de febrero una bomba nos despierta del sueño; o de la pesadilla. 

3 comentarios:

Santi dijo...

Los malnacidos del PP y del PSOE han claudicado ante unos energúmenos que lo mejor que merecen es no salir de la cárcel.
La sangre de las victimas de ETA pesará sobre ellos... como sobre las minorias nazionalistas que han mirado anotro lado.
También incluyo aquí a los asaltasupemercados del Sachez Gordillo...

Frowning Calixto dijo...

Me has traído a la memoria ese día. Yo estaba contigo en esa clase de D. Cristóbal y también lo recuerdo como si fuera ayer. No fué la única vez que estos hijos de puta mataron en Granada. El 9 de Octubre de 2000 le tocó a Luis Portero. Esa vez, como a tí ésta, me pilló "geográficamente" cerca. Iba paseando al perro por la Avenida de la Constitución y me sorprendió encontrar Rector Marín Ocete cerrada al paso por cuatro policías nacionales armados con metralletas.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Y si no ando yo desacertado, la de Luís Portero, que en paz descanse, lo comentamos luego en Derecho, ¿puede ser?

El problema es que la ternura de neuronas de este país es insultante. La memoria ha de usarse para la historia en todos los sentidos. ¡En todos!

Un abrazo enorme