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viernes, 25 de enero de 2013

La marcha nupcial


Uno de los reinados más largos de la Historia fue el de la Reina Victoria de Inglaterra, que además supo organizar con estrategia renacentista los enlaces matrimoniales de sus vástagos, de forma que hoy día, la Casa de Hannover ha dejado su herencia familiar en las monarquías de Bélgica, Suecia, Noruega, Luxemburgo, y Dinamarca; y de manera muy lejana, con la española. El caso es que la primogénita de la longeva reina fue Victoria del Reino Unido, arrebatadoramente bella y que hasta el nacimiento de su hermano, estuvo llamada a heredar el trono de Albión y sus satélites territoriales, se prendó de un joven que la convertiría en la augusta emperatriz del Sacro Imperio Germano tras su casamiento con Federico de Prusia, el futuro Rey y Emperador de Alemania, que un maldito cáncer de laringe nos privó de sus ideas, renovadoras y muy avanzadas para su época, que entre otras estribaban en la unificación de Alemania pero especialmente, en la concepción de un estado europeo. Este visionario sólo pudo reinar 99 días y por desgracia, muchos pensamos que de no haber muerto, hubiera evitado la I Guerra Mundial y hubiera llevado a Alemania a una democracia que Bismarck y el clima bélico germano condujeron al lado opuesto tanto en la Gran Guerra como en el deleznable nazismo.

Bien, la historia no la podemos reescribir, ¿no creen? Así que contemos algo sobre el matrimonio... Se conocieron cuando la Revolución de 1848 cogió por sorpresa a los Hohenzollern y se refugiaron en la Inglaterra victoriana que les ofreció el Castillo de Balmoral hasta que las aguas revueltas alemanas fueran más propicias. Hubo amor. De hecho, la Reina Victoria no creía que una jovencita de metro cincuenta de altura y excesivamente delgada para los gustos de la época, pudiera a sus 15 años enamorar a un joven alto, apuesto y galante de 23. Pero la pareja había derribado los muros estéticos y querían vivir juntos. A los ingleses, la liberalidad de los Hohenzollern y su negativa a influir en cuestiones bélicas no caía bien. Desde que los prusianos se opusieron a diversas invasiones tácticas del Reino Unido, los rotativos ingleses llamaba a la familia real prusiana, “dinastía miserable”. Para colmo, la fortuna de éstos no era ni siquiera aceptable, de forma que Vicky, como cariñosamente la llamaban los suyos, costeó con su propio dinero gran parte de los gastos de la pareja, gracias en parte a la generosa dote concedida por el Parlamento inglés.

La ceremonia se había fijado para el 25 de enero de 1858. La pasión musical de la joven esposa era irrefrenable. Tenía entre sus músicos predilectos a Félix Mendelssohn (1809-1847) que con 16 años había apuntado ya la que se convertiría en grandiosa pieza, inspirada en la obra de Shakespeare, “El sueño de una noche de verano”. En 1842, el compositor revisa aquella obra primitiva, la readapta, mejora y amplía, añadiendo a la obertura una música incidental en la que figura el “Nocturno” y una pieza que bajo la influencia de la obra de Shakespeare, llama “Marcha Nupcial”. A la todavía princesa del Reino Unido, la composición le parece sublime, maravillosa y única y la sugirió para incluirla en la ceremonia nupcial que se llevaría a cabo en la Capilla Real del Palacio de St James de Londres. La real capilla de Palacio sugirió melodías, composiciones, apuntó la fama que precedía a Bach y a Händel, los autores a los que más se acudía para una ceremonia, y recibieron de la Princesa una contestación clara: la entrada del brazo de su padre el rey consorte Alberto, lo haría con esa pieza de su admirado Mendelssohn y saldría con la obertura de la ópera Lohengrin de Richard Wagner (1813-1883), obra escrita en 1850.


A oídos de Victoria había llegado que se trataba de una ópera romántica de indudable categoría, capaz de subyugar al rey bávaro Luís II y que había inspirado el Castillo de Neuschwanstein, en honor al libreto musical y sus protagonistas, con la idea de edificar un “castillo de hadas” en el que pudiera haber transcurrido la ópera wagneriana. Tras un aria final, suena el coro nupcial que deja sonidos que hoy día para nosotros nos son tan conocidos. El caso es que con este fragmento quería salir convertida ya en la futura reina prusiana y emperatriz de los alemanes y entre medias, sugirió la Obertura de la ópera “Las bodas de Fígaro” del más grande de los músicos de todos los tiempos: Wofgang Amadeus Mozart. Pues bien, hace 155 años, que estas tres piezas, constituyen el 97 %  de la música que escogen los contrayentes en sus ceremonias. La melomanía de Victoria del Reino Unido, sirve para que la inmensa mayoría de los mortales, reconozca tres obras de tres genios inmortales.  



Majestad, gracias por tan buen gusto.

La marcha nupcial de Mendelssohn:



La marcha nupcial de Wagner: 



La marcha nupcial de Mozart:

1 comentario:

Anónimo dijo...

Como siempre ha sido un placer tus letras. Mi admiración por ti, siempre. Es bonito que se acuerden de ti, sobre todo, cuando un amigo como tu escribe asi de bien. Gracias