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lunes, 7 de enero de 2013

Fulano y Mengano


Las lenguas latinas heredaron de su madre el latín una fórmula conocida como nomen nescio, que podríamos traducir como “desconozco el nombre”. Se empleó esta expresión para referirse a alguien indeterminado, es decir, sin una identidad específica, ya sea porque se desconoce el nombre real de la persona o para ser usado en un caso hipotético. Con el tiempo, fue originándose formas gramaticales que aludían a personajes, inventados, ficticios o traídos al caso según la conveniencia, para reforzar una explicación o un ejemplo. Pero el español, que tiene un 2 % de herencia árabe en su diccionario y que no puede evitar sacar a relucir casi ocho siglos de influencia cultural musulmana, terminó por definir este enunciado latino con expresiones que nos dejó el árabe en la Península, y nacieron dos de las cuatro expresiones más usadas cada vez que alguien explica algo refiriéndose a una tercera persona de la que no se sabe su nombre o no quiere decir por cualquier motivo.
Imagen de la película española "Fulano y Mengano" (1955), dirigida por Joaquín Luís Romero.

Es el caso de Fulano, que proviene del árabe fulān y quiere decir “persona cualquiera”. Sin duda, es el más utilizado de los cuatro, el más socorrido y empleado en todos los ejemplos y el que no puede ocultar esa influencia musulmana a la que nos referimos. En iguales circunstancias escuchamos y decimos, Mengano, también hijo del árabe que en concreto lo expresa como man kān, cuyo significado es ‘quien sea’.
Para Zutano tenemos que remontarnos a nuestra lengua madre, el latín, de donde proviene, y en concreto de la palabra latina scitānus, que significa “sabido”. La lengua del Imperio citaría el término para referirse a alguien anónimo, que “es sabido” hizo alguna cosa concreta... Al fin, Perengano es sin lugar a dudas una creación de cuño netamente española, siendo la más reciente y por ello la menos empleada en casos como los que manejamos. Su origen por una apócope  o contracción y reducción de términos parece provenir de la combinación del apellido Pérez, castizo y popular, con el ya conocido Mengano, dando pues origen a este término tan español.
Además, el idioma ha ido reinventándose para proponer nombres concretos a desconocidos genéricos. España cuenta Pepe Pérez, “Perico el de los palotes”, Jaimito, Don Nadie, Juan Nadie y toda una suerte de creaciones populares que usamos con una frecuencia inusitada y tienen tan particular origen. Y no olviden que todo país tiene el suyo, su “sin nombre” propio y ancestral. En Alemania es Erika o Max Mustermann; en Francia, Monsieur Dupont o Monsieur Durand; en Italia, Mario Rossi; en Gran Bretaña, John Smith... y es que siempre hacen falta tipos anónimos a los que cargarles culpas y repartirles deberes.

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