Visitas

jueves, 17 de enero de 2013

Ambulancias


El término proviene del verbo latino ambulare, cuyo significado es el de caminar. Hace por tanto referencia a los servicios médicos que en tiempos de guerra, buscaban a los heridos para trasladarlos a un improvisado hospital de campaña. Los romanos destinaron a grupos de soldados con el único objeto de recoger a sus propios heridos en camillas inestables y bamboleantes que evacuaban con la celeridad más absoluta de la que eran capaces a los caídos durante la batalla. Así, el término podía traducirse como "hospital que sigue a un ejército en sus campañas". Pero para muchos, la primera ambulancia moderna se vio durante la Guerra Franco Prusiana (1870-1871) que enfrentó a franceses y a alemanes y en donde surgieron las "ambulances volantes". Así que yo les invito a que conozcamos realmente, cuál fue el origen de la ambulancia.

Si bien el instrumento más antiguo que conservamos destinado a transportar a heridos es una hamaca que se subía a un carro de caballos en la actual Inglaterra y que data del siglo X (eso no quiere decir que en el Antiguo Egipto o en la Roma Imperial no se hiciera lo mismo, pero no nos ha llegado ninguna pieza), tengo el enorme privilegio de afirmar que la primera ambulancia moderna de la Historia del Mundo, tal y como hoy las entendemos, nació en España, durante el Reinado de los Reyes Católicos y en concreto destinada a atender a los heridos de la Guerra de Granada. El ejército cristiano comandado por Castilla había conseguido que soldados de 12 nacionalidades distintas se enrolasen bajo una misma causa: derrotar al enemigo musulmán y expulsarlo de Europa. Todos coinciden que en la Guerra de Granada se gestó el ejército moderno, se creó el nuevo concepto de guerra y se actualizó y compuso la estrategia de batalla. Y en 1487 nacieron los Hospitales de Guerra, físicos y perdurables, y no las modestas, precarias y exiguas tiendas en las que se atendía de cualquier manera al herido. Por ende, el nuevo concepto (primero en el Mundo) con el que se atendía al soldado, requirió de “ambulantias” que trasladaran al afectado, usándose carros tirados por caballos. Antes de lo que dicen muchos, nació la ambulancia moderna en España.

El año 1793 y el cirujano francés Dominique-Jean Larrey (1766 –1842) han pasado a la historia como el del nacimiento de la ambulancia contemporánea, aunque basada en los experimentos balbucientes que pusieron en marcha los Reyes Católicos en España. Está considerado el creador del transporte por ambulancia, el que logró introducir los principios de la sanidad militar moderna, y a quien debemos la reestructuración de la sanidad militar. Al cirujano lo enrolaron con el grado de capitán para la primera campaña que Napoleón cursó con media Europa dentro de las llamadas Guerras Napoleónicas. Ese año de 1793 la batalla entre franceses y prusianos dejó a “Domingo” Larrey simplemente absorto. El pacto no escrito entre enemigos consistían en levantar un hospital de campaña a unos cinco kilómetros del lugar donde se desarrollara la batalla y hasta que ésta no hubiera terminado, no se recogían a los soldados heridos, pudiendo pasar horas, incluso un día completo sino más tiempo más que suficiente como para que el soldado muriese de manera espantosa. Pero si esto espanta, lo peor es que se recogerían a los soldados del bando vencedor, pues los agonizantes o malheridos del ejército vencido, serían directamente rematados en el mismo escenario de la batalla.

“Domingo” Larrey consiguió del mariscal de campo los permisos necesarios para improvisar en medio de la guerra la creación de un servicio de ambulancias, que estarían “equipadas” por un médico, un oficial de intendencia, un suboficial, 24 soldados y un tambor encargado de llevar el material de vendaje. No tuvo que pasar mucho para que Larrey se pusiera al frente de una dotación, una “flota” de ambulancias que contaba con 12 camillas ligeras, 4 pesadas y 1 carreta, ésta última diseñada por nuestro protagonista, antecedente sin lugar a dudas de nuestros actuales sistemas de sujeción e inmovilización. En pistoleras y alforjas los caballos llevaban material médico, los integrantes de este equipo sanitario se colaban entre el fuego cruzado y su efectividad cobró fuerza y fama. En Landau, Dominique Larrey fue herido en una pierna, pero no dejó de operar y de curar a los heridos. Llegado a oídos del mismísimo Napoleón, el capitán médico fue trasladado a París con urgencia... Tenía que poner en marcha el primer servicio ambulancias para todo el ejército francés.

A lo largo de 400 conflictos y 60 grandes batallas, Dominique Jean Larrey se ganó a pulso ser el cirujano jefe del ejército napoleónico, principalísimo colaborador del Imperio y amigo personal de Bonaparte, que llegó a citarlo incluso en su testamento legándole una importante suma de dinero. En Siria llevó sus ambulancias ayudándose de camellos, en Córcega operaba con técnicas revolucionarias y en la Batalla de Waterloo sorprendió al mismísimo Duque de Wellington, que ya había oído hablar del médico y que se dispuso a saludarlo para espetarle sin remilgos: “saludo su honor y lealtad, doctor”. Pero nuestra ambulancia siguió desde entonces como pieza fundamental; en 1832 fue el arma más útil frente a la epidemia de cólera que azotó Londres. Los diarios británicos convencían a los dirigentes que la salvación de los ciudadanos empezaba en la ambulancia, pues su celeridad salvaba vidas.

Los americanos la usaron en la Guerra de Secesión (1861-1865), aplicando primero los modelos de Larrey y perfeccionando después sus formas y hechuras, al punto que nacería la Ambulancia Rucker (un general confederado), con la novedosa incorporación de 4 ruedas y señales luminosas que advertían de su presencia. Esa ya era una ambulancia contemporánea. Luego, vendrían las motorizadas, como las que se instalaron en barcos de vapor. Algunas de éstas ya contaban con un pequeño arsenal médico muy avanzado para 1865, compuesto de tablillas, morfina y bombas estomacales.

Al fin, entre 1899 y 1908 se diseñó un automóvil/ambulancia que cristalizó en el que viera la luz en 1909, con suspensión, cuatro cilindros y 32 caballos de potencia. El resto, es de común conocimiento. Lo que aún hemos de valorar es si el invento podría ser patentado por Francia y los franceses, o los españoles fueron pioneros en el término, empleo y puesta en marcha de la ambulancia como el mejor método preventivo para lograr la atención médica que se precisa.

Y sobre todo, a cuántos profesionales prestan su servicio y desempeñan su trabajo en el interior de una de éstas, gracias de corazón y que no os tenga que ver “de servicio”. 

No hay comentarios: