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miércoles, 20 de febrero de 2013

Anás y Caifás


Dos juicios tuvo Cristo por la ley mesiánica, dos que han servido para teatralizar Misterios cofrades y no siempre de manera acertada. Se desarrollan en el lugar donde se reunían el Sanedrín de manera que según los preceptos hebraicos, al mismo sólo podía entrar un judío, jamás un gentil y menos aún un soldado de Roma, el eterno enemigo. He aquí los grandes errores de concepciones iconológicas como las de la Bofetá o San Gonzalo en Sevilla. El término Sanedrín es griego y data de la época helenística, aunque su Origen está en el Antiguo Testamento, cuando Dios ordena a Moisés que reúna a setenta ancianos de Israel, a manera de consejo consultivo del pueblo. A medida que los miembros del Sanedrín fallecían, o dejaban de ser aptos para el servicio, nuevos miembros eran sometidos a ordenación.

Entre la tradición griega y la propia que los siglos había ido creando, se sustentaba este “alto tribunal de la fe y de la ley” del pueblo de Israel. Primero actuó como cuerpo de sabios pero con funciones sacerdotales, se reunía en el Salón de Piedras Talladas (en la pared norte del Monte del Templo, encontrándose la mitad en el interior del santuario y la otra mitad fuera de él), y es fundamental que entendamos que entre sus atribuciones no estaba la de condenar a nadie a muerte. Pero el Sanedrín estaba deseoso de acabar con la vida de Cristo y la acusación para el pueblo, no era otra que la de blasfemia. En la Ley de Moisés nada articula un castigo parecido. Necesitaban del concurso de Roma para lograr su fin. Y he aquí que dejaron en bandeja al Gobernador (Poncio Pilatos) la acusación perfecta: Jesús debía ser juzgado por el delito de sedición, por atentar contra la autoridad de Roma.

Es ahora cuando aparece la figura de Anás, que fue sumo sacerdote entre los años 6 y 15 (no lo era por tanto cuando Cristo fue juzgado por el Sanedrín)  y lo depuso Valerio, el que después dejaría su cargo a manos de Poncio Pilatos. Ocupó la máxima dignidad judía dos de sus hijos y su yerno Caifás, que lo fue desde el año 18, pero lo cierto es que el verdadero líder del sanedrín era Anás, hasta tal punto que Jesús fue llevado primero ante éste y, después de un interrogatorio, quiso cumplir y revestir esa juicio, más farsa que otra cosa, conduciendo a Cristo hasta Caifás y el resto del Consejo.

Caifás ejerció como Sumo Sacerdote entre los años 18 y 36, contagiándose de la ferocidad del suegro ante Jesús. Formaba parte del consejo sacerdotal judío José Nicodemo, que no reparño en defender a Cristo con este argumento: “Nuestra ley no juzga a un hombre a menos que primero haya oído de parte de él y llegado a saber lo que hace, ¿verdad?”; no lo estaban teniendo fácil ninguno de los dos, ni yerno ni suegro, y no sería otro de los miembros del Sanedrín , en concreto José de Arimatea, el que enmendara la plana, pues no apoyó con su voto el complot del Sanedrín para matar a Jesucristo. A estos dos se sumó Gamaliel. Pero los otros ancianos (recuerden que alcanzaban el número de 70) lo tuvieron claro, dejando que la autoridad civil (esa especie de rey que era Herodes) primero, y el verdadero poder, Roma, después, sentenciara a muerte a Cristo.


Recopilemos: el Sanedrín no podía juzgar; los mismos miembros entendieron que se estaba actuando fuera de la ley y de mal agrado. Los romanos jamás podían pisar la sede del Tribunal, el Salón de las Piedras talladas, luego en este tipo de Misterios de nuestra Semana Santa no debería figurar ningún soldado romano y se nos olvida siempre a Gamaliel, quizás uno de los que junto a Nicodemo y el de “Aritmatea”, participaron en el cortejo fúnebre que enterró el cuerpo de Cristo. 

2 comentarios:

campotejar dijo...

Cada vez me sorprendes más, con tus entradas,bravo david, lo que uno aprende,en este,
tu gran blog.un abrazo

Oviedo de Pasión dijo...

Magnífica entrada a las puertas de la Semana Santa.
Un saludo