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sábado, 5 de enero de 2013

El origen del brindis


A lo largo de estos días hemos repetido una y mil veces el cotidiano acto de brindar y desearse buenos propósitos.  El chocar de copas y vasos afianzado en la  costumbre popular, desvela curiosidades que no podían faltar en esta Alacena, pero es de nuevo la Real Academia Española de la Lengua en su Diccionario (profana Biblia de nuestra amada lengua) la que nos define el significado del término brindis:

(Del aleman “bring dir’s”, yo te lo ofrezco).

1. Acción de brindar con vino o licor.
2. Palabras que se dicen al brindar.

Varias teorías son las que manejamos a la hora de descifrar el por qué del brindis, cuál es el sentido de chocar copas en actitud amable y con propósitos de atraer a la fortuna y la suerte. Por un lado hay quienes afirman que sus orígenes se remontan al Siglo IV antes de Cristo, cuando el pueblo griego tomó por costumbre celebrar sus banquetes con un ceremonial del anfitrión. Éste, abría el acto/comida levantando su copa y la mostraba a los invitados para inmediatamente probarla, mostrando a los presentes la buena calidad del caldo que les había servido, así como, si hablamos de protocolos diplomáticos entre jefes de pueblos y reyes de la Antigüedad, dar por sentado que el vino que iban a beber no estaba envenenado.

No hay que olvidar que el veneno llegó a ser una práctica excesivamente común. La historia nos trae decenas de famosos  envenenamientos que años después, Roma pondrá de moda y ha pasado a nuestros días como algo fascinante de la historia. Pero el envenenamiento no sólo se practicó en la política, sino que Grecia supo de éste a la hora de eliminar a rivales de todo tipo, algo que obviamente iba a despertar el recelo de los invitados a un banquete, temerosos de ser ellos los próximos envenenados. De ahí que el gesto de levantar la copa y probarla antes, no significara más que la constatación que ésta era de fiar.

El gesto lo habréis recordado de las inmediatas comidas a las que todos hemos asistido desde mediados del mes de diciembre. Aunque seguro, muchos os estáis preguntando por el siguiente paso, el brindis en sí. Justo al terminar el ceremonial que acabamos de describir, se procedía a chocar las copas, completando así un protocolo que no era más que un acto de incredulidad, de reservas y llevado a cabo para disipar cualquier duda. Al chocar los recipientes de la bebida, se procuraba salpicar la del otro. Así se constataba, toda vez que el interlocutor hubiera bebido, que estaba limpia la bebida propia. Si por el contrario, al verter algo de la bebida que uno tenía en su copa a la del otro, el rival no la ingería, el envenenamiento era más que seguro.

Una tercera hipótesis quita hierro al asunto y con toda probabilidad no vaya muy desencaminada. Los banquetes oficiales o los celebrados por personajes reputados de la Antigüedad terminaban perdiendo su ceremonia y desde luego, se convertían en tumultuosos. Para llamar la atención de los criados y siervos que atendían, a manera de primitivos camareros a los asistentes, se popularizó llamar su atención alzando la copa. El que debía servir la bebida era reclamado de esta manera, ante la imposibilidad de llamarlo de no ser a voces. Cuando escanciaba la bebida en la copa, solía (y no por cortesía, recordad que hablamos de esclavos en la mayoría de las ocasiones) responderle al que iba a beberla con alguna palabra que conjurara la suerte y expresara buenos deseos, algo que pronto pasó a ser de uso de los invitados a la fiesta, que ya no sólo levantaron sus copas para llamar la atención de los sirvientes, sino para transmitir a otros invitados estos mismos deseos.

Al fin, dice la historia que tras la victoria de las tropas imperiales españolas frente a la perniciosa liga o confederación enemiga que pretendía restar la importancia y la fortaleza de España en Italia, un 6 de mayo de 1527, los soldados se dieron al saqueo de la última ciudad (y la más deseada y trascendental) que habían conseguido rendir ante el conjunto de franceses, milaneses, venecianos, florentinos y las tropas del Papado. En un momento de la noche, los soldados imperiales organizaron un soberbio banquete en cualquiera de los palacios que sometieron. Dos de los protagonistas del famoso “Saco de Roma” discutían al respecto de la acción y chocando sus copas, en vez de desearse prosperidad y salud, decidieron utilizar el término de su lengua natal, el alemán, acordándose del Emperador Carlos, para el que guardaron el debido respeto: “bring dir’s”, yo te lo ofrezco. En efecto, ofrecían el triunfo al más grande de los monarcas que vieron y verán los días, al punto que se extendió el gesto y la palabra, pasando al español, de forma que entre los ritos y ceremonias grecolatinas y la palabra alemana, cuando nos deseamos buenas intenciones para el futuro cada vez que “brindamos”, repetimos una milenaria costumbre con orígenes que como hemos visto, son sin duda de suma curiosidad. 

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